Fundación de la diócesis
La diócesis de Quito fue erigida por el papa Paulo III el 8 de enero de 1546, a petición del emperador Carlos V. En sus comienzos quedó vinculada como diócesis sufragánea a la archidiócesis de Lima. El primer obispo fue Garcidia, cuyo episcopado concluyó con su muerte en 1563.1
La nueva diócesis nació en el contexto de la expansión de las estructuras eclesiásticas hispánicas por los territorios andinos. Quito, fundada sobre un antiguo centro político indígena, se convirtió progresivamente en un núcleo de evangelización, educación, producción artística y gobierno eclesiástico.
Durante la época colonial, diversas órdenes religiosas desempeñaron un papel decisivo. Franciscanos, dominicos, agustinos y jesuitas establecieron conventos, colegios, misiones y centros de formación. El seminario confiado a los jesuitas alcanzó una influencia notable en los estudios eclesiásticos de la región septentrional de América del Sur.1
Quito como centro de evangelización y cultura
La Iglesia quiteña no limitó su actividad a la administración sacramental. También participó en la enseñanza, la atención a las comunidades indígenas, la formación del clero y la configuración cultural de la sociedad. El Itinerario para párrocos de indios, asociado al obispo Alonso de la Peña, constituye un testimonio de la preocupación pastoral por la evangelización y el gobierno de las comunidades indígenas.2
La expulsión de los jesuitas en 1767 debilitó gravemente algunas misiones de la región amazónica. La documentación histórica de comienzos del siglo XX relaciona aquel acontecimiento con el retroceso de varias obras misionales que habían alcanzado una considerable extensión.3
Elevación a archidiócesis metropolitana
El papa Pío IX elevó Quito a sede metropolitana mediante la bula Nos semper Romanis Pontificibus, fechada el 13 de enero de 1848. En un primer momento, Cuenca y Guayaquil quedaron como diócesis sufragáneas; posteriormente, la provincia eclesiástica incorporó otras sedes, entre ellas Ibarra, Loja, Portoviejo y Riobamba.1
El primer arzobispo fue Francisco Javier de Garaycoa, anteriormente obispo de Guayaquil, nombrado el 5 de septiembre de 1851.1
La creación de la provincia eclesiástica de Quito acompañó la formación de la Iglesia ecuatoriana como estructura nacional diferenciada. No obstante, sus límites no permanecieron invariables: la organización eclesiástica experimentó sucesivas modificaciones conforme crecieron la población, las ciudades y las necesidades pastorales.




