Antecedentes coloniales
La historia de la Archidiócesis de Baltimore hunde sus raíces en la colonia de Maryland, fundada en el siglo XVII bajo la dirección de la familia Calvert. Los primeros propietarios de Maryland profesaban la fe católica y promovieron una colonia caracterizada inicialmente por una notable tolerancia religiosa. La llegada de los primeros colonos tuvo lugar el 25 de marzo de 1634, bajo el liderazgo de Leonard Calvert.3
La tolerancia colonial no permaneció estable. Durante los siglos XVII y XVIII, los católicos padecieron restricciones políticas y religiosas. Las autoridades limitaron el ejercicio público del culto, prohibieron en determinados periodos la enseñanza de la religión católica y excluyeron a los católicos de diversos cargos civiles. Los sacerdotes desarrollaron entonces su ministerio en capillas privadas y en las llamadas casas de misa de los sacerdotes.3
La experiencia de Maryland tuvo una importancia duradera para la identidad religiosa de Estados Unidos. Juan Pablo II describió Maryland como el lugar de nacimiento de la Iglesia católica en la América colonial y relacionó su tradición de tolerancia religiosa con la posterior cultura democrática estadounidense.1
Creación de la diócesis
Antes de la creación de una jerarquía estable, los católicos de Estados Unidos dependían de una organización misionera insuficiente para atender la extensión del territorio. El clero de Maryland solicitó a la Santa Sede el nombramiento de un obispo con jurisdicción plena. Pío VI erigió la diócesis de Baltimore mediante la bula Ex hac apostolicae y nombró a John Carroll como su primer obispo. La erección tuvo lugar el 6 de noviembre de 1789.4,2
La diócesis abarcaba inicialmente todo el territorio de Estados Unidos. Esta extensión explica que Baltimore desempeñara durante sus primeros años una función equivalente a la de centro episcopal de toda la Iglesia católica estadounidense. John Carroll recibió la responsabilidad de organizar comunidades dispersas, formar sacerdotes, establecer instituciones educativas y consolidar la vida sacramental de una Iglesia todavía pequeña.2
Elevación a archidiócesis
El 8 de abril de 1808, Baltimore fue elevada a sede metropolitana. La nueva provincia eclesiástica acompañó la expansión territorial de la Iglesia católica en Estados Unidos y permitió la creación progresiva de nuevas diócesis con una estructura jerárquica propia.
La elevación convirtió a Baltimore en la primera archidiócesis de Estados Unidos y en el principal centro de coordinación episcopal del catolicismo del país durante buena parte del siglo XIX. La ciudad acogió varios concilios provinciales y plenarios que orientaron la organización pastoral, la educación católica y la disciplina eclesiástica de la Iglesia estadounidense.1


