«La matemática es una construcción humana»
Una objeción sostiene que la matemática funciona porque los seres humanos seleccionan los aspectos de la naturaleza que pueden describirse matemáticamente. Las teorías que no encuentran aplicación desaparecen del ámbito de la física, mientras que las útiles reciben atención y desarrollo. Desde esta perspectiva, la eficacia matemática podría reflejar una selección metodológica y no un orden divino.
La objeción posee fuerza parcial. Las matemáticas utilizadas en la ciencia dependen de decisiones humanas: definiciones, sistemas de símbolos, idealizaciones y modelos. Sin embargo, esa dependencia no explica completamente por qué estructuras abstractas alcanzan predicciones nuevas, precisas y tecnológicamente fecundas. La cuestión reaparece: ¿por qué la naturaleza admite esa selección y por qué la mente puede realizarla con éxito?
«La eficacia basta como hecho bruto»
El naturalista puede afirmar que la correspondencia entre mente, matemática y materia constituye un hecho básico que no necesita explicación ulterior. Toda teoría debe aceptar algunos puntos de partida, y la ciencia puede comenzar con la regularidad de la naturaleza sin introducir a Dios.
Esta respuesta resulta coherente dentro de un naturalismo metodológico, pero no resuelve la cuestión metafísica. Explica cómo trabaja la ciencia, no por qué existen las condiciones que hacen posible su trabajo. La ciencia puede tomar la inteligibilidad como supuesto operativo; la filosofía pregunta por su fundamento último. Algunos filósofos consideran legítimo detenerse en el hecho bruto, mientras que la perspectiva metafísica sostiene que la razón busca una explicación más profunda.
«El orden no implica una persona»
Otra objeción acepta que el universo posee orden, pero rechaza que dicho orden remita a una inteligencia personal. Podría bastar una estructura impersonal, una necesidad matemática o un conjunto de leyes fundamentales.
La respuesta católica distingue entre una ley y el fundamento del ser de aquello que obedece la ley. Una ecuación no existe como causa eficiente de los objetos que describe. Además, una explicación puramente impersonal deja pendientes cuestiones como la existencia de la verdad, la racionalidad, la libertad y el valor moral.
El argumento matemático no demuestra por sí solo todos los atributos del Dios cristiano. Para alcanzar la doctrina de la Trinidad, la encarnación y la redención hace falta la revelación histórica de Jesucristo. No obstante, la inteligencia ordenadora sugerida por la inteligibilidad del mundo resulta compatible con el Dios creador de la fe bíblica y prepara racionalmente la afirmación de que el universo depende de una Razón trascendente.
«La matemática no demuestra nada sobre Dios»
La crítica más rigurosa afirma que las matemáticas describen relaciones formales, mientras que Dios pertenece al ámbito de la metafísica y de la teología. Una ecuación no contiene una premisa religiosa y ninguna deducción matemática puede establecer directamente que Dios existe.
Esta objeción acierta al recordar el alcance limitado del argumento. La eficacia matemática no constituye una prueba matemática de Dios. El razonamiento adopta la forma de una inferencia filosófica abductiva, es decir, una búsqueda de la mejor explicación de un conjunto de hechos: la regularidad, la inteligibilidad, la correspondencia entre mente y mundo y la fecundidad de las estructuras matemáticas.
La conclusión no posee el mismo género que un teorema. La certeza metafísica no coincide con la demostración matemática, aunque la diferencia entre ambas no implique necesariamente una diferencia de firmeza racional. La filosofía católica sostiene que la razón puede alcanzar la existencia de Dios mediante argumentos a posteriori, es decir, partiendo de la realidad experimentada y ascendiendo hacia su fundamento.