Fundamento reformador: Concilio Vaticano II y composición de circunscripciones
Un punto decisivo para comprender la archidiócesis actual es la etapa de reforma impulsada por orientaciones del Concilio Vaticano II sobre la «composición más apta» de las circunscripciones eclesiásticas. En los Acta Apostolicae Sedis se recoge que la Congregación para los Obispos, atendiendo a los deseos conciliares (cf. C.D. 22-23), inició estudios para el reconocimiento y la adecuación de las diócesis en Italia.,
El mismo texto explica que, tras el impulso de Pablo VI, el trabajo se orientó a reorganizar un mapa eclesiástico que en muchos casos era percibido como demasiado fragmentado y no siempre suficiente para sostener de manera adecuada el gobierno pastoral en razón del territorio, la población y las necesidades de la vida eclesial.
Decreto de unión: sede en Lanciano y catedral de Ortona como concatedral
En el decreto sobre la plena unione se establece que la unión se realizará con criterios de unidad operativa y pastoral. Se prescribe, entre otros puntos:
que la nueva diócesis conserve la sede en la ciudad de Lanciano, donde la iglesia catedral existente mantiene ese título;
que la denominación quede como «Archidioecesis Lancianensis-Ortonensis»;
que la iglesia catedral actual de Ortona asuma el título de concatedral, en memoria de su tradición antigua;
Asimismo, la normativa prevé que el gobierno y la administración eclesiástica se integren progresivamente para favorecer una acción más eficaz:
habrá un único capítulo catedral;
se establece una única curia episcopal y también un tribunal eclesiástico, además del seminario, el colegio de consultores y el consejo presbiteral.
Consolidación institucional de personas y estructuras
El mismo cuerpo normativo detalla que, además de la reorganización territorial y de oficinas, se ordena la dimensión de la incardinación y la coherencia del cuerpo clerical. En concreto, se indica que los presbíteros y diáconos que hasta entonces estaban incardinados en una de las diócesis unidas pasan a ser considerados incardinados en la nueva diócesis nacida de la unión.
También se establece que el territorio de la nueva circunscripción comprenderá los territorios que antes pertenecían a cada una de las diócesis unidas, y que junto al territorio parroquial se consideran anexas también «las instituciones eclesiásticas con sus bienes y derechos» conforme a la normativa canónica vigente.
En cuanto al gobierno pastoral, el decreto señala que quien continúe como «Padre y Pastor» será Su Excelencia y Reverencia Mons. Euntius D’Antonio, arzobispo de Lanciano-Ortona, recibiendo el mandato para llevar a término la ejecución de las disposiciones.