El deseo de Dios como mera proyección psicológica
Una objeción sostiene que el hombre inventa a Dios para satisfacer su deseo de protección, inmortalidad o sentido. La crítica apunta a un riesgo real: una persona puede fabricar imágenes falsas de Dios a partir de sus necesidades o temores.
Sin embargo, la posibilidad de proyectar una imagen falsa no demuestra que Dios no exista. El hombre también puede deformar la verdad, la justicia o el amor, pero nadie concluye por ello que tales realidades sean inexistentes. La crítica psicológica puede desenmascarar ciertas representaciones religiosas, pero no resuelve la cuestión metafísica del fundamento de la inteligencia, la conciencia y el deseo de verdad.
Además, la existencia de un deseo no garantiza automáticamente la existencia de su objeto en el orden natural. El hambre no prueba que cada persona vaya a encontrar alimento concreto, ni el deseo de inmortalidad demuestra por sí solo que el hombre sea naturalmente inmortal. El argumento antropológico necesita integrar el deseo con la estructura espiritual de la persona y con la metafísica de la verdad, el bien y el ser.
La moral como producto de la evolución o de la sociedad
Otra objeción explica la moral mediante la evolución biológica, la educación o la presión social. Estos factores pueden explicar cómo determinadas conductas se transmiten o cómo una persona aprende normas, pero no agotan la cuestión de su validez.
Una explicación causal del origen de una creencia no demuestra que la creencia sea falsa. La evolución puede describir el desarrollo de determinadas capacidades morales, pero queda pendiente la pregunta por la verdad del juicio moral: ¿por qué una conducta resulta realmente justa y otra injusta, incluso cuando la sociedad las aprueba o rechaza al contrario?
La antropología católica admite la dimensión histórica y social del hombre, pero sostiene que la persona posee una ley moral inscrita en su naturaleza y orientada al bien objetivo.
La libertad como ilusión cerebral
Algunas concepciones materialistas reducen la libertad a procesos neuronales. El cerebro interviene claramente en las operaciones humanas, pero la dependencia de la actividad intelectual respecto del cerebro no prueba que el pensamiento se reduzca a procesos físico-químicos.
La persona puede reflexionar sobre sus propios pensamientos, evaluar motivos, reconocer errores y orientar su conducta hacia fines comprendidos intelectualmente. La deliberación presupone la capacidad de juzgar razones, no sólo la sucesión de estados físicos. La reducción de la libertad a causalidad material también debilita la confianza en la racionalidad de la propia tesis, porque convertiría toda convicción en el resultado necesario de procesos que no responden a la verdad.
El sufrimiento y el mal
El sufrimiento constituye una de las objeciones más profundas contra la existencia de Dios. Si Dios es bueno y omnipotente, ¿por qué permite el mal?
El argumento antropológico no ofrece por sí solo una respuesta completa al problema del mal. Sí permite advertir que la indignación ante la injusticia presupone una medida objetiva del bien y que el rechazo del mal resulta difícil de fundamentar dentro de un universo puramente indiferente.
La fe cristiana añade una respuesta decisiva: Dios no permanece distante ante el sufrimiento humano. En Jesucristo, el Verbo asume la condición humana, atraviesa el dolor y vence la muerte mediante la resurrección. La respuesta cristiana no convierte el mal en un bien ni elimina el misterio, pero afirma que el sufrimiento puede recibir una respuesta redentora dentro de la historia de la salvación.