Cristianismo antiguo
Valencia pertenecía en época romana a la región de la Edetania y formaba parte de la provincia de Hispania Tarraconense. La tradición cristiana valenciana vincula sus orígenes al martirio de san Vicente, diácono de Zaragoza, durante la persecución de Diocleciano a comienzos del siglo IV. Su martirio convirtió Valencia en un centro temprano de devoción cristiana y dio origen a diversos lugares de culto relacionados con su memoria.
La documentación histórica ofrece noticias más seguras a partir del siglo VI. Justiniano, obispo de Valencia entre los años 531 y 546, constituye el primer prelado históricamente conocido de la sede. San Isidoro de Sevilla lo incluyó entre los varones ilustres y atribuyó a Justiniano la obra Responsiones, formada por respuestas de carácter doctrinal dirigidas a un interlocutor llamado Rústico.,
Los obispos valencianos participaron en diversos concilios celebrados durante el periodo visigodo, especialmente en los concilios de Toledo. Witisclo, presente en el XIV Concilio de Toledo, fue el último obispo conocido antes de la invasión musulmana.
Periodo islámico y restauración cristiana
La conquista musulmana transformó profundamente la vida religiosa de Valencia. Las iglesias pasaron a desempeñar funciones distintas y el culto cristiano quedó limitado a determinados espacios. La tradición histórica relaciona con este periodo la conservación de antiguos lugares de veneración vinculados a san Vicente, entre ellos San Vicente de la Roqueta.
Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, conquistó Valencia en 1094 y reorganizó temporalmente la vida cristiana de la ciudad. Tras su muerte, Valencia volvió al dominio musulmán en 1109. La recuperación definitiva tuvo lugar durante la conquista dirigida por Jaime I de Aragón, que culminó en 1238.
El 28 de septiembre de 1238 las autoridades musulmanas capitularon y el 9 de octubre Jaime I entró en la ciudad. La mezquita mayor fue destinada al culto cristiano, y la sede episcopal quedó restaurada. La nueva organización parroquial comenzó con diez parroquias urbanas. Diversas órdenes religiosas -templarios, hospitalarios, dominicos, franciscanos, agustinos, mercedarios y cistercienses- establecieron comunidades en la ciudad y contribuyeron a la evangelización y a la asistencia social.
La restauración de 1238 no debe confundirse con la fundación absoluta de la Iglesia valenciana. La sede cristiana poseía raíces anteriores, documentadas desde la Antigüedad tardía, pero la conquista aragonesa inauguró una nueva etapa institucional, litúrgica, demográfica y cultural.
Elevación a sede metropolitana
Valencia fue elevada a archidiócesis metropolitana en 1492. Desde entonces, la sede adquirió una función de coordinación eclesial sobre diócesis sufragáneas y consolidó su importancia dentro de la Iglesia en España.
Durante la Edad Moderna, la archidiócesis vivió un intenso desarrollo pastoral y cultural. El Concilio de Trento impulsó la reforma de la disciplina eclesiástica, la formación del clero, la catequesis y la renovación de la vida sacramental. En este contexto adquirieron especial relevancia los arzobispos santo Tomás de Villanueva y san Juan de Ribera.
Santo Tomás de Villanueva
Santo Tomás de Villanueva, arzobispo de Valencia entre 1544 y 1555, destacó por su dedicación a los pobres, la reforma del clero y la renovación de la vida diocesana. Su episcopado quedó asociado a una intensa actividad caritativa y a la aplicación de los principios reformadores del Concilio de Trento.
La tradición eclesial valenciana recuerda especialmente su preocupación por la formación sacerdotal. Su figura representa una concepción del episcopado basada en la predicación, la administración responsable de los sacramentos, la atención a los necesitados y la reforma moral de la comunidad cristiana.
San Juan de Ribera
San Juan de Ribera, arzobispo de Valencia entre 1569 y 1611, fue una de las figuras más influyentes de la Iglesia española posterior al Concilio de Trento. Promovió la formación del clero, la catequesis y la celebración de sínodos diocesanos. También fundó el Colegio del Corpus Christi, institución vinculada a la formación sacerdotal y a la renovación litúrgica.
Su episcopado contribuyó a consolidar la identidad católica de la archidiócesis en la Edad Moderna. La Universidad de Valencia y diversos colegios eclesiásticos favorecieron durante este periodo el estudio de la teología, el derecho canónico, la filosofía, las lenguas clásicas y las ciencias.
Edad contemporánea
La historia contemporánea de la archidiócesis estuvo marcada por las transformaciones políticas, sociales y culturales de España. La industrialización, el crecimiento urbano, las migraciones internas, la secularización y la expansión del área metropolitana de Valencia modificaron la distribución de la población y las necesidades pastorales.
Durante el siglo XX, la archidiócesis reforzó la formación sacerdotal, la acción social, la educación católica y la participación de los laicos. La Santa Sede reconoció la importancia de los centros de formación sacerdotal valencianos y la necesidad de preparar a los futuros presbíteros para una sociedad caracterizada por el progreso científico, la especialización profesional y la creciente complejidad social.
En las últimas décadas del siglo XX, la provincia eclesiástica afrontó simultáneamente una sólida tradición religiosa y procesos de descristianización, movilidad demográfica, inmigración y turismo. La evangelización renovada, la formación cristiana y una participación más activa de los fieles laicos adquirieron un papel central en la pastoral diocesana.