Orígenes cristianos de Clermont
La diócesis de Clermont hunde sus raíces en la evangelización de la antigua Auvernia. La tradición local atribuye su fundación a san Austremonio, considerado primer obispo de Clermont y apóstol de Auvernia. Las noticias más antiguas y fiables lo relacionan con uno de los obispos enviados desde Roma a la Galia durante el siglo III o comienzos del IV. La cronología exacta permanece discutida, aunque su actividad episcopal parece situarse en torno a la época del Concilio de Arlés del año 314.
La tradición medieval amplió la figura de Austremonio y le atribuyó la evangelización de amplias zonas de Auvernia, Berry, Nivernais y Limousin. También relacionó su misión con diversos discípulos y centros cristianos de la región. La veneración de sus reliquias tuvo varios episodios de traslado: el cuerpo fue venerado inicialmente en Issoire, pasó después por Volvic y llegó en 761 al monasterio de Mozac; la cabeza conservó una historia cultual propia vinculada de nuevo a Issoire.,
La Iglesia de Auvernia en la Antigüedad tardía
Durante los siglos IV y V, la sede de Clermont adquirió una importancia considerable en la vida religiosa de la Galia. Entre sus primeros obispos destacaron san Urbicio, san Illidio, san Nepociano, san Artemio, san Venerando, san Rústico y san Namacio. La tradición atribuye a Namacio la fundación de una catedral en la que depositó reliquias de los santos Vital y Agrícola, trasladadas desde Bolonia.
También ocupó la sede Sidonio Apolinar, escritor cristiano de origen galo-romano y una de las figuras literarias más relevantes de la Antigüedad tardía. Su episcopado, situado en la segunda mitad del siglo V, coincidió con la transformación política y social de la Galia romana.
La diócesis mantuvo igualmente una estrecha relación con san Gregorio de Tours. Nacido en la antigua Arvernia, la actual Clermont-Ferrand, Gregorio recibió formación eclesiástica bajo la tutela de su tío, el obispo san Gal, y del obispo Avito. Más tarde ocupó la sede de Tours y escribió una obra fundamental para conocer la historia religiosa de la Galia merovingia.
San Gal y el Concilio de Clermont de 535
Uno de los obispos más destacados de la sede fue san Gal, que gobernó Clermont entre 527 y 551. Pertenecía a una familia senatorial de Auvernia y había abrazado inicialmente la vida monástica. Como obispo defendió los derechos de la Iglesia frente a las autoridades civiles y ejerció una intensa actividad pastoral y disciplinar.
Durante su episcopado tuvo lugar el Concilio de Clermont de 535, presidido por Honorato, obispo de Bourges. Participaron quince obispos del reino de Austrasia, que aprobaron diecisiete cánones. Las disposiciones trataron cuestiones como la disciplina episcopal, la independencia de los clérigos frente a los poderes seculares, la prohibición de obtener el episcopado mediante presiones políticas y diversos asuntos relativos al matrimonio y a la conducta del clero.
San Gal participó además en los concilios de Orleans de 541 y 549. El primero promulgó disposiciones contra la esclavitud, mientras que el segundo condenó los errores doctrinales asociados a Eutiques y Nestorio. La memoria litúrgica del primer san Gal se celebra el 3 de julio; otro obispo de Clermont llamado Gal, que ocupó la sede durante el siglo VII, recibe la conmemoración del 1 de noviembre.
La época medieval
La diócesis de Clermont conservó durante la Edad Media un territorio muy extenso. Su jurisdicción comprendía diversas partes de la Auvernia histórica y experimentó sucesivas modificaciones territoriales.
En 1317, el papa Juan XXII separó la Alta Auvernia de Clermont y creó la diócesis de Saint-Flour. La nueva diócesis quedó vinculada a los territorios montañosos del actual departamento de Cantal.,
Entre los obispos medievales de Clermont sobresalieron Pedro de Cros, relacionado con la obra teológica de santo Tomás de Aquino, y Étienne d’Albert, que posteriormente fue elegido papa con el nombre de Inocencio VI. La sede también contó con obispos de notable influencia intelectual, pastoral y política en la Iglesia francesa.
La tradición de santidad vinculada a Clermont incluye a numerosos obispos, monjes y fundadores. Entre ellos figuran san Calais, san Mazio, san Portiano y san Esteban de Muret, fundador de la Orden de Grandmont. Estos santos reflejan la expansión del monacato y la importancia de los monasterios en la cristianización y organización social de la Auvernia medieval.
De la Edad Moderna a la Revolución francesa
Durante la Edad Moderna, Clermont continuó siendo una sede relevante de la Iglesia francesa. Entre sus obispos destacó Guillaume du Prat, que gobernó la diócesis entre 1528 y 1560. Fundó el Colegio de Clermont en París y actuó como representante del rey Francisco I en el Concilio de Trento.
Otro obispo célebre fue Massillon, conocido por su prestigio como orador sagrado. Ocupó la sede de Clermont entre 1717 y 1742 y fue una de las figuras más reconocidas de la predicación francesa de su tiempo.
En vísperas de la Revolución francesa, la diócesis estaba gobernada por François de Bonal, nombrado obispo en 1776. Participó como diputado del clero en los Estados Generales de 1789. Rechazó prestar el juramento exigido por la Constitución civil del clero, abandonó Francia y murió en el exilio en 1800.
La Revolución alteró profundamente la organización eclesiástica francesa. En 1791 la Asamblea Constituyente suprimió la antigua división diocesana y creó una nueva estructura vinculada a los departamentos civiles. El Concordato de 1801 y las reorganizaciones posteriores restauraron y redefinieron las diócesis, aunque no recuperaron íntegramente la configuración territorial anterior.
Reorganizaciones territoriales contemporáneas
La diócesis perdió parte de su territorio en distintas etapas. La creación de Saint-Flour en 1317 separó la Alta Auvernia, mientras que la erección de la diócesis de Moulins en el siglo XIX afectó a los territorios del Bourbonnais. La reorganización posterior a la Revolución y el Concordato modificaron nuevamente los límites y las relaciones de dependencia entre las sedes francesas.
Hasta finales del siglo XX, Clermont permaneció como diócesis sufragánea de Bourges. La reorganización de las provincias eclesiásticas francesas culminó en 2002 con la creación de varias nuevas sedes metropolitanas, entre ellas Clermont. La Santa Sede erigió entonces la Iglesia metropolitana de Clermont y otorgó al obispo diocesano la dignidad de arzobispo.