La Iglesia de Pampilonensis fue elevada al grado y dignidad de Sede metropolitana, otorgándole los derechos y honores que corresponden a este tipo de sedes según el derecho común. Esta elevación se realizó mediante un acto pontificio en el que se contemplaba, al mismo tiempo, la creación de una nueva provincia eclesiástica en la región civil conocida como Navarra.1
Naturaleza de «sede metropolitana»
En la configuración de la provincia eclesiástica, la Sede metropolitana tiene un papel de referencia para las diócesis sufragáneas. En el caso de Pamplona, el decreto pontificio establece que la Iglesia metropolitana recibe todo lo que le corresponde a su condición, incluyendo privilegios, insignias, cargas y obligaciones propias de los metropolitanos.2
Privilegios vinculados a la dignidad metropolitana
Entre los privilegios señalados en el documento destaca la posibilidad de que el arzobispo metropolitano use el pallium dentro de los límites de su circunscripción, una vez concedido con los ritos previstos. Además, se menciona el derecho a llevar la Cruz delante de sí. Ambos elementos expresan visiblemente el vínculo entre la autoridad metropolitana y la comunión jerárquica con la Santa Sede.2
