Fundación de la diócesis
La evangelización de la región de Bogotá acompañó la fundación española de Santa Fe, establecida en 1538 en la altiplanicie andina. En el lugar donde actualmente se levanta la catedral se celebró la primera misa el 6 de agosto de 1538, acontecimiento que la tradición considera uno de los hitos fundacionales de la comunidad cristiana bogotana.1
La diócesis de Bogotá fue erigida en 1562. Dos años después, en 1564, el papa Pío IV la elevó a archidiócesis, convirtiéndola en una de las principales sedes metropolitanas de la Iglesia en el territorio de la actual Colombia. La elevación tuvo lugar durante el pontificado de Pío IV, que ocupó la sede de Pedro entre 1559 y 1565.2
Desde sus primeros tiempos, la sede bogotana ejerció una función organizadora sobre amplias regiones de Nueva Granada. La extensión territorial y el crecimiento de la población impulsaron la creación de nuevas diócesis y la reorganización progresiva de la provincia eclesiástica.
Consolidación de la sede primada
Bogotá adquirió un papel central en la vida católica colombiana por su condición de capital política y cultural. La archidiócesis fue reconocida como sede primada de Colombia, título que expresa su precedencia honorífica entre las Iglesias particulares del país, sin convertir al arzobispo primado en superior jurisdiccional de los demás obispos diocesanos.
La sede bogotana ha acogido numerosas iniciativas de formación sacerdotal, educación católica, vida religiosa y apostolado social. A comienzos del siglo XX, la archidiócesis contaba con presencia de jesuitas, franciscanos, agustinos, salesianos y Hermanos de las Escuelas Cristianas, además de diversas congregaciones femeninas dedicadas a la enseñanza, la asistencia a los pobres, la atención sanitaria y la promoción de la vida cristiana.2
Reorganización territorial en el siglo XX
El crecimiento demográfico y urbano de Bogotá llevó a dividir progresivamente el territorio archidiocesano. En 1952, el papa Pío XII separó diversos vicariatos foráneos de la Archidiócesis de Bogotá y erigió con ellos la Diócesis de Zipaquirá, que quedó como diócesis sufragánea de Bogotá. La constitución apostólica justificó la medida por la necesidad de evitar que la excesiva extensión de una diócesis dificultara la atención pastoral de los fieles.3
En 1957, el mismo pontífice erigió la Diócesis de Girardot a partir de territorios desgajados de la archidiócesis. El decreto pontificio relacionó la nueva circunscripción con el crecimiento del territorio y del número de fieles, circunstancias que hacían conveniente una administración pastoral más próxima.4
La reorganización de 1956 modificó además el equilibrio de las provincias eclesiásticas colombianas. La provincia metropolitana de Bogotá quedó entonces integrada por las diócesis sufragáneas de Ibagué, Zipaquirá, Tunja, Duitama y Girardot. El mismo documento elevó Nueva Pamplona a archidiócesis metropolitana y creó una nueva provincia eclesiástica en torno a dicha sede.5
En 2003, el papa Juan Pablo II erigió la Diócesis de Engativá, separando de Bogotá un conjunto de parroquias situadas principalmente en el área noroccidental de la capital. La iglesia parroquial de San Juan Bautista de la Estrada fue elevada a catedral de la nueva diócesis, que permaneció como sufragánea de la sede metropolitana bogotana.6
La configuración provincial continuó evolucionando en el siglo XXI. En 2019, el papa Francisco creó la provincia eclesiástica de Florencia y trasladó a ella las diócesis de Mocoa-Sibundoy y San Vicente del Caguán, hasta entonces vinculadas a otras provincias. Este proceso refleja la adaptación de la organización eclesiástica a las necesidades pastorales de las distintas regiones colombianas.7



