La pastoral de la archidiócesis de Marsella se inserta en el horizonte de la misión confiada por Cristo a toda la Iglesia, con especial atención a la vitalidad de la Iglesia diocesana y a la renovación de la vida parroquial en contextos de cambio cultural y de disminución del clero.
Relevancia de las parroquias y reorganización pastoral
En una reflexión sobre la vida de la Iglesia diocesana dirigida a los obispos de Francia, el Papa Juan Pablo II señaló que muchos sistemas diocesanos han emprendido una reflexión sobre el lugar de las parroquias debido a la evolución demográfica, la urbanización creciente y la disminución del número de sacerdotes que se haría notar en años posteriores.
Se observa también que, lejos de reducirse a una reordenación meramente administrativa, ese trabajo permitió un impulso de formación permanente y de catequesis, para que los fieles se apropiasen conscientemente de lo que constituye la vida de una parroquia y la relacionasen con las tres grandes misiones de la Iglesia: misión profética, misión sacerdotal y misión real (servicio).
Evangelización, sacramentos y catequesis
En su mensaje a los obispos franceses, Juan Pablo II subrayó la necesidad de reavivar la fe y abrirla a sus implicaciones prácticas en la oración, la caridad y la justicia, atendiendo además a las condiciones de vida humanas que influyen en la vida espiritual. En particular, mencionó la pastoral ante amenazas al empleo y el impacto de los medios de comunicación.
También destacó el papel de la catequesis —en su calidad y en su formación— como responsabilidad esencial de los obispos, mencionando específicamente el cuidado en la formación de niños y jóvenes, y la atención a los instrumentos y catequistas.
Acogida y evangelización de bautizados no practicantes
En otro discurso a obispos franceses, Juan Pablo II incluyó entre los temas de vitalidad eclesial la pastoral de los sacramentos, comenzando por el domingo y el rassemblement eucharistique, así como la formación cristiana de jóvenes y adultos, y la acogida y evangelización de bautizados no practicantes.
Planes pastorales y colaboración de todo el pueblo de Dios
Juan Pablo II enumeró constantes pastorales: apoyo a los movimientos apostólicos y la acción católica, desarrollo de la catequesis que alcance a niños y padres, renovación de las parroquias, pastoral de las vocaciones, y la corresponsabilidad entre sacerdotes, religiosos y laicos para «hacer Iglesia juntos», además de la preparación a los momentos sacramentales en estilo catecumenal, el apoyo especial a jóvenes y familia, y la apertura a la Iglesia universal.