Primeros años de la evangelización
La evangelización de la Nueva España comenzó en un contexto anterior a la configuración administrativa actual de la archidiócesis. Durante las primeras décadas del siglo XVI, diversas órdenes religiosas desarrollaron misiones, fundaron conventos y organizaron comunidades cristianas entre la población indígena y los colonos españoles.
La diócesis de México fue erigida el 2 de septiembre de 1530, cuando todavía dependía de la archidiócesis de Sevilla. En los primeros años, la organización eclesiástica de Nueva España incluía también las diócesis de Puebla, Guatemala, Oaxaca, Michoacán y Chiapas.1
El primer obispo fue fray Juan de Zumárraga, franciscano. Su ministerio estuvo vinculado a la organización inicial de la Iglesia local, la defensa de los indígenas y la creación de instituciones educativas y asistenciales. Durante su episcopado surgieron, entre otras obras, escuelas, hospitales y el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco. Zumárraga también impulsó la llegada de la imprenta a México y la publicación de libros destinados a la evangelización.2
Elevación a sede metropolitana
El papa Paulo III separó la Iglesia de México de la jurisdicción metropolitana de Sevilla y la elevó a archidiócesis el 12 de febrero de 1546. La nueva provincia eclesiástica tuvo inicialmente como sufragáneas las diócesis de Oaxaca, Michoacán, Tlaxcala, Guatemala y Ciudad Real de Chiapas.2
La bula de nombramiento llegó después de la muerte de Zumárraga, fallecido en 1548. Por ello, aunque fue designado primer arzobispo, no llegó a ejercer plenamente las funciones propias de la sede metropolitana.2
La elevación de México a archidiócesis respondió al crecimiento de la Iglesia novohispana y a la necesidad de establecer una estructura eclesiástica autónoma respecto de Sevilla. Durante los siglos siguientes, la provincia metropolitana llegó a abarcar territorios muy extensos de México, Centroamérica e incluso Filipinas, antes de que nuevas diócesis y provincias redujeran progresivamente su ámbito.1,3

