Orígenes cristianos
La tradición cristiana de Gaeta hunde sus raíces en los primeros siglos de la era cristiana. El papa Juan Pablo II relacionó la identidad histórica de la ciudad con la difusión temprana del Evangelio y con una cultura marcada por la acogida, la hospitalidad y la vida monástica.1
La sede episcopal de Gaeta adquirió una configuración estable en el siglo IX. Hacia el año 846, Constantino, obispo de Formias, abandonó aquella antigua sede y fijó su residencia en Gaeta. La tradición histórica de la diócesis vincula así el origen de la sede gaetana con la desaparición práctica de la sede de Formias, abandonada desde finales del siglo VI.2
La historia antigua de Formias, Minturno y Fondi forma parte del proceso que dio lugar a la configuración territorial de Gaeta, pero no debe confundirse con la organización jurídica contemporánea de la archidiócesis.
Incorporación de Fondi
En 1818, el papa Pío VII incorporó a Gaeta la antigua sede de Fondi. Esta decisión consolidó la presencia de la Iglesia gaetana en un territorio de larga tradición cristiana y vinculó administrativamente varias comunidades episcopales de la costa meridional del Lacio.2
Elevación a archidiócesis
El papa Pío IX elevó Gaeta a la dignidad archiepiscopal el 31 de diciembre de 1848. La elevación no comportó la creación de una provincia eclesiástica propia ni la asignación de diócesis sufragáneas; la sede conservó un régimen particular de dependencia inmediata de la Santa Sede.
La ciudad había adquirido entonces una especial relevancia en la historia de la Iglesia. Pío IX encontró refugio en Gaeta durante la revolución romana de 1848. Allí promulgó la encíclica Ubi Primum, vinculada al camino que conduciría a la definición dogmática de la Inmaculada Concepción.1



