La antigua sede de Mérida
Mérida, fundada como Emerita Augusta, alcanzó una posición central en la organización civil y cristiana de la Lusitania romana. Su sede episcopal aparece vinculada a la tradición eclesiástica hispana de la Antigüedad y llegó a desempeñar funciones metropolitanas sobre otras diócesis de la provincia lusitana. La ciudad mantuvo una notable importancia durante la época visigoda, cuando sus obispos participaron en la vida religiosa y política del reino hispano.
La invasión musulmana interrumpió la continuidad ordinaria de la sede episcopal emeritense. La antigua provincia eclesiástica quedó desarticulada y Mérida dejó de funcionar durante siglos como diócesis residencial. La memoria histórica de aquella sede, sin embargo, permaneció vinculada a la identidad cristiana de Extremadura.
Entre los prelados emeritenses de la Antigüedad destaca san Masona de Mérida, participante en los concilios de Toledo. También pertenece a la tradición cultural de la ciudad Paulo, diácono emeritense y autor de una obra sobre la vida y los milagros de los santos padres de Mérida.2
La restauración medieval en Badajoz
Tras la conquista cristiana de Badajoz, la Iglesia reorganizó la estructura diocesana de la Extremadura occidental. La diócesis de Badajoz fue erigida en el siglo XIII, poco después de la reconquista de la ciudad, y quedó vinculada a la provincia eclesiástica de Sevilla. La documentación histórica tradicional sitúa su erección en 1225, mientras que los repertorios actuales de la circunscripción consignan el año 1255.2
El primer obispo conocido fue Pedro Pérez, cuya designación tuvo lugar durante el reinado de Alfonso X. Desde entonces, Badajoz mantuvo una sucesión episcopal estable. La nueva diócesis comprendía la mayor parte del territorio que posteriormente formaría la provincia civil de Badajoz y asumió progresivamente la atención pastoral de numerosas comunidades rurales y urbanas.
Durante la Edad Media, la diócesis quedó sufragánea de Sevilla. La antigua sede de Mérida, aunque ya no actuaba como diócesis independiente, conservó su relevancia histórica como centro cristiano de la Lusitania.
La unión de los títulos de Mérida y Badajoz
La actual denominación Mérida-Badajoz no designa dos diócesis simultáneamente independientes, sino una única archidiócesis que incorpora el título histórico de Mérida al de la sede residencial de Badajoz. La unión expresa la continuidad entre la antigua metrópoli emeritense y la diócesis medieval y moderna pacense.
El nombre latino de la circunscripción es Archidioecesis Emeritensis Augustana-Pacensis. El término Emeritensis alude a Mérida, mientras que Pacensis conserva la tradición latina asociada a Badajoz. Esta distinción resulta relevante: Mérida aporta el título histórico y metropolitano, mientras que Badajoz constituye la sede episcopal efectiva y el centro ordinario de gobierno de la archidiócesis.
Elevación a archidiócesis
La Santa Sede elevó Mérida-Badajoz a archidiócesis en 1994. La nueva condición metropolitana reconoció la importancia histórica de Mérida y la realidad pastoral de la Iglesia extremeña. En 1997 la archidiócesis realizó por primera vez, ya como circunscripción recientemente elevada, la visita ad limina junto con otras diócesis españolas.1
Desde entonces, la provincia eclesiástica de Mérida-Badajoz comprende la propia archidiócesis y las diócesis sufragáneas de Coria-Cáceres y Plasencia.


