Un hito en el itinerario histórico de la futura sede de Grouard se encuentra en unas Litterae Apostolicae de Pío XI. En ellas se explica que, en el norte de América, una región perteneciente al vicariato apostólico de Athabaska no podía recorrerse con facilidad por su vicario apostólico, y que sus habitantes guardaban una afinidad particular con los de pueblos necesitados del vecino vicariato apostólico de Mackenzie. Por ello, se determinó modificar los límites para el «bien» y el «crecimiento» de ambas misiones.
El documento establece que la región separada quedaría incorporada al vicariato de Mackenzie, fijando como límite una línea meridiana (la meridiana 113).
Además, tras el cambio territorial, se ordena que el vicariato apostólico deje de llamarse «de Athabaska» y pase en adelante a llamarse «de Grouard», «deducido» de la sede del vicario apostólico.
Significado eclesial de estos cambios
Estos ajustes no son meros datos administrativos: reflejan una intención pastoral concreta. Al modificar fronteras y nombres, la Santa Sede buscaba que la jurisdicción eclesiástica correspondiera mejor al modo en que los fieles vivían, se desplazaban y recibían la atención sacerdotal. En la práctica, la Iglesia procuraba que la evangelización y la administración sacramental no dependieran de recorridos imposibles, sino de estructuras sostenibles.