Los orígenes en el Brasil colonial
La historia de la Iglesia en Río de Janeiro comenzó durante la primera etapa de la colonización portuguesa. El papa Gregorio XIII creó la prelatura de San Sebastián el 19 de julio de 1575, fecha que marca el origen institucional de la actual archidiócesis. Juan Pablo II presentó esta fundación como uno de los primeros hitos de la presencia católica organizada en la historia del Brasil.
La ciudad recibió el nombre de San Sebastián de Río de Janeiro después de la consolidación del dominio portugués sobre la bahía. Antes de esa consolidación, una colonia francesa de orientación hugonote había ocupado una isla de la bahía en 1555. Las fuerzas portuguesas expulsaron a los colonos franceses y establecieron de forma permanente la ciudad, vinculando su identidad con la advocación de san Sebastián.,
Durante los siglos coloniales, la Iglesia acompañó el crecimiento de la ciudad mediante parroquias, hermandades, conventos, capillas y obras de asistencia. Las órdenes religiosas desempeñaron un papel decisivo en la evangelización, la educación y la atención a los enfermos y pobres. Entre las comunidades presentes en Río figuraron jesuitas, franciscanos, carmelitas, lazaristas, dominicos y benedictinos; también trabajaron congregaciones femeninas como las Hermanas de la Caridad, las ursulinas, las carmelitas y las clarisas.
De diócesis a sede metropolitana
En 1676, la antigua iglesia de San Sebastián quedó constituida como catedral de la diócesis, dentro de la reorganización de las jurisdicciones eclesiásticas portuguesas en América. La diócesis quedó vinculada inicialmente a la provincia eclesiástica de Bahía. La documentación pontificia de la época describe la separación de San Sebastián respecto de la diócesis de Bahía y la elevación de la iglesia parroquial a iglesia catedral.
Río de Janeiro adquirió una importancia política creciente. La ciudad se convirtió en capital del Brasil en 1763, y la concentración de las instituciones civiles y religiosas favoreció el desarrollo de su estructura eclesiástica. Con la independencia del Brasil en 1822 y la posterior organización imperial, la diócesis acompañó la transformación del país desde el régimen colonial hasta el Estado nacional.,
El 27 de abril de 1892, la diócesis fue elevada a archidiócesis metropolitana. La promoción reflejó la relevancia demográfica, política y eclesial que Río de Janeiro había alcanzado en el Brasil republicano. La nueva sede metropolitana pasó a coordinar la vida de varias diócesis de su entorno y a desempeñar un papel destacado en la articulación nacional del episcopado.
El siglo XX
La historia contemporánea de la archidiócesis está ligada a la actuación de varios arzobispos y cardenales. Juan Pablo II recordó especialmente a los cardenales Joaquim Arcoverde de Albuquerque Cavalcanti, Sebastião Leme da Silveira Cintra, Jaime de Barros Câmara y Eugênio de Araújo Sales, pastores que impulsaron iniciativas pastorales de gran alcance.
Joaquim Arcoverde fue una figura decisiva en la consolidación de la sede metropolitana. La Catholic Encyclopedia lo identifica como arzobispo de Río de Janeiro desde 1898 y como el primer cardenal brasileño, creado cardenal en 1905.
Durante el siglo XX, la archidiócesis vivió los cambios producidos por la urbanización acelerada, la industrialización y la transformación política del Brasil. La Iglesia desarrolló seminarios, colegios, asociaciones de fieles, congregaciones religiosas y organismos de asistencia. La formación sacerdotal ocupó un lugar central en la renovación pastoral, especialmente a través del Seminario Arquidiocesano de São José, institución vinculada a la preparación de futuros presbíteros.
En el ámbito educativo, la presencia católica incluyó instituciones dirigidas por jesuitas, benedictinos y otras congregaciones, además de iniciativas destinadas a la educación de niñas, jóvenes y personas de familias con pocos recursos. La Universidad Católica Pontificia de Río de Janeiro pasó a formar parte de la red intelectual, cultural y apostólica relacionada con la Iglesia local.
La etapa reciente
El cardenal Eugênio de Araújo Sales ejerció un prolongado ministerio pastoral en la archidiócesis y adquirió relevancia en la vida de la Iglesia brasileña. Después de su pontificado episcopal, la sede pasó por la etapa de gobierno del arzobispo Eusébio Oscar Scheid, a quien Juan Pablo II saludó con motivo del inicio de su misión como pastor de Río de Janeiro.
El actual arzobispo metropolitano es Orani João Tempesta, O. Cist., nombrado por Benedicto XVI el 27 de febrero de 2009. El papa Francisco lo creó cardenal en el consistorio del 22 de febrero de 2014.
Orani Tempesta nació en São José do Rio Pardo el 23 de junio de 1950. Ingresó en el monasterio cisterciense de São Bernardo, profesó los votos religiosos en 1969 y recibió la ordenación sacerdotal en 1974. Antes de llegar a Río de Janeiro fue obispo de São José do Rio Preto y arzobispo de Belém do Pará.
Durante su ministerio en Río, la archidiócesis acogió en julio de 2013 al papa Francisco con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud. El acontecimiento reforzó la dimensión internacional de Río de Janeiro como lugar de encuentro juvenil, evangelización y diálogo eclesial.