Orígenes cristianos
La tradición cristiana atribuye la fundación de la sede de Tours a san Gatiano, considerado uno de los misioneros enviados desde Roma a la Galia durante el siglo III. La tradición local vinculó los primeros lugares de culto con unas grutas situadas en la colina que domina el Loira, frente a la ciudad de Tours.1
La cronología exacta de los comienzos resulta difícil de establecer. La tradición transmitida por Gregorio de Tours situó el episcopado de Gatiano hacia el año 250, aunque estudios históricos posteriores consideraron más segura la existencia de una comunidad cristiana organizada durante la época de Constantino.1
Tras Gatiano, la sede tuvo como obispo a san Litorio o Lidoire, entre los años 337 y 371. A él le sucedió san Martín, cuya elección marcó profundamente la identidad espiritual y pastoral de la Iglesia de Tours.1
San Martín de Tours
San Martín fue elegido obispo de Tours en el año 372, después de que la población cristiana reclamara su nombramiento pese a la oposición de algunos miembros del clero local. Recibió la consagración episcopal el 4 de julio y mantuvo una vida austera, alejada del lujo propio de una ciudad episcopal importante.2
Para conservar su estilo de vida ascético, Martín estableció su residencia en una celda situada más allá del Loira. En torno a él nació la comunidad monástica de Marmoutier, cuyo nombre significa «gran monasterio». Desde allí impulsó la evangelización de la Turena y fundó diversos centros de vida cristiana.2
Martín también intervino en asuntos de gran relevancia para la Iglesia de su tiempo. Viajó a Tréveris para defender a personas condenadas por la autoridad civil y trató de impedir que las disputas doctrinales desembocaran en ejecuciones ordenadas por el poder imperial. Su actuación frente al caso de Prisciliano mostró su oposición a la intervención coercitiva del poder secular en cuestiones religiosas, aunque el desenlace del conflicto le produjo un profundo sufrimiento.2
Martín murió en Candes, probablemente en el año 397, aunque algunas tradiciones antiguas propusieron el año 400. Sus restos fueron trasladados a Tours y enterrados en una basílica que se convirtió en uno de los principales centros de peregrinación de la Galia.2
El culto a san Martín
La tumba de san Martín convirtió Tours en un centro religioso de primera importancia durante la Antigüedad tardía y la Edad Media. Sus sucesores, san Bricio y san Perpetuo, promovieron la construcción y el embellecimiento de edificios destinados a custodiar sus reliquias.2
El culto martiniano se extendió ampliamente por Francia y por otras regiones de Europa. Numerosas iglesias, capillas y localidades recibieron el nombre de san Martín, cuya figura quedó asociada a la evangelización, la caridad y la vida ascética.2
San Gregorio de Tours
Entre los obispos más célebres de la sede destaca san Gregorio de Tours, que ocupó el episcopado entre los años 573 y 594. Historiador y pastor, describió la vida de la Iglesia franca en su Historia de los francos y dedicó una parte de su obra a los obispos de Tours.1
Durante su episcopado, Tours sufrió las luchas entre los reyes francos. La ciudad cambió varias veces de dominio político, mientras el obispo desempeñaba una función religiosa, social y diplomática de primer orden. Gregorio protegió a la población, defendió la justicia y mantuvo una relación tensa con el rey Chilperico, a quien reprochó determinadas actuaciones.3
En la sociedad franca, los obispos asumieron responsabilidades que la administración civil ya no podía ejercer con eficacia. La Iglesia atendía necesidades de educación, asistencia, mediación política y protección de los grupos vulnerables. La sede de Tours participó especialmente en esta evolución gracias al prestigio de la tumba de san Martín y a la autoridad de sus obispos.3



