Orígenes cristianos
La tradición cristiana sitúa los orígenes de la Iglesia hispalense en los primeros siglos del cristianismo. La ciudad romana de Hispalis, capital de la provincia Bética, ocupaba una posición estratégica en las comunicaciones y en la vida política del sur de la península ibérica.
La documentación antigua menciona a obispos de Sevilla desde el siglo III. Sabino participó en el Concilio de Ilíberis, celebrado probablemente a comienzos del siglo IV, y aparece relacionado con la comunidad cristiana hispalense durante el periodo de las persecuciones. La tradición episcopal también recuerda a Marcelo y a Evodio, este último vinculado a la reconstrucción de iglesias después de la paz constantiniana. Entre los templos antiguos figuró la iglesia de San Vicente, considerada por la tradición una de las primeras sedes de culto cristiano de la ciudad.1
La Iglesia de Sevilla sufrió las consecuencias de las invasiones y de las disputas políticas que afectaron a la Hispania romana y visigoda. A pesar de esas dificultades, la sede mantuvo una notable continuidad episcopal y adquirió una importancia creciente dentro de la provincia Bética.
La época visigoda
Durante el reino visigodo, Sevilla se convirtió en uno de los principales centros intelectuales y religiosos de Hispania. La sede alcanzó rango metropolitano y acogió concilios provinciales relacionados con la disciplina eclesiástica y la aplicación de las decisiones de los grandes concilios hispanos.
San Leandro
San Leandro de Sevilla, arzobispo a finales del siglo VI, desempeñó un papel decisivo en la conversión del rey Recaredo y de buena parte de la aristocracia visigoda al catolicismo. También influyó en la conversión de Hermenegildo y presidió el III Concilio de Toledo, celebrado en 589. Su ministerio vinculó la sede hispalense con la consolidación de la unidad religiosa del reino visigodo.1
San Isidoro
San Isidoro, hermano y sucesor de san Leandro, presidió el IV Concilio de Toledo y se convirtió en una de las figuras intelectuales más importantes de la Europa medieval. Sus obras reunieron conocimientos bíblicos, teológicos, históricos y científicos, y ejercieron una influencia prolongada en la cultura cristiana occidental. La tradición sevillana considera a san Leandro y san Isidoro patronos históricos de la sede hispalense y los venera como sus grandes padres espirituales.
La conquista islámica y la restauración cristiana
La conquista musulmana de comienzos del siglo VIII alteró profundamente la organización eclesiástica de la península. La sucesión de obispos de Sevilla continuó durante un tiempo, aunque la situación de los cristianos quedó sometida a las condiciones políticas y jurídicas del dominio islámico. La documentación medieval conserva noticias de obispos mozárabes, pero la continuidad institucional atravesó periodos de gran dificultad.1
La conquista cristiana de Sevilla por Fernando III en 1248 permitió restaurar la sede episcopal y reorganizar la vida eclesial. La tradición histórica de la diócesis vincula esta restauración con san Fernando, cuya acción política y religiosa favoreció la reconstrucción de parroquias, monasterios y comunidades cristianas. La sede fue restaurada en el siglo XIII después de la incorporación de Sevilla al reino de Castilla.2



