La sede de Indianápolis, con la denominación que corresponde a su rango, quedó integrada en el orden eclesial como Iglesia metropolitana dentro de una reorganización promovida por la Santa Sede. En el acto pontificio se establece que, mediante la autoridad apostólica, la diócesis de Indianápolis pasó a ser elevada «al grado y dignidad» de Iglesia metropolitana.2
Además, dicho decreto señala explícitamente que se constituye una «nueva provincia eclesiástica de Indianápolis», cuyos elementos incluyen la archidiócesis misma y diócesis sufragáneas. En el mismo texto se indica que, desde la provincia eclesiástica de Cincinnati, se separa la diócesis de Wayne para integrarse junto con las diócesis Evansville y Lafayette (en Indiana) en la nueva provincia metropolitana de Indianápolis.2
Alcance de la reorganización
El documento puntualiza el objetivo de una mejor ordenación disciplinar: se subraya que una división adecuada de las grandes provincias eclesiásticas y la erección de nuevas provincias contribuye a dirigir con mayor eficacia la disciplina pastoral.2

