Santa María Nuova como catedral: singularidad en Sicilia
La Enciclopedia Católica presenta la iglesia (convertida en catedral) como «la más noble» de Sicilia. También señala que, aun siendo grande su armonía de conjunto, la fachada sufrió una restauración del pórtico en un estilo que no coincide plenamente con el resto del edificio, lo cual afecta a la coherencia estética original.
La catedral se describe como una obra de gran riqueza de materiales y artesanía: en sus puertas figuran puertas de bronce atribuidas a Bonanno de Pisa en 1186, y en los portales se mencionan arabescos.
Planta interior: naves y columnas
La enciclopedia destaca una estructura interior de tres naves, con columnas de mármol egipcio cuya decoración incorpora capiteles «figurados» y de variedad extraordinaria: se subraya que cada capitel es diferente. Esta atención a la diversidad ornamental constituye un sello característico de la sensibilidad artística de la catedral.
Mosaicos del ábside y de los muros laterales
El elemento más asociado al conjunto catedralicio es el de los mosaicos. Se afirma que el ápside y los muros laterales están cubiertos con mosaicos que representan escenas del Antiguo y del Nuevo Testamento.
Este lenguaje visual no es mero ornamento: la tradición magisterial ha descrito, en general, cómo el arte sacro permite que la vida humana entre en el templo para recibir luz interpretativa a la luz de la revelación. En una intervención sobre la liturgia y el valor del mosaico en la catedral, san Juan Pablo II comenta que la vida humana «entra en la iglesia» para ser esclarecida por la revelación divina, y que el arte musivo presenta la respuesta a la tentación, la caída y la redención anunciada.
A partir de esa lógica general, los mosaicos de Monreale pueden leerse como un medio de catequesis: al mirar el ábside y los muros, el fiel aprende a interpretar su historia personal —con sus luces y sombras— a la luz de la historia de la salvación.,
El altar mayor y la memoria funeraria
La descripción de la catedral menciona que el altar mayor está cubierto por láminas trabajadas de plata (siglo XVII). Además, se enumeran sepulturas en una capilla: allí se encuentran los sepulcros de Guillermo I («el Malo») y Guillermo II. Este aspecto une el arte, la memoria histórica y la comprensión eclesial de la continuidad entre historia civil y vida religiosa.
Asimismo, en la capilla de san Benito se citan esculturas atribuidas a Marabitti (siglo XVIII), subrayando la persistencia de la herencia benedictina en el entorno catedralicio.
Daños, restauración y continuidad histórica
Un dato significativo es el incendio de 1811, que destruyó el techo. La restauración posterior se realizó de modo que las cerchas quedaron a la vista, un detalle que muestra cómo el edificio conserva trazas de su historia y de su resistencia a lo largo de los siglos.