La archidiócesis nació históricamente como diócesis de Saint Paul y, con el tiempo, fue elevada a archidiócesis. En 1966 se realizó una intervención jurídica relevante: se promovió una iglesia en Mineápolis, dedicada a la Bienaventurada Virgen María y con el título de basílica menor, a la dignidad de con-catedral, y se dispuso que el nombre de la archidiócesis —tal como había sido concebido históricamente en torno a Saint Paul— se modificara para reflejar también la importancia eclesial de Mineápolis.1
Con-catedral de Mineápolis y ejercicio pontifical
El decreto de 1966 contempla expresamente que la iglesia de Mineápolis, dedicada a la Virgen María y previamente erigida como basílica menor, sea elevada a con-catedral. Además, establece que, en lo sucesivo, en esa misma con-catedral el arzobispo pueda ejercer funciones pontificales, incluso en días solemnes y tiempos determinados por las disposiciones canónicas mencionadas en el propio documento.1
El texto llega incluso a indicar que el arzobispo —“Saint Paul» como referencia original— pueda residir en la ciudad de Mineápolis «a su arbitrio», en coherencia con el bien de las almas y con la finalidad pastoral de la modificación.1
Mutación del nombre: «Paulopolitana» y «Mineapolitana»
Además del aspecto relativo a la con-catedral, el mismo decreto dispone una indulgencia por la cual la archidiócesis —y su arzobispo en ejercicio— puedan denominarse perpetuamente con los nombres que conectan ambas sedes: «Paulopolitana» y «Mineapolitana». En otras palabras, la identidad nominal queda vinculada no solo a Saint Paul, sino también a Mineápolis.1

