Los comienzos de la evangelización en el Gran Pará
Belém nació a comienzos del siglo XVII al amparo del Forte do Presépio, plaza fuerte portuguesa levantada para asegurar la entrada del Amazonas. Con los primeros colonos llegaron misioneros de varias órdenes religiosas, que fundaron conventos, escuelas y misiones entre los pueblos indígenas. En el interior de la fortaleza se alzó una capilla provisional dedicada a Nuestra Señora de las Gracias, que poco después se trasladó al actual Largo da Sé y se convirtió en el núcleo de la vida eclesial de la ciudad.
Los carmelitas y los jesuitas dejaron una huella profunda. El antiguo convento carmelita y su capilla acabaron convertidos en seminario, y el colegio de la Compañía de Jesús pasó a ser palacio episcopal. La iglesia de San Alejandro, vinculada a los jesuitas, constituye la primera obra educativa de la Iglesia en la ciudad.,
Erección de la diócesis
Antes de 1719, el Gran Pará dependía de la diócesis de São Luís do Maranhão. A petición del rey Juan V de Portugal, el papa Clemente XI creó la diócesis de Belém do Grão-Pará mediante la bula Copiosus in misericordia, fechada el 4 de marzo de 1719, y la separó de la sede maranhense. El nuevo obispado nació como sufragáneo de la sede metropolitana de San Salvador de Bahía.,
El carmelita fray Bartolomeu do Pilar ocupó la sede como primer obispo, con nombramiento del 4 de marzo de 1720, y la gobernó hasta su muerte en 1733. En ese periodo la capilla de la fortaleza alcanzó el rango de catedral.,
La diócesis colonial
Entre los obispos del periodo colonial figuran religiosos de distintas familias: el carmelita Bartolomeu do Pilar, el dominico Miguel de Bulhões e Sousa, el benedictino João de São José de Queiroz da Silveira y los franciscanos terciarios regulares João Evangelista Pereira da Silva y Caetano da Anunciação Brandão. La sede conoció además largos periodos de vacante, como los que separan los episcopados de 1733 a 1738 y de 1763 a 1771.
En 1748 comenzó la construcción de la catedral actual sobre el solar del templo anterior. El arquitecto boloñés Antonio José Landi dirigió la obra, que concluyó en 1782 y combinó el barroco tardío italiano con elementos neoclásicos incipientes.
El siglo XIX y la Cuestión Religiosa
Manoel de Almeida de Carvalho gobernó la diócesis durante veintiocho años, de 1790 a 1818. Tras él pasaron por la sede Romualdo de Sousa Coelho y el lazarista José Afonso de Moraes Torres, que renunció en 1857.
El episcopado de Antônio de Macedo Costa (1860-1890) marcó el siglo. Nacido en Maragogipe (Bahía) y formado en Saint-Sulpice de París, recibió la consagración episcopal en 1861 y tomó posesión de la diócesis ese mismo año. Defendió la libertad de la Iglesia frente a las injerencias del régimen imperial y se enfrentó a la influencia de la masonería en las cofradías religiosas. En 1874 el gobierno imperial lo encarceló y lo condenó; siguió ejerciendo su ministerio desde la prisión hasta que la amnistía de 1875 le devolvió la libertad. Renovó el interior de la catedral con artesanos italianos y dejó en ella un altar mayor de mármol y alabastro, regalo del papa Pío IX. En 1890 pasó a la sede primada de Bahía, aunque nunca llegó a tomar posesión de ella.,
Elevación a sede metropolitana
El 1 de mayo de 1906, san Pío X elevó la diócesis al rango de archidiócesis y sede metropolitana mediante la bula Sempiternum humani generis., El primer arzobispo, José Marcondes Homem de Melo, ocupó la sede pocos meses, y su sucesor, Santino Maria da Silva Coutinho, la gobernó hasta 1923.
Para entonces la jurisdicción había perdido ya buena parte de su extensión original. A comienzos del siglo XX contaba con 77 parroquias, 29 iglesias filiales, unos 480.000 católicos, 47 sacerdotes seculares, 13 religiosos y 21 hermanos.
Siglo XX y comienzos del XXI
La archidiócesis atravesó el siglo XX con una sucesión de arzobispos de perfil muy diverso. El salesiano Antônio de Almeida Lustosa (1931-1941) y Jaime de Barros Câmara (1941-1943), que después pasó a Río de Janeiro, precedieron a Mário de Miranda Vilas-Boas (1944-1956). Alberto Gaudêncio Ramos ocupó la sede durante treinta y tres años, de 1957 a 1990, y acompañó la etapa del Concilio Vaticano II y la renovación pastoral posterior.
Le sucedieron el lazarista Vicente Joaquim Zico (1990-2004) y el cisterciense Orani João Tempesta (2004-2009), trasladado después a Río de Janeiro. Alberto Taveira Corrêa dirigió la archidiócesis desde finales de 2009 hasta agosto de 2025.