Uno de los rasgos más característicos de la Iglesia hispalense es la centralidad del misterio eucarístico y la confianza filial en María Santísima. En un mensaje dirigido a los fieles y voluntarios vinculados al Congreso Eucarístico Internacional, el Papa Juan Pablo II subrayó que el pueblo creyente sevillano ha heredado de sus mayores dos devociones «que han tipificado desde tiempo inmemorial» la espiritualidad cristiana de estas gentes: la devoción al Santísimo Sacramento y la devoción a la Virgen María.
Esta afirmación no se presenta como una simple descripción cultural, sino como una clave teológica y pastoral: «Sin estas dos devociones no se comprendería la historia de la Iglesia hispalense».
El Corpus Christi en Sevilla
En la solemnidad del Corpus Christi, Juan Pablo II sitúa el encuentro con la Iglesia de Sevilla bajo el signo de una ciudad con «larga y profunda devoción eucarística y mariana», enraizada en la religiosidad popular.
La Eucaristía aparece, así, como el corazón que articula la fe de la comunidad y como fuente de unidad eclesial: el Papa presenta a los participantes como una «gran familia en la fe de la Iglesia, Una, Santa, Católica y Apostólica».
La Virgen María y la «Macarena» como centro de devoción
La dimensión mariana sevillana se manifiesta en la veneración a imágenes y advocaciones presentes en la vida del pueblo. En una comunicación pontificia con ocasión de la fiesta de María Reina, se menciona la coronación de la imagen de Nuestra Señora de la Esperanza Macarena, destacando cómo la ciudad se une en un homenaje solemne a la Patrona.
El mismo texto describe que la devoción mariana no se reduce a gestos externos, sino que conduce a una forma de vida cristiana: se afirma que la devoción mariana «verdadera y profunda» se refleja en una vida auténticamente cristiana conforme a las enseñanzas de Cristo.
Asimismo, se subraya el papel de las cofradías sevillanas: el impulso que han recibido en su vida espiritual, su esfuerzo por cuidar el culto de las imágenes y por dar contenido más amplio a sus actividades, animando la formación ascética y el apostolado mediante ejercicios espirituales y actividades caritativas y sociales.