Los comienzos de la evangelización
La presencia católica en Colombo comenzó durante el siglo XVI, en el contexto de la expansión portuguesa por las costas de Ceilán, nombre histórico de Sri Lanka. La tradición histórica vincula la introducción de la fe católica en Colombo con los franciscanos, cuya actividad misionera comenzó en 1518. La ciudad y sus territorios próximos adquirieron pronto suficiente importancia pastoral para constituir una diócesis.1
Uno de los primeros obispos asociados a Colombo fue Don Juan de Monteiro. La misión alcanzó también a miembros de la élite política local. Don Juan Dharmapala, nieto del rey cingalés Bhuvanekabahu VII, ingresó en la Iglesia católica y sucedió a su abuelo en 1542. Durante su reinado, Colombo contaba con una comunidad católica considerable, dos iglesias parroquiales, varias comunidades religiosas y un colegio dirigido por jesuitas.1
La expansión inicial estuvo estrechamente relacionada con el dominio portugués. Franciscanos, dominicos, agustinos, capuchinos y jesuitas participaron en la evangelización, la administración pastoral y la educación. Esta vinculación explica la necesidad de distinguir entre la actividad misionera católica y el régimen político colonial portugués: la primera tenía una finalidad religiosa, mientras que el segundo proporcionaba el marco político en el que aquella actividad se desarrolló.
El Padroado portugués
Durante la época moderna, la organización eclesiástica de los territorios portugueses en Asia quedó vinculada al Padroado, un sistema de patronato regio mediante el cual la Corona de Portugal ejercía amplias prerrogativas en la promoción y organización de las misiones. La archidiócesis de Goa ocupaba un lugar central dentro de ese sistema y extendía su influencia sobre diversas circunscripciones de la India y de Ceilán.2
El Padroado no equivalía a la creación de una Iglesia nacional independiente de la Santa Sede. Formaba parte de la estructura histórica mediante la cual la Santa Sede confiaba a la Corona portuguesa determinadas responsabilidades de apoyo, presentación y organización misionera. Con el paso del tiempo, las transformaciones políticas y pastorales de Asia hicieron necesaria una delimitación más precisa de las jurisdicciones y una relación más directa con Roma.
La dominación neerlandesa
El dominio portugués terminó después de la llegada de los neerlandeses. Colombo cayó en 1656 y Jaffna en 1658, tras un largo conflicto. Las autoridades neerlandesas favorecieron el establecimiento de la Iglesia reformada y aprobaron medidas restrictivas contra los católicos. Las leyes prohibieron la educación católica y el culto público, y castigaron severamente la acogida de sacerdotes.1
Durante este periodo, la administración eclesiástica de los católicos de Ceilán quedó vinculada al obispo de Cochin, en el continente asiático. La persecución y la falta de estructuras estables dificultaron la vida sacramental y la continuidad institucional de las comunidades católicas.1
El dominio británico y la reorganización eclesiástica
En 1796 Colombo pasó al dominio británico. Las autoridades británicas derogaron en 1806 las leyes neerlandesas contrarias a los católicos y reconocieron progresivamente derechos religiosos a los católicos de Ceilán. Este cambio permitió una recuperación visible de la vida eclesial y facilitó la llegada de nuevos misioneros.1
El papa Gregorio XVI erigió Ceilán como vicariato apostólico en 1834. La nueva circunscripción recibió una estructura misionera distinta de la organización anterior, todavía condicionada por el Padroado portugués. Vicente de Rozario fue designado primer vicario apostólico y recibió la consagración episcopal en 1836.1
En 1845 la Santa Sede aumentó el número de misioneros destinados a la isla y confió parte de esa tarea a los benedictinos silvestrinos. En 1847 el norte de Ceilán quedó separado del vicariato de Colombo y formó el vicariato apostólico de Jaffna.1,3
La división de Colombo y la creación del vicariato de Kandy
La organización territorial continuó desarrollándose durante la segunda mitad del siglo XIX. En 1883 las provincias centrales fueron separadas del vicariato de Colombo y constituyeron el vicariato apostólico de Kandy. Los benedictinos conservaron la responsabilidad pastoral de Kandy, mientras que Colombo pasó a los oblatos de María Inmaculada. Carlos Bonjean, antiguo responsable del vicariato de Jaffna, fue trasladado a Colombo.1,3,4
La creación de Kandy muestra que la reorganización de la Iglesia no respondía solo a decisiones políticas. También respondía al crecimiento de las comunidades católicas, a la extensión geográfica de la isla y a la necesidad de disponer de misioneros suficientes para atender regiones con características sociales y geográficas distintas.



