Cristianismo temprano y martirios
El cristianismo aparece presentado como predicado en fecha temprana en Palermo. En el ámbito eclesial, se menciona que su primer obispo, Teodoro, junto con el obispo de Lilybaeum, condenó una herejía (relacionada con Heracleon), y se alude además a la figura de un posible predecesor, santo Filipo.
La tradición martirial incluye también la referencia a san Mamiliano, cuyos restos se conservan en la catedral; se añade además la mención de otros mártires bajo Diocleciano (como Claudio, Sabino y Máximo), y se recuerda la persistencia de testigos de fe en tiempos de persecución.
Periodo de dominación musulmana y reordenación eclesial
Durante la dominación sarracena se afirma, en la fuente de referencia histórica, que no habría obispo de Palermo. Sin embargo, en ese mismo contexto se sitúan testimonios martiriales que la tradición recuerda como ocurridos en la época.
Posteriormente, se registra la intervención de la Santa Sede con el envío de un arzobispo (mencionado como Humbertus) que, en aquel momento, no pudo tomar posesión por obstáculos políticos. En la etapa normanda y sucesivas reconfiguraciones, la vida eclesial retomó su ordenamiento, consolidando la sucesión de obispos y arzobispos.
Palermo como «frontera» de diálogo
En su visita pastoral, Juan Pablo II presenta a la Iglesia palermitana como una «Iglesia de frontiera» que, por su ubicación y por su historia, ha sido punto natural de contacto y diálogo entre el mundo cristiano y el mundo musulmán, aportando a una cultura de tolerancia y paz.
Al mismo tiempo, la misma reflexión subraya que también en Palermo se perciben signos de influencia de la cultura mafiosa y de fuerzas ocultas, así como una crisis que afecta a «los cardines ideales y éticos de la sociedad».