Fundación de la diócesis
La diócesis de Guadalajara fue erigida por el papa Pablo III el 13 de julio de 1548, mediante la separación de parte del territorio de la diócesis de Michoacán. La nueva diócesis formó inicialmente parte de la provincia eclesiástica de México, creada pocos años antes para organizar la estructura de la Iglesia en Nueva España.2
La primera sede episcopal quedó establecida en Compostela, en el territorio de la actual Nayarit. En 1560, el papa Pío IV trasladó la residencia episcopal a Guadalajara, ciudad que desde entonces adquirió una importancia creciente como centro político, cultural y religioso del occidente novohispano.2
Durante los primeros siglos, la diócesis abarcó un territorio muy extenso, que incluía regiones de los actuales estados de Jalisco, Nayarit y otras zonas occidentales de México. La evangelización avanzó mediante la labor conjunta del clero secular y de diversas órdenes religiosas, especialmente franciscanos, dominicos, agustinos y jesuitas.
Formación de la provincia eclesiástica
Durante el siglo XVI, Guadalajara dependió de la Archidiócesis de México, que actuaba como metrópoli de las principales diócesis de Nueva España. La incorporación de Guadalajara a aquella provincia reflejaba la organización territorial de la Iglesia americana en torno a los grandes centros urbanos y administrativos del virreinato.1
La expansión misionera hacia las regiones occidentales y septentrionales hizo de Guadalajara un centro episcopal de primer orden. Desde su territorio partieron iniciativas pastorales dirigidas a comunidades indígenas y a zonas de frontera, incluidas las regiones montañosas de Nayarit y las misiones vinculadas a California.2,3
Elevación a sede metropolitana
La diócesis no adquirió inmediatamente la condición de archidiócesis. El papa Pío IX la elevó a sede metropolitana en 1863, junto con la sede de Michoacán. Esta decisión distinguió claramente dos momentos históricos: la erección de la diócesis en 1548 y su promoción al rango archiepiscopal en 1863.1
A partir de entonces, Guadalajara pasó a encabezar una provincia eclesiástica propia. A comienzos del siglo XX formaban parte de ella las diócesis de Zacatecas, Tepic, Colima y Aguascalientes.1
La provincia experimentó diversos cambios durante los siglos XIX y XX como consecuencia de la creación de nuevas diócesis. En 1891, León XIII erigió la diócesis de Tepic, que quedó como sufragánea de Guadalajara.3 Posteriormente, la Santa Sede creó nuevas diócesis mediante la división del extenso territorio original de la archidiócesis.



