Antecedentes coloniales
El territorio que actualmente forma la archidiócesis recibió la presencia de misioneros católicos desde los primeros tiempos de la evangelización de La Española. Durante el siglo XVIII, diversas parroquias de la parte occidental de la isla estuvieron confiadas principalmente a religiosos dominicos. La actividad pastoral comprendía la celebración de los sacramentos, la atención de hospitales y la enseñanza, aunque la extensión del territorio y las dificultades políticas y económicas limitaban la organización estable de las comunidades cristianas.1
Tras la independencia de Haití, proclamada en 1804, el país permaneció durante varias décadas sin una jerarquía episcopal ordinaria. La atención religiosa dependió de vicarios y prefectos apostólicos, en un contexto de escasez de sacerdotes y de insuficiente coordinación entre las comunidades. La ausencia de obispos residenciales dificultó la disciplina eclesiástica, la administración de los sacramentos y la creación de instituciones permanentes de formación y educación.2
El Concordato de 1860
La reorganización decisiva llegó con el Concordato celebrado en 1860 entre la Santa Sede y la República de Haití. El acuerdo creó el marco jurídico para restablecer una jerarquía católica estable y regular las relaciones entre la Iglesia y el Estado. Al año siguiente, el papa Pío IX erigió la provincia eclesiástica de Puerto Príncipe, con una archidiócesis metropolitana y varias sedes sufragáneas.2
La Archidiócesis de Puerto Príncipe quedó constituida mediante la bula de 3 de junio de 1861. Su territorio comprendía la zona occidental de Haití, incluida la capital. En el momento de su creación, la archidiócesis carecía de una estructura parroquial suficientemente desarrollada y contaba con un clero reducido. La reorganización posterior permitió recuperar la vida ordinaria de las parroquias y establecer instituciones educativas, religiosas y caritativas.1
La nueva provincia eclesiástica incluyó las diócesis de Cap-Haïtien, Les Cayes, Gonaïves y Port-de-Paix como sedes sufragáneas. Durante los primeros años, el arzobispo de Puerto Príncipe asumió también responsabilidades administrativas sobre otras partes del país, hasta que la Santa Sede nombró obispos para las distintas diócesis.3
Consolidación durante el siglo XIX
La llegada de miembros de la Congregación del Espíritu Santo y de la congregación conocida como Hermanos del Sagrado Corazón de María favoreció la reorganización de las parroquias de la capital. Estas comunidades contribuyeron a la predicación, la catequesis, la enseñanza y la atención de las obras sociales.3
El primer arzobispo fue Monseñor Testard du Cosquer, que gobernó la archidiócesis entre 1863 y 1869. Le sucedieron Monseñor Guilloux-1870-1885-, Monseñor Hillion-1886-1890-, Monseñor Tonti-1894-1902- y Monseñor Julien Conan, que asumió el gobierno en 1903.1
Los primeros arzobispos afrontaron dos problemas principales: la escasez de sacerdotes y la dificultad de mantener un clero extranjero en un ambiente tropical, con enfermedades y deficientes comunicaciones. Durante las décadas posteriores al Concordato, numerosos sacerdotes franceses llegaron a Haití, pero muchos murieron o tuvieron que regresar a Europa por motivos de salud. Esta dependencia del clero europeo impulsó la creación de seminarios destinados a preparar sacerdotes haitianos.3
A comienzos del siglo XX, la archidiócesis había alcanzado una organización considerable para las condiciones del país. Contaba con parroquias urbanas y rurales, numerosas capillas, congregaciones religiosas, centros docentes y obras asistenciales. En 1911 registraba 24 parroquias y 140 capillas rurales, además de sacerdotes diocesanos y religiosos, hermanos dedicados a la enseñanza y religiosas vinculadas a la educación y a la asistencia sanitaria.1


