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Argumento cosmológico sobre la existencia de Dios

El argumento cosmológico reúne diversos razonamientos filosóficos que parten de la existencia, el cambio, la contingencia, el orden o la inteligibilidad del mundo para llegar racionalmente a la afirmación de una causa primera, un ser necesario y un fundamento último de toda realidad, identificado por la filosofía clásica con Dios. La tradición católica considera que la razón humana puede conocer con certeza la existencia de Dios a partir de las criaturas, aunque este conocimiento no equivale todavía a la visión de Dios ni sustituye la fe y la revelación sobrenatural.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreArgumento cosmológico
CategoríaTérmino
DescripciónFamilia de argumentos que, a partir de hechos como movimiento, causalidad, contingencia, grados de perfección y orden, afirman la existencia de un ser necesario, causa primera e inteligencia creadora. Razonamientos filosóficos que parte de la existencia, el cambio, la contingencia, el orden o la inteligibilidad del mundo para concluir en la existencia de una causa primera, un ser necesario y fundamento último de toda realidad, identificado como Dios. El argumento cosmológico reúne diversas formulaciones que observan hechos del mundo (cambio, causalidad, contingencia, grados de perfección, orden) y deducen la necesidad de una realidad primera, no causada, pura acto, que la tradición católica identifica con Dios. Está desarrollado en la filosofía clásica, sistematizado por Santo Tomás de Aquino en sus cinco vías y reafirmado por la Iglesia, especialmente en el Concilio Vaticano I, que sostiene que la razón natural puede conocer a Dios a través de la creación
ContextoTradición católica, filosofía clásica y escolástica, enseñanza de la Suma Teológica de Tomás de Aquino, documentos del Concilio Vaticano I.
Contexto HistóricoFormulado por filósofos clásicos, formalizado por Santo Tomás de Aquino en el siglo XIII y defendido por la Iglesia en el siglo XIX (Vaticano I).
Enseñanzas PrincipalesVía del movimiento (primer motor inmóvil); Vía de la causalidad eficiente (causa primera no causada); Vía de la contingencia (ser necesario); Vía de los grados de perfección (plena plenitud del ser); Vía del orden del mundo (inteligencia providente)
ImportanciaProporciona una vía racional para conocer la existencia de Dios, fundamenta la relación entre fe y razón y sirve de base para la teología natural católica.
Importancia EclesialLa Iglesia enseña que la razón natural, mediante el argumento cosmológico, puede reconocer con certeza la existencia de Dios, complementando la revelación sobrenatural.
TipoDoctrina

Tabla de contenido

Concepto y finalidad

La palabra cosmológico procede del término griego κόσμος, que significa «mundo» u «orden». El argumento cosmológico no constituye una única demostración con una formulación universalmente aceptada, sino una familia de argumentos que consideran distintos rasgos de la realidad creada.

Todos ellos comparten una estructura básica:

  1. El mundo presenta hechos que requieren explicación: cambio, causalidad, existencia contingente, orden o grados de perfección.
  2. Esos hechos no contienen en sí mismos la explicación completa de su existencia o de su actividad.
  3. Una cadena de realidades dependientes no puede ofrecer una explicación última si carece de un fundamento primero.
  4. Por tanto, resulta necesario afirmar una realidad primera, necesaria y no causada, que recibe el nombre de Dios.

Una formulación clásica de esta idea describe el argumento cosmológico como la búsqueda de «una causa o fundamento autosuficiente y explicativo de todo ser y actividad», capaz de ofrecer una explicación última de la experiencia externa y de la conciencia humana.1

El argumento no pretende explicar un acontecimiento concreto del universo mediante una causa física anterior. Su objetivo alcanza un nivel más radical: pregunta por qué existe algo en vez de nada, por qué las cosas poseen realidad y orden, y qué sostiene en último término la existencia de todo cuanto encontramos.

La doctrina católica sobre la capacidad natural de la razón

La Iglesia católica enseña que Dios puede ser conocido por la razón humana a partir de las criaturas. El Concilio Vaticano I definió que Dios, «principio y fin de todas las cosas», puede ser conocido con certeza mediante la luz natural de la razón a través de las realidades creadas.2

Esta enseñanza concuerda con la doctrina bíblica de san Pablo:

«Lo invisible de Dios, su eterno poder y su divinidad, se hacen visibles a la inteligencia a través de sus obras».3

El Catecismo de la Iglesia Católica resume los principales puntos de partida de esta búsqueda racional:

«Partiendo del movimiento, del devenir, de la contingencia, del orden y de la belleza del mundo, se puede llegar a conocer a Dios como origen y fin del universo».4

La Iglesia distingue, sin embargo, entre dos órdenes de conocimiento:

  • El conocimiento natural de Dios, alcanzable por la razón a partir de las criaturas.
  • El conocimiento sobrenatural, recibido mediante la revelación y la fe, que permite conocer los misterios divinos inaccesibles a la sola razón, como la Trinidad y la Encarnación.

La existencia de Dios puede constituir, en terminología tomista, un preámbulo de la fe: una verdad que la razón puede alcanzar y que prepara el asentimiento a los artículos revelados. Santo Tomás de Aquino explica que una persona puede aceptar por fe una verdad que, considerada en sí misma, también resulta demostrable racionalmente, porque no todos poseen la misma capacidad para comprender una demostración.5

El razonamiento a posteriori

Santo Tomás distingue entre dos clases de demostración:

  • La demostración a priori parte de una causa conocida y llega a su efecto.
  • La demostración a posteriori parte de un efecto conocido y asciende racionalmente hasta su causa.

En el caso de Dios, la razón humana no conoce inmediatamente la esencia divina. Conoce primero el mundo creado y, a partir de sus efectos, puede concluir que existe una causa primera. Santo Tomás sostiene que, cuando el efecto resulta más conocido para nosotros que su causa, podemos proceder desde el efecto hasta la causa.3

Este procedimiento no proporciona un conocimiento exhaustivo de Dios. La criatura finita no puede abarcar la esencia infinita. No obstante, permite conocer que Dios existe, aunque no permita comprender perfectamente quién es Dios en sí mismo.5

Las cinco vías de Santo Tomás de Aquino

La formulación más conocida del argumento cosmológico dentro de la tradición católica aparece en las cinco vías de la Suma teológica, I, cuestión 2, artículo 3. Santo Tomás no presenta cinco dioses ni cinco causas primeras, sino cinco caminos racionales que parten de diferentes aspectos de la experiencia para llegar a Dios.

La vía del movimiento

La primera vía parte del movimiento. En el lenguaje filosófico aristotélico, movimiento no significa únicamente desplazamiento local. Comprende todo paso de la potencia al acto: el paso de una capacidad real a su actualización.

Una cosa puede llegar a ser algo que todavía no es en acto, pero que puede llegar a ser. La madera puede calentarse porque posee la capacidad de recibir calor; el fuego, que ya está caliente en acto, actualiza esa capacidad. Aquello que pasa de la potencia al acto necesita la acción de algo que ya esté en acto respecto de esa perfección.6

Santo Tomás añade que una misma realidad no puede ser, bajo el mismo aspecto y al mismo tiempo, acto y potencia de una misma perfección. Por ello, nada puede actualizarse completamente a sí mismo en el mismo sentido.6

La cadena de motores subordinados no puede prolongarse indefinidamente si cada uno recibe de otro la capacidad actual de mover. Una serie formada enteramente por instrumentos no tendría eficacia sin un agente principal. La conclusión afirma la existencia de un primer motor inmóvil, que no necesita ser movido por otro y al que todos llaman Dios.6

El término «inmóvil» no significa inerte o pasivo. Significa que Dios no recibe de otro la actualidad de su ser ni necesita una causa que lo actualice.

La vía de la causalidad eficiente

La segunda vía parte de las causas eficientes, es decir, de aquellas realidades que producen efectos. En el mundo encontramos seres que reciben de otros su actividad y su eficacia. Un hijo recibe la vida de sus padres; una obra depende del artista; una alteración física depende de condiciones anteriores.

Santo Tomás sostiene que nada puede ser causa eficiente de sí mismo, porque tendría que existir antes que él mismo para producirse. Por tanto, las causas eficientes que observamos dependen de otras.7

La cuestión no consiste simplemente en negar una cadena temporal infinita. La segunda vía considera principalmente una serie de causas esencialmente subordinadas, en la que cada causa actúa aquí y ahora porque recibe su poder causal de otra. Si no existiera una causa primera, tampoco existirían las causas intermedias ni los efectos finales.

La conclusión afirma una causa eficiente primera no causada, que posee en sí misma la razón de su existencia y de su acción. Esa causa primera es Dios.1

La vía de la contingencia

La tercera vía parte de la diferencia entre seres contingentes y seres necesarios.

Un ser contingente puede existir o no existir. Las plantas, los animales, los seres humanos, los astros y todas las realidades materiales aparecen, cambian y desaparecen. Ninguno posee en sí mismo la razón completa de su existencia.

Si toda la realidad estuviera compuesta únicamente por seres contingentes, habría que explicar por qué existe el conjunto de esos seres. La suma de realidades dependientes no se convierte por sí sola en una realidad independiente. Una cadena indefinida de seres contingentes seguiría careciendo de un fundamento necesario.

La vía concluye afirmando un ser necesario, cuya existencia no depende de otro. La tradición metafísica identifica este ser necesario con Dios. La formulación clásica presenta la contingencia del mundo como una razón para afirmar una realidad que posee en sí misma el fundamento suficiente de su existencia.1

La necesidad divina no equivale a una obligación impuesta desde fuera. Dios es necesario porque su ser no puede depender de una causa anterior ni recibir de otro la existencia.

La vía de los grados de perfección

La cuarta vía parte de los grados de perfección que encontramos en las cosas. Decimos que unas realidades son más verdaderas, buenas, nobles o bellas que otras. Estas comparaciones no expresan únicamente preferencias subjetivas, sino que presuponen algún criterio de plenitud.

Santo Tomás argumenta que las perfecciones presentes de modo limitado en las criaturas remiten a una fuente en la que esas perfecciones existen de manera plena. La bondad de las criaturas no constituye su propia fuente última, porque las criaturas reciben el ser y las perfecciones que poseen.8

Esta vía no sostiene que Dios sea simplemente el miembro superior de una escala dentro del universo. Dios no ocupa el grado máximo de una serie de seres comparables. Él es la plenitud del ser, la bondad absoluta y el fundamento de toda perfección creada.

La vía del orden del mundo

La quinta vía considera el orden, la regularidad y la orientación de las realidades naturales. Muchos seres carecen de inteligencia, pero actúan de manera regular y convergen hacia resultados determinados. Las leyes naturales, la estructura de los organismos y la coordinación de los procesos cósmicos manifiestan una inteligibilidad que la razón puede investigar.

Santo Tomás sostiene que las realidades naturales tienden a fines no por conocimiento propio, sino bajo la dirección de una inteligencia. Utiliza la comparación de una flecha que alcanza el blanco porque la dirige el arquero.7

La conclusión afirma una inteligencia ordenadora y providente, principio del orden del universo. Esta inteligencia es Dios.

La quinta vía no equivale necesariamente a una versión simplista del argumento del diseño. No pretende localizar una intervención extraordinaria que sustituya a las causas naturales. Afirma que la misma capacidad de las causas naturales para actuar regularmente y dirigirse a fines depende, en último término, de una inteligencia creadora.

Relación entre las cinco vías

Las cinco vías parten de perspectivas diferentes:

  • La primera considera el cambio.
  • La segunda considera la causalidad eficiente.
  • La tercera considera la contingencia.
  • La cuarta considera los grados de perfección.
  • La quinta considera el orden y la finalidad.

Todas convergen en una realidad que no depende de otra. La tradición escolástica interpreta esa realidad como acto puro, causa primera, ser necesario, plenitud de perfección e inteligencia providente.

El razonamiento no funciona como una suma aritmética de pruebas independientes. Cada vía ilumina un aspecto de la dependencia radical de las criaturas respecto de Dios. La tradición católica ha considerado que los distintos argumentos cosmológicos constituyen formulaciones parciales de una búsqueda común del fundamento último de la realidad.1

Creación y dependencia radical

La conclusión cosmológica adquiere su pleno sentido dentro de la doctrina cristiana de la creación. Crear no significa únicamente producir algo en un momento remoto del pasado. En sentido metafísico, significa comunicar el ser.

Dios no actúa como un artesano que transforma una materia preexistente. La doctrina cristiana confiesa la creación ex nihilo, es decir, «de la nada»: todo cuanto existe fuera de Dios recibe de Él su existencia. La criatura depende de Dios no sólo en su origen temporal, sino en cada instante de su existencia.

Por esta razón, incluso un universo sin comienzo temporal seguiría necesitando a Dios como creador. La cuestión de la creación no coincide con la cuestión física de si el universo tuvo un primer momento mensurable. Santo Tomás sostuvo que la razón filosófica no puede demostrar por sí sola que el mundo haya comenzado temporalmente; la fe recibe esta verdad de la revelación. La dependencia creadora, en cambio, expresa una relación ontológica: las criaturas existen porque reciben el ser de Dios.

La cosmología teológica interpreta toda la realidad como creada, sostenida y gobernada por Dios. También relaciona el universo con su origen y destino trascendentes, sin negar la consistencia propia de las causas naturales.9

El argumento cosmológico y la cosmología científica

La cosmología científica estudia el universo físico mediante la observación, la formulación matemática y la explicación de sus procesos naturales. El argumento cosmológico pertenece principalmente a la metafísica, porque pregunta por el fundamento último del ser y no sólo por el funcionamiento de los fenómenos.

Ambos campos pueden dialogar, pero no deben confundirse:

  • La ciencia investiga cómo evoluciona el universo.
  • La filosofía pregunta por qué existe una realidad capaz de evolucionar.
  • La teología confiesa que el universo creado depende de Dios y se orienta hacia Él.

El modelo de expansión cósmica y la teoría del comienzo caliente del universo pueden guardar una cierta consonancia con la doctrina de la creación, pero no constituyen una demostración científica de la existencia de Dios. La expansión cósmica describe una fase inicial de la evolución física conocida por la ciencia; la creación afirma la dependencia de todo ser respecto de Dios.10

La identificación apresurada entre el comienzo físico del universo y la creación divina produce un error de categoría. El comienzo temporal, aunque llegara a demostrarse con precisión, no explicaría por sí mismo por qué existe el universo ni por qué posee leyes, orden e inteligibilidad.

La Iglesia ha promovido el diálogo entre ciencia y teología desde la convicción de que la fe y la razón no son enemigas. La investigación científica puede describir la naturaleza con sus propios métodos, mientras que la teología interpreta la realidad dentro del horizonte de la creación, la providencia y el destino último.9

El principio de causalidad y la razón suficiente

Los argumentos cosmológicos utilizan, con diferentes formulaciones, el principio de causalidad. Este principio sostiene que lo que comienza a existir, cambia o depende de otro requiere una causa o explicación adecuada.

La versión más amplia del argumento emplea el principio de razón suficiente: todo aquello que no posee en sí mismo la razón de su existencia exige un fundamento suficiente. Las criaturas no explican plenamente su propio ser, porque podrían no haber existido y porque reciben de otros las perfecciones que poseen.

El principio no exige que todo tenga una causa del mismo tipo. Las causas físicas explican transformaciones físicas; una causa metafísica explica la dependencia del ser. Dios no pertenece a la serie de objetos que necesitan una causa exterior. Si Dios necesitara otra causa para existir, no constituiría el fundamento último buscado por el argumento.

Dios como acto puro

La metafísica tomista interpreta la conclusión de las vías mediante la doctrina del acto y la potencia.

  • La potencia designa una capacidad real de llegar a ser o de recibir una perfección.
  • El acto designa la perfección ya realizada.

Las criaturas combinan acto y potencia. Pueden cambiar porque poseen capacidades todavía no actualizadas. También dependen de otros porque no poseen por sí mismas la plenitud del ser.

Dios, en cambio, es acto puro: no recibe una perfección que antes le faltara, no pasa de la potencia al acto y no depende de una causa superior. El primer motor inmóvil, la causa primera y el ser necesario no son entidades físicas situadas en un punto inicial del universo; expresan la absoluta independencia de Dios respecto de cualquier causa creada.

La teología de Santo Tomás presenta a Dios como aquel cuya actualidad funda la actividad de las criaturas. La creación participa del acto divino sin confundirse con Dios: Dios permanece trascendente, mientras las causas naturales conservan una verdadera capacidad de actuar.11

Objeciones y respuestas

«¿Quién creó a Dios?»

La pregunta presupone que todo cuanto existe necesita una causa del mismo modo. El argumento cosmológico no afirma eso. Afirma que las realidades contingentes, cambiantes o dependientes necesitan una causa. Dios no es contingente ni dependiente: es el ser necesario y la causa primera.

Preguntar por la causa de Dios equivaldría a negar la conclusión antes de examinarla. Si Dios necesitara una causa, no sería Dios en el sentido propio del argumento.

«Una cadena infinita podría explicar el universo»

Una serie temporal infinita no queda automáticamente excluida por todos los argumentos cosmológicos. La cuestión decisiva consiste en determinar si una sucesión de causas dependientes puede proporcionar por sí sola un fundamento último.

Una cadena de causas esencialmente subordinadas necesita una causa primera actual. Cada miembro recibe de otro la capacidad causal que ejerce. Multiplicar indefinidamente los instrumentos no elimina la necesidad de un agente principal. Santo Tomás ilustra esta dependencia mediante una mano que mueve un bastón: el bastón mueve porque recibe el movimiento de la mano.6

«La física cuántica refuta la causalidad»

Los fenómenos físicos descritos por la teoría cuántica pueden presentar resultados no deterministas en el sentido clásico. Sin embargo, la ausencia de determinismo físico no equivale a la ausencia de toda explicación ni demuestra que algo surja literalmente de la nada.

El argumento cosmológico no depende de que cada acontecimiento físico tenga una causa mecánica predecible. Pregunta por la existencia de las realidades físicas, por las condiciones que permiten sus leyes y por la razón última de que exista un universo en el que ocurran fenómenos cuánticos.

«El universo podría ser un hecho bruto»

Llamar «hecho bruto» al universo significa afirmar que existe sin explicación ulterior. Esta postura puede formularse de modo coherente, pero no constituye una refutación lógica del argumento cosmológico. El debate gira en torno a si la razón debe aceptar una realidad contingente sin fundamento o si resulta más racional afirmar un ser necesario.

La tradición católica considera que la inteligibilidad del mundo invita a buscar una explicación última y que la razón puede ascender desde las criaturas hasta Dios.4

«El orden natural puede explicarse mediante la evolución»

La evolución biológica explica, mediante procesos naturales, la diversificación y adaptación de los seres vivos. No responde por sí sola a la cuestión metafísica del fundamento del ser, de las leyes naturales, de la racionalidad del universo o de la existencia de la vida.

La teología católica no necesita oponer la acción creadora de Dios a las causas naturales. Dios puede actuar como causa primera precisamente a través de causas segundas auténticas. Una explicación biológica completa en su propio ámbito no elimina la dependencia de toda realidad respecto del Creador.

«El argumento sólo conduce a una causa impersonal»

Algunas formulaciones cosmológicas llegan inicialmente a conceptos como causa primera, ser necesario o fundamento del ser. Estos conceptos todavía no contienen toda la riqueza del Dios bíblico.

La razón puede avanzar desde ellos hacia atributos divinos como la unidad, la simplicidad, la eternidad, la inteligencia y la bondad. Sin embargo, la Trinidad, la Encarnación y la economía de la salvación sólo pueden conocerse mediante la revelación. El argumento cosmológico prepara el reconocimiento racional de Dios, pero no produce por sí mismo la fe cristiana.

Alcance y límites del argumento

El argumento cosmológico no pretende:

  • describir la composición física del universo;
  • sustituir la investigación científica;
  • demostrar todos los atributos de Dios en un solo razonamiento;
  • explicar el misterio de la Santísima Trinidad;
  • producir automáticamente la conversión o la vida de fe;
  • identificar sin más el comienzo físico del universo con la creación.

Su finalidad consiste en mostrar que el mundo no ofrece una explicación completa de sí mismo y que la razón puede reconocer una realidad trascendente como fundamento de todo cuanto existe.

Santo Tomás admite que los efectos creados no son proporcionales a la infinitud divina. Por ello, la razón puede demostrar la existencia de Dios a partir de las criaturas, pero no puede conocer perfectamente la esencia divina mediante ellas.5

Argumento cosmológico, fe y vida cristiana

El conocimiento racional de Dios posee una dimensión existencial. El mundo no aparece ante la mirada cristiana como una realidad cerrada sobre sí misma, sino como creación recibida. La belleza, el orden y la bondad de las criaturas pueden despertar la admiración y conducir a la alabanza.

San Agustín expresa esta intuición contemplando la belleza del cielo, del mar y de la tierra: las criaturas cambiantes proclaman la existencia de una belleza que no cambia. El Catecismo incorpora esta tradición al presentar la belleza del mundo como camino hacia el Creador.4

La razón filosófica y la fe cristiana mantienen una relación de continuidad y diferencia:

  • La razón descubre que Dios existe.
  • La revelación manifiesta quién es Dios y qué ha realizado por la humanidad.
  • La fe permite acoger a Dios como Padre, mediante Jesucristo, en el Espíritu Santo.
  • La vida cristiana responde al Creador con adoración, acción de gracias y obediencia.

Valor del argumento en la tradición católica

La Iglesia no identifica la doctrina de Dios con una única escuela filosófica. A lo largo de la historia, distintos autores han empleado argumentos basados en el movimiento, la causalidad, la contingencia, la moralidad, la belleza, la conciencia y la inteligibilidad.

El Concilio Vaticano I quiso afirmar la capacidad natural de la razón para conocer a Dios sin imponer una única formulación técnica. Durante los debates conciliares, algunos padres propusieron mencionar expresamente los argumentos metafísicos, cosmológicos y morales, pero el texto definitivo prefirió una expresión más amplia: Dios puede conocerse con certeza mediante la luz natural de la razón a través de las cosas creadas.12

Esta formulación permite reconocer la legitimidad de diferentes caminos filosóficos sin convertir una determinada demostración en condición exclusiva de la fe católica.

Conclusión

El argumento cosmológico parte de la experiencia del mundo y asciende hacia su fundamento último. El cambio remite al acto, la causalidad remite a una causa primera, la contingencia remite a un ser necesario, los grados de perfección remiten a la plenitud del ser y el orden del universo remite a una inteligencia providente.

La doctrina católica sostiene que Dios puede ser conocido con certeza por la razón natural a partir de las criaturas. La ciencia explica los procesos del universo; la metafísica pregunta por su fundamento; la teología confiesa que todo cuanto existe recibe el ser de Dios y permanece orientado hacia Él. El comienzo físico del universo puede armonizar con la doctrina de la creación, pero no la demuestra por sí mismo.

El argumento cosmológico no encierra a Dios en una fórmula ni agota el misterio divino. Conduce racionalmente hasta la afirmación de un ser primero, necesario, inteligente y trascendente. La revelación cristiana permite reconocer en ese fundamento del ser al Dios vivo de la Biblia, creador del cielo y de la tierra, que llama a la humanidad a participar de su vida.

Citas y referencias

  1. La existencia de Dios. Enciclopedia Católica, La existencia de Dios (1913). 2 3 4
  2. La existencia de Dios: ¿Puede demostrarse? , Lawrence Dewan, O.P. La existencia de Dios: ¿Puede demostrarse? , 1 (2012).
  3. Primera parte - La existencia de Dios - ¿Puede demostrarse que Dios existe? , Tomás de Aquino. Summa Theologiae, I, Q. 2, A. 2, co. (1274). 2
  4. Capítulo uno: La capacidad del hombre para Dios. Catecismo de la Iglesia Católica, 32 (1992). 2 3
  5. Primera parte - La existencia de Dios - ¿Puede demostrarse que Dios existe? , Tomás de Aquino. Summa Theologiae, I, Q. 2, A. 2 (1274). 2 3
  6. Primera parte - La existencia de Dios - ¿Existe Dios? , Tomás de Aquino. Summa Theologiae, I, Q. 2, A. 3, co. (1274). 2 3 4
  7. Libro I: De Dios como es en sí mismo - Capítulo 13 - Razones en la prueba de la existencia de Dios, Tomás de Aquino. Summa Contra Gentiles, 13 (1265). 2
  8. División de la primera parte del texto, Tomás de Aquino. Comentario a las Sentencias, I.D3.div1 (1252).
  9. Michael A. Hoonhout. Tomás de Aquino y la necesidad de una cosmología teológica contemporánea, 3 (2005). 2
  10. Wolfhart Pannenberg. Fe en Dios el Creador y la Cosmología Científica, 3 (2001).
  11. Construyendo una cosmología teológica a partir de la teología de Tomás de Aquino, Michael A. Hoonhout. Tomás de Aquino y la necesidad de una cosmología teológica contemporánea, 11 (2005).
  12. Lawrence Dewan, O.P. La existencia de Dios: ¿Puede demostrarse? , 4 (2012).
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