Circunscripción eclesiástica y sede
La Archidiócesis de México ha ejercido su ministerio como sede metropolitana en el ámbito eclesiástico de su territorio. En fuentes históricas de comienzos del siglo XX se describe que, con anterioridad, la diócesis/archidiócesis de México había tenido límites más amplios y que, posteriormente, quedó circunscrita, «en la actualidad» (según el marco de ese momento), a la Ciudad de México (entonces designada como Distrito Federal) y a parte del centro del país, incluyendo los estados de Morelos, México y parte de Hidalgo.1
Eclesialmente, esta delimitación no es un mero dato administrativo: se entiende como el modo concreto en que la Iglesia organiza su presencia pastoral y su coordinación con las demás circunscripciones.5
Provincia eclesiástica y coordinación metropolitana
La Iglesia, al ordenar sus provincias eclesiásticas, busca armonizar jurisdicción y gobierno para el bien común de muchas Iglesias particulares. El Concilio Vaticano II establece que las fronteras de las provincias eclesiásticas deben revisarse y que, como regla general, las diócesis y divisiones territoriales equivalentes deben integrarse en una provincia eclesiástica, quedando bajo la jurisdicción del metropolitano según el derecho común.5
En un decreto posterior (siglo XX), se indica la composición de la provincia eclesiástica asociada a la Iglesia metropolitana «del mismo nombre», señalando como diócesis sufragáneas, entre otras, Atlacomulco, Cuernavaca y Toluca. Esta referencia ilustra cómo la Archidiócesis de México se inserta en una red eclesial de comunión, colaboración y coordinación.6

