Orígenes en el reino asturiano
La historia de la sede ovetense va unida a la del reino de Asturias. Según la tradición, los monjes Máximo y Fromestano asentaron una comunidad en la colina de Oviedo hacia el año 761, y el rey Fruela I mandó erigir allí una basílica dedicada al Salvador. Una incursión musulmana destruyó aquellas construcciones en el 794.
Alfonso II el Casto, que reinó entre finales del siglo VIII y 842, fijó la corte en Oviedo y reconstruyó el conjunto con una basílica del Salvador, que consagró probablemente hacia el 821. Junto a ella levantó iglesias, palacios y la Cámara Santa. Desde entonces Oviedo funcionó como capital del reino y como sede de un obispo, cuya autoridad creció con el prestigio de la monarquía.
El primer obispo documentado, Adulfo, gobernó la sede a comienzos del siglo IX. A él siguieron prelados como Gomelo, Serrano, Oveco o Froilán, que acompañaron a los monarcas en la repoblación, en la organización del culto y en la defensa de la identidad cristiana frente al islam.
La sede en la Edad Media
Cuando García I trasladó la corte a León, a comienzos del siglo X, Oviedo perdió su condición de capital política, pero conservó el rango espiritual que le habían dado sus reyes, sus reliquias y su condición de lugar de peregrinación. El antiguo reino asturiano dejó en la diócesis una huella visible en las reliquias, la tradición litúrgica y el patrimonio artístico.
En 1105 la diócesis obtuvo la exención de la sede metropolitana y quedó sometida directamente a la Santa Sede. Esa dependencia inmediata del Papa se mantuvo hasta 1954.
A comienzos del siglo XII, el obispo Pelayo impulsó la redacción del Libro de los Testamentos de la Iglesia de Oviedo, cartulario en el que recogió privilegios, donaciones y memorias fundacionales. Gracias a ese códice conocemos buena parte de los orígenes de la catedral y de las inscripciones del primitivo templo.
En esa época florecieron los monasterios benedictinos, cluniacenses y cistercienses de la cordillera Cantábrica y de los valles asturianos, como Corias, Cornellana o Valdediós, que contribuyeron a la repoblación, al trabajo agrícola y a la vida espiritual de las comarcas rurales.
La gran obra gótica de la catedral comenzó en 1382 bajo el obispo Gutierre de Toledo, y los trabajos de la nave, la cabecera y el claustro se prolongaron durante generaciones.
Edad Moderna
Entre los siglos XVI y XVIII la diócesis vivió la aplicación de las reformas del Concilio de Trento, con la creación de estructuras de formación del clero, la visita pastoral regular y la mejora de la vida parroquial. Fernando de Valdés y Salas, obispo de Oviedo entre 1532 y 1539, natural de Asturias, dejó dispuesta en su testamento la fundación de la Universidad de Oviedo, que abrió sus aulas en 1608. Durante mucho tiempo esa institución acogió la formación del clero de la diócesis.
La catedral recibió en estos siglos su fachada, su torre, de unos 80 m de altura, el retablo mayor, concluido en 1531, y la capilla de Nuestra Señora del Rey Casto, que alberga el panteón de los reyes asturianos y se terminó a comienzos del siglo XVIII por iniciativa del obispo Tomás Reluz.
Siglos XIX y XX
El Concordato de 1851 reorganizó las circunscripciones eclesiásticas de España, y en esa etapa la diócesis abrió el seminario diocesano, que inició su andadura en 1851. Desde entonces el seminario forma a los presbíteros que sirven en las parroquias asturianas.
La Revolución de octubre de 1934 y la Guerra Civil provocaron la muerte de numerosos sacerdotes, religiosos y laicos, y dañaron gravemente el patrimonio eclesial. En octubre de 1934 una explosión destruyó buena parte de la Cámara Santa, aunque el Santo Sudario apareció intacto entre los escombros; la reconstrucción se realizó entre 1939 y 1942.
Elevación a archidiócesis
El Concordato de 1953 abrió la vía a una reordenación de las diócesis españolas. El 17 de octubre de 1954, la Congregación Consistorial publicó el decreto Quum sollemnibus, que adaptó los límites de la diócesis a los de la provincia civil de Asturias.
Diez días después, el 27 de octubre de 1954, Pío XII promulgó la bula Cum et Nobis, por la que elevó Oviedo a archidiócesis metropolitana y le asignó como sufragáneas las diócesis de Santander, León y Astorga.