Orígenes medievales
Burgos figura como sede episcopal desde la Edad Media. La tradición histórica vinculó su desarrollo a la reorganización de antiguas sedes episcopales castellanas, entre ellas Oca y Valpuesta. La documentación histórica antigua también relacionó la fundación o restauración de la sede con los siglos X y XI, aunque las cronologías transmitidas no son uniformes: algunas referencias sitúan su erección en 988, mientras que los datos institucionales actuales fijan el año 1075.,
El crecimiento de Burgos estuvo estrechamente relacionado con la consolidación política y religiosa de Castilla. La ciudad adquirió una posición central en las rutas que atravesaban el norte peninsular y, especialmente, en el Camino de Santiago. Esa situación favoreció la fundación de parroquias, monasterios, hospitales y comunidades religiosas.
Elevación a sede metropolitana
El papa Gregorio XIII elevó Burgos a la dignidad metropolitana en 1574, durante el reinado de Felipe II. La promoción reconoció la importancia eclesial y política alcanzada por la ciudad y otorgó al arzobispo una función de presidencia sobre las diócesis sufragáneas de su provincia eclesiástica.
La condición metropolitana consolidó el papel de Burgos como uno de los principales centros de la organización católica en Castilla. La archidiócesis participó desde entonces en la vida común de la Iglesia española mediante la formación del clero, la actividad capitular, la disciplina canónica y la atención pastoral de un territorio amplio y geográficamente diverso.
Reformas territoriales contemporáneas
El territorio de la archidiócesis experimentó modificaciones importantes durante los siglos XIX y XX. El Concordato de 1851 reorganizó la distribución de varias diócesis españolas y vinculó la jurisdicción burgalesa con amplias zonas del norte de Castilla. Las fuentes históricas de ese periodo describen una archidiócesis mucho más extensa que la actual, con numerosas parroquias y arciprestazgos.,
La creación y consolidación de diócesis como Vitoria, así como la posterior reorganización de las circunscripciones de Santander, Palencia, Osma-Soria y Bilbao, redujo y precisó progresivamente el territorio sometido directamente al arzobispo de Burgos. La estructura vigente presenta una delimitación más ajustada a la organización eclesiástica contemporánea.