La tradición católica y la historiografía eclesiástica asocian a la comunidad cristiana de Lucca una antigüedad temprana. Entre los obispos de los que hay constancia documental aparece Maximus, presente en el Concilio de Sardica (343). Más adelante, en el Concilio de Rimini (359), se menciona la presencia de Paulinus, obispo de Lucca.1
En el trasfondo histórico se conservan también relatos piadosos sobre los orígenes apostólicos de la fe en Lucca. Una leyenda afirma que el Evangelio fue predicado allí por San Paulino, discípulo de San Pedro, y se alude a un hallazgo en 1197: una piedra que registraría la deposición de reliquias relacionadas con Paulino, considerado un mártir. No obstante, la referencia histórica también señala que en esa piedra no se le llama obispo de Lucca y que no hay alusiones a una permanencia del personaje en tiempos apostólicos, por lo que la tradición debe manejarse con prudencia crítica.1
San Frigidiano y la memoria hagiográfica
Un nombre especialmente destacado en la memoria cristiana de Lucca es el de San Frigidiano (560–588/560–88, según la tradición citada), descrito como hombre de gran santidad y señalado por milagros.1
La Iglesia de Lucca, al conservar su memoria hagiográfica, mantiene viva la dimensión de continuidad entre la fe transmitida en la antigüedad y la vida sacramental y eclesial desarrollada a lo largo de los siglos.1

