La decoración del arco triunfal formaba parte del programa visual del santuario. Los artistas empleaban mosaicos, pinturas, mármoles, relieves y molduras para convertir la arquitectura en una proclamación visible de la fe.
Decoración del intradós
El intradós es la superficie interior y cóncava del arco. Su forma alargada favorecía la disposición de figuras, medallones, animales simbólicos, estrellas, motivos vegetales y escenas bíblicas.
Entre los temas que podían ocupar el intradós figuraban:
- El Cordero de Dios, símbolo de Cristo sacrificado y victorioso.
- Los apóstoles, como fundamento apostólico de la Iglesia.
- Profetas y santos, vinculados a la continuidad de la historia de la salvación.
- Ángeles, como servidores y mensajeros de la gloria divina.
- Palmas, coronas y guirnaldas, signos de victoria, martirio y vida eterna.
- El monograma de Cristo, especialmente el crismón.
- Los símbolos de los evangelistas, relacionados con la proclamación del Evangelio.
- Escenas del Antiguo y del Nuevo Testamento, ordenadas según el programa teológico de cada iglesia.
El intradós podía funcionar como una franja procesional. Las figuras parecían acompañar el movimiento de la mirada hacia el altar, mientras que la curvatura del arco reforzaba la impresión de entrada en un ámbito celestial.
Decoración del frente del arco
El frente o paramento visible del arco, especialmente en la zona orientada hacia la nave, ofrecía una superficie más amplia para composiciones monumentales. La iconografía podía incluir:
- Cristo en majestad, sentado en un trono.
- La cruz gloriosa, a veces acompañada por el alfa y la omega.
- El Cordero rodeado de apóstoles o santos.
- La Jerusalén celestial, representada mediante ciudades simbólicas.
- Los veinticuatro ancianos del Apocalipsis.
- Los ángeles adoradores.
- Escenas de la Ascensión, la segunda venida de Cristo o el Juicio Final.
- La Virgen y los apóstoles, especialmente en composiciones relacionadas con la encarnación o la glorificación de Cristo.
La decoración del arco y la del ábside formaban con frecuencia una unidad. En el ábside, Cristo aparecía sentado en gloria, con el libro de la ley o de los Evangelios en la mano y acompañado por santos, apóstoles, ángeles, corderos, palmas o símbolos de los evangelistas.
Cristo triunfante
Durante los primeros siglos, la representación de Cristo tendió a subrayar su poder y su gloria más que el sufrimiento de la Pasión. Las imágenes mostraban a Cristo como Buen Pastor, taumaturgo, maestro o soberano entronizado. En las primeras basílicas, el Cristo glorioso constituía el tipo iconográfico predominante.
Esta elección respondía a la comprensión pascual del cristianismo antiguo: la cruz no representaba una derrota definitiva, sino el camino hacia la resurrección y la victoria de Cristo. Por eso, los programas monumentales del santuario destacaban la majestad del Resucitado y su reinado sobre la Iglesia y la creación.
Programa bíblico y litúrgico
La iconografía del arco triunfal no respondía a un repertorio único e invariable. Cada iglesia podía organizar sus imágenes conforme a su dedicación, a la tradición local, al ciclo litúrgico y a la teología de sus promotores.
Los artistas podían relacionar el arco con:
El arte cristiano utilizó desde sus orígenes escenas bíblicas y figuras simbólicas como medios de transmisión de la fe. Tras el reconocimiento público del cristianismo, los programas monumentales incorporaron con mayor libertad imágenes de Cristo, de la Virgen, de los apóstoles y de los santos.