Orígenes cristianos en la región y primeras referencias
Aunque «no se conoce nada positivo» sobre el modo exacto de la introducción del cristianismo en Valencia, se constata que, a comienzos del siglo IV, cuando llegaron a Valencia el obispo Valerio de Zaragoza y su diácono Vicente, los cristianos parecían ya numerosos. El martirio de san Vicente se sitúa en Valencia, y la memoria de sus restos y del culto posterior aparece descrita como un elemento decisivo de la identidad cristiana local.
La tradición recogida en esta fuente explica que, durante la invasión musulmana, la comunidad habría trasladado el cuerpo del santo en una embarcación, que habría desembocado en el lugar conocido como San Vincente; más tarde, el rey de Portugal habría hecho el traslado a Lisboa.
De la antigüedad tardía a los inicios de la sede episcopal
El primer obispo históricamente conocido en Valencia, según la misma obra, es Justiniano (531-546), mencionado por san Isidoro en sus Viri illustres. Se afirma también que los obispos de Valencia participaron en concilios de Toledo, y que Witisclus, presente en el XIV Concilio de Toledo, sería el último antes de la invasión musulmana.
Este tipo de referencias sitúa la continuidad eclesial valenciana en un horizonte que combina memoria local, conexión conciliar y articulación de la vida litúrgica con la historia general de la Península.
Reconquista, reorganización y construcción de la catedral
Tras la reconquista, la organización eclesiástica conlleva conflictos de jurisdicción. La obra señala que la consagración de Berenguer de Castellbisbal (designado para la sede de Valencia) se vio impedida por la disputa entre los arzobispos de Toledo y Tarragona sobre la autoridad sobre la nueva sede. Finalmente, se decidió a favor de Tarragona y se nombró a Ferrer de San Martín como obispo de Valencia (1239-1243).
Después, se suceden obispos relevantes para la consolidación de la vida diocesana, incluyendo a Arnau de Peralta y a los dominicos vinculados a la edificación catedralicia. En particular, se afirma que Andrés Albalat comenzó la construcción de la catedral y que la obra fue continuada y finalizada por sus sucesores.
El relato arquitectónico destaca un hito: en 1262, el obispo Andrés de Albalat colocó la primera piedra de la nueva construcción gótica con tres naves; el texto precisa que estas habrían llegado «solo hasta el coro» de la catedral actual.
Elección de obispos, rango metropolitano y vida intelectual
La evolución del gobierno eclesiástico en Valencia también se muestra en el modo de nombrar a los obispos. La fuente indica que, hasta cierto momento, el cabildo habría elegido a los obispos, pero que, debido a disputas surgidas tras la muerte del obispo Blanes, el papa Urbano IV reservó el derecho de nombramiento hasta 1523, cuando el derecho de presentación fue otorgado a los reyes de España.
Un punto decisivo para el relieve histórico de Valencia es la elevación al rango metropolitano. Se afirma que Rodrigo de Borja (futuro papa Alejandro VI) obtuvo de Inocencio VIII en 1492 el título de metropolitano para su sede, y que, tras su elevación al papado, se confirmó ese decreto. En relación con este impulso, el mismo texto indica que se elevó el studium generale de Valencia a la categoría de universidad.
Figuras de la reforma y la santidad local
La historia de la Archidiócesis de Valencia aparece asociada a pastores de notable influencia espiritual y cultural. Se menciona especialmente el episcopado del agustino san Tomás de Villanueva (1544-1555), fundador del Colegio de la Presentación de Nuestra Señora (también llamado de Santo Tomás). La fuente refiere que fue beatificado en 1619 y canonizado en 1658.
Entre los arzobispos más destacados, la obra resalta a Juan de Ribera (1569-1611), presentado como Patriarca y figura clave por su actividad pastoral y por su impulso a la reforma monástica. Se afirma también que decidió «expulsar a los moros de la ciudad» tras agotar medios para su sometimiento; conviene leer esta afirmación dentro del contexto histórico de la época, sabiendo que se trata de un juicio que refleja la sensibilidad de la fuente de comienzos del siglo XX.
Otra figura destacada es Andrés Mayoral (1738-1769), a quien se atribuye la mejora de la beneficencia y de la instrucción pública, la fundación del Colegio de las Escuelas Pías, y de la Casa de Enseñanza para niñas. Se añade que reunió una biblioteca de 12.000 volúmenes, que se habría perdido en la guerra de la independencia.
En la misma línea, la fuente menciona al arzobispo y «inquisidor general» Juan Tomás Rocaberti, que habría castigado públicamente a un gobernador por interferir en la jurisdicción eclesiástica.
Santidad, martirio y testimonio
El testimonio de fe en la historia valenciana también queda reflejado de manera explícita. En un discurso de la Santa Sede se recuerda que, en la persecución religiosa de los años treinta del siglo XIX, vivieron y murieron José Aparicio Sanz y sus 232 compañeros, asesinados por ser cristianos y por su participación activa en la vida eclesial; el texto añade que, según los procesos canónicos, antes de morir perdonaron de corazón a sus verdugos.
En ese mismo contexto se indica que existía un grupo de 38 sacerdotes de la archidiócesis de Valencia, junto con un conjunto numeroso de la Acción Católica de Valencia.