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Argumento de la razón sobre la existencia de Dios

El argumento de la razón sobre la existencia de Dios designa el conjunto de razonamientos filosóficos mediante los cuales la inteligencia humana, partiendo de la experiencia del mundo, puede reconocer la existencia de un fundamento último, necesario, inteligente y trascendente de todo cuanto existe. La tradición católica sostiene que la razón natural puede alcanzar con certeza que Dios existe, aunque sólo la revelación divina permite conocer plenamente quién es Dios y acoger el misterio de la Trinidad.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreArgumento de la razón sobre la existencia de Dios
CategoríaTérmino
DescripciónLa razón natural, a partir de hechos como el cambio, la causalidad, la contingencia, los grados de perfección y el orden finalista, conduce a la conclusión de que Dios es la causa primera y el ser necesario. Conjunto de razonamientos filosóficos que parte de la experiencia del mundo para reconocer la existencia de un fundamento último, necesario, inteligente y trascendente de todo lo que existe
Referencias
ContextoFilosofía de la religión, metafísica y teología fundamental; la Iglesia enseña la cognoscibilidad natural de Dios (Concilio Vaticano I) y lo reafirma en la encíclica Fides et Ratio (Juan Pablo II).
Contexto HistóricoDesarrollado en la tradición escolástica, particularmente por Santo Tomás de Aquino (las cinco vías) y discutido por Anselmo, Agustín y la enseñanza magisterial contemporánea.
Enseñanzas Principales1) La razón puede demostrar la existencia de Dios. 2) Existen cinco vías tomistas (movimiento, causas eficientes, contingencia, grados de perfección y finalidad). 3) La razón no alcanza la esencia divina ni los misterios revelados; la fe los completa.
ImportanciaFundamento apologético que muestra la compatibilidad entre razón y fe y sirve de preámbulo a la aceptación doctrinal de la fe cristiana.
Importancia EclesialConfirmada por la magisterio católica como parte esencial del conocimiento natural de Dios y como apoyo a los misterios de la Trinidad, Encarnación y gracia.
TipoDoctrina

Tabla de contenido

Concepto y alcance

La cuestión de la existencia de Dios pertenece al ámbito de la filosofía de la religión, la metafísica y la teología fundamental. No pregunta todavía qué ha revelado Dios sobre sí mismo, sino si la realidad creada conduce racionalmente a afirmar la existencia de un principio primero.

La afirmación cristiana no identifica a Dios con una energía impersonal, con el conjunto del universo ni con una hipótesis científica. Dios designa al Ser subsistente por sí mismo, es decir, aquel cuya existencia no depende de otro y que constituye la causa última de todos los seres dependientes. La reflexión metafísica llega a Dios como causa primera, fundamento del ser, verdad suprema y bien sumo; la fe cristiana reconoce además en ese Dios al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.1

La razón parte de realidades accesibles a la experiencia: el cambio, la causalidad, la contingencia, los grados de perfección y el orden finalista de la naturaleza. Desde esos efectos, que conocemos de modo inmediato, asciende hacia su causa última. Santo Tomás de Aquino denomina demostración a posteriori al razonamiento que procede desde los efectos hacia la causa; distingue este procedimiento de la demostración a priori, que partiría de la causa para explicar sus efectos.2

El término demostración no significa aquí una prueba experimental semejante a las que emplean la física o la química. La demostración metafísica muestra que ciertos datos fundamentales de la experiencia sólo reciben una explicación suficiente mediante la existencia de Dios. Su objeto no consiste en observar directamente a Dios, sino en reconocer racionalmente la necesidad de un fundamento que trasciende el mundo.

La posibilidad de conocer a Dios mediante la razón

La Iglesia enseña que Dios puede ser conocido por la razón humana a partir de las criaturas. El Concilio Vaticano I formuló esta doctrina al afirmar la cognoscibilidad natural de Dios, y san Juan Pablo II recordó que la existencia de Dios, principio y fin de todas las cosas, pertenece al ámbito del conocimiento natural. La misma encíclica distingue dos órdenes de conocimiento: el de la razón y el de la fe. Ambos proceden de Dios y, por ello, no pueden contradecirse verdaderamente.3

La razón humana posee capacidad para conocer realidades inmateriales. Esta capacidad no funciona mediante una intuición directa de la esencia divina, sino mediante conceptos obtenidos de las criaturas y aplicados a Dios de modo analógico. La analogía permite afirmar que Dios es bueno, inteligente o sabio sin atribuirle esas perfecciones exactamente del mismo modo limitado en que aparecen en las criaturas. La criatura posee bondad y sabiduría de forma participada; Dios las posee de manera originaria y plena.4

Santo Tomás distingue entre dos afirmaciones:

  • Dios existe en sí mismo de manera evidente, porque en Dios esencia y existencia coinciden.
  • La existencia de Dios no resulta evidente para nosotros, porque no conocemos directamente la esencia divina.

Por este motivo, la mente humana necesita partir de los efectos creados. La existencia de Dios no funciona para nosotros como un principio inmediatamente evidente, aunque Dios constituya en sí mismo la explicación suprema de todo lo real.2

El deseo humano de felicidad puede orientar hacia Dios, pero no equivale todavía a una demostración completa. El ser humano busca naturalmente el bien y la felicidad; sin embargo, muchas personas identifican la felicidad con las riquezas, el placer, el poder o cualquier otro bien limitado. El deseo universal de felicidad apunta hacia el Bien supremo, pero la inteligencia debe continuar su búsqueda para reconocer que ese Bien es Dios.2

El principio de razón suficiente y la causalidad

El argumento racional presupone que la realidad posee una estructura inteligible. El principio de razón suficiente afirma que todo lo que existe o acontece posee una razón proporcionada de su existencia o de su realización: dicha razón puede encontrarse en la naturaleza de la cosa o en una causa distinta de ella. Un ser que no existe por necesidad no puede explicar por sí solo su propia existencia.5

La causalidad no significa únicamente que un acontecimiento preceda a otro en el tiempo. En la metafísica clásica, una causa es aquello de lo que depende el ser, el cambio o la actividad de otra realidad. Una semilla puede ser causa del crecimiento de una planta; una causa eficiente produce un efecto; una causa final explica la orientación de una actividad hacia un resultado.

El razonamiento teísta no afirma simplemente que todo tiene una causa y luego pregunta quién causó a Dios. Afirma algo más preciso:

  1. Todo ser que recibe su existencia de otro necesita una causa.
  2. El universo y las realidades que encontramos en él muestran dependencia, cambio y contingencia.
  3. Una serie de realidades dependientes no puede explicar por sí misma la existencia de toda la serie.
  4. La explicación última exige un ser que exista por sí mismo y no reciba el ser de otro.

Dios no aparece dentro de la cadena como un eslabón adicional. Constituye el fundamento de la cadena completa. Preguntar quién causó a Dios supondría atribuirle dependencia, precisamente lo contrario de lo que significa un ser necesario o causa primera.

Las cinco vías de Santo Tomás de Aquino

Santo Tomás de Aquino expone en la Suma teológica cinco caminos racionales hacia la existencia de Dios. No presenta cinco dioses ni cinco pruebas completamente independientes, sino cinco perspectivas metafísicas que parten de distintos rasgos de la experiencia.2

La vía del movimiento o del cambio

La primera vía parte del movimiento, entendido en sentido filosófico como paso de la potencia al acto. Algo está en potencia cuando puede llegar a ser de una determinada manera; está en acto cuando ya posee esa perfección. Una madera puede estar caliente en potencia; el fuego, caliente en acto, puede actualizar esa posibilidad.

Nada puede actualizarse a sí mismo bajo el mismo aspecto y en el mismo sentido. Lo que todavía puede adquirir una perfección no la posee actualmente bajo ese aspecto; por tanto, necesita una realidad que ya la posea en acto. Toda realidad que cambia recibe ese cambio de otra realidad.

La serie de causas actuales del cambio no puede prolongarse indefinidamente sin un primer principio actualizador. Santo Tomás compara esta dependencia con un bastón que sólo mueve mientras una mano lo mueve. La conclusión de la vía afirma la existencia de un Primer Motor inmóvil, no inmóvil por incapacidad, sino porque posee en plenitud el acto de ser y no necesita recibir movimiento de otro.2

Esta vía no pretende afirmar que cada acontecimiento tenga que poseer una causa temporal anterior. Su argumento se refiere principalmente a la dependencia actual de todo cambio respecto de un fundamento que lo haga posible.

La vía de las causas eficientes

La segunda vía observa un orden de causas eficientes. Ninguna cosa puede ser causa eficiente de sí misma, porque tendría que existir antes que ella misma para producirse. Todo efecto depende de una causa distinta.

Una serie de causas subordinadas requiere una causa primera. Si cada causa recibiera su poder causal de otra sin existir un fundamento primero, ningún efecto llegaría a producirse. La conclusión lleva a una Causa eficiente primera, a la que la tradición llama Dios.2

Esta vía no pretende demostrar que el universo posea necesariamente un comienzo temporal. Incluso si la creación hubiera existido desde siempre, seguiría necesitando un fundamento que le otorgase el ser en cada instante. La cuestión no consiste únicamente en saber cuándo comenzó el mundo, sino por qué existe ahora y de dónde recibe su capacidad de actuar.

La vía de la contingencia y la necesidad

La tercera vía parte de la contingencia. Un ser contingente puede existir o no existir. Las criaturas nacen, cambian y mueren; ninguna posee en sí misma la razón completa de su existencia.

Si todo cuanto existiera fuera contingente, habría que admitir que en algún momento nada habría existido. Pero de la nada absoluta nada podría comenzar a existir, porque ningún ser puede darse a sí mismo la existencia si todavía no existe. La presencia actual de seres contingentes exige, por tanto, un ser necesario.

Algunos seres pueden recibir la necesidad de otro. Sin embargo, una cadena indefinida de seres necesarios por participación no explica por qué existe la necesidad en la serie. El razonamiento culmina en un ser necesario por sí mismo, que no recibe la existencia de otro y comunica el ser a las demás realidades.2

La contingencia no equivale a afirmar que cada acontecimiento carezca de explicación científica. Una explicación física puede describir cómo surge una realidad contingente; la metafísica pregunta por qué existe una realidad física capaz de producir esos procesos.

La vía de los grados de perfección

La cuarta vía parte de los grados de bondad, verdad, nobleza y perfección que encontramos en los seres. Las cosas poseen esas perfecciones en mayor o menor grado. Llamamos a una acción más justa, a una persona más sabia o a una realidad más verdadera en comparación con un grado superior de esas perfecciones.

La vía sostiene que los grados limitados de perfección remiten a una plenitud que actúa como causa y medida. La conclusión afirma la existencia de una realidad máximamente verdadera, buena y noble, fuente de toda perfección participada: Dios.2

Esta formulación requiere una comprensión metafísica de la participación. Las criaturas no poseen el ser, la verdad o la bondad de manera absoluta; los reciben de forma limitada. Dios, en cambio, es plenitud del ser y fuente de toda perfección.

La vía del orden y de la finalidad

La quinta vía observa que los seres naturales carentes de inteligencia actúan regularmente de modo ordenado y alcanzan resultados determinados. Las plantas crecen conforme a su naturaleza, los organismos desarrollan estructuras funcionales y los procesos naturales muestran regularidades estables.

Una realidad sin conocimiento no puede dirigirse por sí misma hacia un fin si no recibe esa orientación de una inteligencia superior. Santo Tomás compara esta situación con una flecha que alcanza el blanco porque un arquero la dirige. La vía concluye que existe una inteligencia ordenadora y providente, autora del orden natural.2

La finalidad natural no elimina las causas físicas. La biología, la física y las demás ciencias describen los procesos mediante los cuales actúan los seres naturales. La quinta vía pregunta por qué esos procesos poseen regularidad, orientación y capacidad de producir resultados ordenados.

La ciencia puede ampliar el conocimiento del orden de la naturaleza sin desplazar a Dios. Las teorías evolucionistas explican determinados procesos históricos de la vida dentro del ámbito de las causas naturales; no resuelven por sí mismas la cuestión metafísica del fundamento último de la naturaleza, de sus leyes y de su inteligibilidad.6

Otras formulaciones del argumento racional

El argumento cosmológico

El argumento cosmológico parte de la existencia del universo y busca una explicación última de su ser. El universo contiene realidades cambiantes, limitadas y dependientes. Ninguna de ellas explica completamente la existencia del conjunto. La razón llega así a un fundamento trascendente, necesario y no causado.

Esta formulación engloba aspectos presentes en las tres primeras vías tomistas: cambio, causalidad y contingencia. Su fuerza no depende exclusivamente de la cuestión científica sobre el comienzo temporal del universo. Incluso un universo eterno necesitaría una causa que le comunicara el ser.

El argumento de la inteligibilidad del mundo

El mundo puede ser conocido por la inteligencia humana porque posee estructura, regularidad y orden. La investigación científica presupone que la naturaleza resulta inteligible y que la razón humana puede descubrir sus leyes. La racionalidad de la naturaleza permite preguntarse por su origen y fundamento.

La argumentación no dice que cada fenómeno inexplicado constituya una prueba de Dios. Ese procedimiento introduciría a Dios como una explicación provisional de la ignorancia humana. El argumento filosófico parte, por el contrario, de la inteligibilidad misma de la naturaleza, tanto de lo que ya conocemos como de lo que la ciencia pueda descubrir en el futuro.6

El argumento moral

La experiencia moral contiene una exigencia de bien, justicia y verdad que supera los intereses individuales. La conciencia reconoce obligaciones que no dependen simplemente del poder, de la utilidad o de la opinión mayoritaria. La existencia de valores objetivos y de una ley moral natural puede orientar hacia un fundamento trascendente del bien.

Este argumento no sostiene que una persona no creyente carezca de vida moral. Afirma que la obligación moral objetiva reclama una explicación última. Dios aparece como Bien supremo y fundamento de la verdad moral, aunque la reflexión racional todavía no alcance con ella todo el contenido de la revelación cristiana.

El argumento antropológico

La persona humana conoce la verdad, elige libremente, ama, busca sentido y se abre a bienes que superan la utilidad inmediata. La inteligencia y la voluntad poseen una dimensión espiritual que no queda plenamente explicada mediante procesos materiales.

La existencia de actos intelectuales y volitivos permite reconocer en el ser humano una dimensión espiritual. La causa primera debe poseer de modo eminente las perfecciones que aparecen en sus efectos; por ello, la reflexión sobre la inteligencia y la libertad humanas conduce hacia una causa primera inteligente y libre.5

El argumento ontológico y la crítica tomista

El argumento ontológico, formulado originalmente por san Anselmo de Canterbury, intenta demostrar la existencia de Dios a partir del concepto de Dios como aquello mayor que lo cual nada puede pensarse. Si Dios existiera sólo en el entendimiento y no en la realidad, podría pensarse algo mayor: el mismo ser existente también en la realidad. Por tanto, Dios existiría necesariamente.

Santo Tomás de Aquino rechazó que este razonamiento demostrara para nosotros la existencia de Dios. No todas las personas entienden por la palabra «Dios» exactamente la noción de aquello mayor que lo cual nada puede pensarse. Además, comprender una definición no implica que su objeto exista realmente. El concepto de Dios puede existir en la mente sin que la existencia real quede demostrada por el simple análisis del concepto.2

La crítica tomista no niega que Dios exista necesariamente. Niega que la mente humana pueda deducir directamente la existencia real de Dios a partir de una definición cuyo contenido no comprende plenamente. Para Santo Tomás, la vía ordinaria del conocimiento racional parte de las criaturas.

Razón, fe y revelación

La razón natural y la fe cristiana poseen objetos y métodos distintos, aunque no contradictorios. La razón puede llegar a afirmar que Dios existe y puede conocer algunos de sus atributos mediante las criaturas. La fe recibe de Dios verdades que superan la capacidad natural de la inteligencia, como la Trinidad, la Encarnación del Verbo y la gracia sobrenatural.

San Juan Pablo II resume esta relación mediante la unidad de la verdad: el mismo Dios ha creado la inteligencia humana y ha revelado los misterios de la fe. Dios no puede contradecirse, y por eso no existe una oposición real entre una verdad racional correctamente demostrada y una verdad revelada auténticamente comprendida.3

La filosofía puede alcanzar al Dios creador, causa primera y fundamento de la realidad. Sin embargo, no puede descubrir por sus propias fuerzas que Dios es Trinidad ni que el Hijo de Dios ha asumido la naturaleza humana. La revelación ilumina la razón y permite comprender mejor determinadas verdades naturales, pero no convierte los misterios sobrenaturales en conclusiones filosóficas.

La encíclica Fides et ratio también recuerda que la razón humana puede caer en el escepticismo, el agnosticismo o el nihilismo cuando renuncia a buscar la verdad. La fe no reemplaza la razón, y la razón no necesita cerrarse a la revelación para conservar su autonomía. La filosofía alcanza su plenitud cuando permanece abierta a toda la verdad.7

El conocimiento analógico de Dios

La razón no conoce a Dios de la misma manera en que conoce un objeto limitado. Dios no pertenece al mundo como una realidad entre otras. La inteligencia llega a Él mediante sus efectos y atribuye a Dios las perfecciones creadas de modo analógico.

Este conocimiento posee tres momentos:

  1. Afirmación: Dios es bueno, verdadero, inteligente y poderoso.
  2. Negación de la limitación: Dios no posee esas perfecciones de manera finita, imperfecta o dependiente.
  3. Eminencia: Dios posee toda perfección de una manera superior, originaria e infinita.

Por ejemplo, cuando la razón afirma que Dios es inteligente, no imagina una mente humana ampliada indefinidamente. Reconoce que la inteligencia creada participa de una inteligencia primera. Cuando afirma que Dios es bueno, no proyecta simplemente la bondad humana sobre Dios, sino que entiende la bondad creada como participación de la bondad divina.

La reflexión racional puede alcanzar que Dios es causa última, ser necesario, acto puro, verdad primera y bien supremo. No puede abarcar la esencia divina. San Agustín expresa esta desproporción al recordar que Dios conoce y quiere de modo inmutable, mientras que el ser humano conoce y quiere de forma limitada y cambiante.8

Objeciones al argumento racional

«¿Quién creó a Dios?»

La objeción confunde dos clases de realidad. El argumento no afirma que todo tenga una causa, sino que todo ser que recibe el ser o que comienza a existir necesita una causa. Dios, por definición metafísica, no recibe el ser de otro: existe por sí mismo.

Preguntar por la causa de Dios equivaldría a preguntar por la causa de una realidad que no se presenta como causada. Si Dios necesitara una causa, ya no sería el fundamento último buscado por el argumento.

«Una cadena infinita podría explicar el universo»

Una sucesión infinita de causas subordinadas no basta para explicar el poder causal que actúa aquí y ahora. Si cada causa recibe su capacidad de otra y ninguna posee causalidad por sí misma, la serie completa carece de fundamento. La argumentación tomista no niega toda sucesión indefinida en el tiempo; niega una dependencia causal sin fundamento primero.

«La ciencia explica el mundo sin Dios»

La ciencia explica fenómenos mediante causas naturales, leyes y modelos verificables. La filosofía pregunta por el fundamento de la existencia, de las leyes naturales, de la inteligibilidad y de la causalidad. Ambas preguntas no poseen idéntico objeto.

Una explicación científica puede mostrar cómo se forman las estrellas o cómo evolucionan los organismos. No determina por sí sola por qué existe una realidad ordenada capaz de producir estrellas y organismos. La explicación natural y la afirmación de una causa creadora operan en niveles distintos.

«La existencia del mal contradice la existencia de Dios»

El mal constituye una de las objeciones más profundas contra la existencia de un Dios bueno y omnipotente. Santo Tomás responde que Dios no quiere el mal por sí mismo, pero puede permitirlo dentro de un orden en el que la omnipotencia y la bondad divinas extraen bienes de males permitidos.2

La respuesta filosófica no convierte el sufrimiento en algo bueno ni elimina el escándalo del dolor. La fe cristiana añade una respuesta que la razón filosófica no puede alcanzar por completo: Dios entra en la historia, carga con el sufrimiento humano en Jesucristo y vence el pecado y la muerte mediante la cruz y la resurrección.

«La razón no puede alcanzar certezas metafísicas»

El escepticismo radical también afecta a sus propios fundamentos. Quien niega toda capacidad racional para conocer la verdad debe emplear la razón para formular esa negación. La vida científica, jurídica y cotidiana presupone que la inteligencia puede conocer algo real, distinguir la verdad del error y reconocer relaciones causales.

La razón humana no alcanza una comprensión exhaustiva de Dios, pero la falta de comprensión total no implica ausencia de conocimiento verdadero. Una persona puede conocer realmente el océano sin abarcarlo entero; de modo análogo, la inteligencia puede conocer verdaderamente a Dios sin comprender su esencia infinita.

«El argumento sólo demuestra una causa impersonal»

Algunas formulaciones cosmológicas concluyen inicialmente en una causa primera sin precisar todos sus atributos. La reflexión debe continuar. La causa última de toda realidad no puede ser un componente material más, porque también necesitaría explicación. Además, la existencia de inteligencia, verdad, libertad y finalidad en las criaturas reclama una causa que posea esas perfecciones de modo eminente.

La tradición católica identifica esa causa con un ser inteligente, libre, trascendente y personal.5

Valor apologético y límites

El argumento racional posee valor apologético, porque muestra que la fe en Dios no contradice la razón ni nace de una aceptación irracional. También ayuda a purificar falsas imágenes de Dios: Dios no es un objeto físico situado en algún lugar del universo, ni una causa entre causas, ni una explicación provisional para los fenómenos todavía desconocidos.

Sin embargo, el argumento no produce por sí solo la conversión, la oración ni la comunión con Dios. La conclusión «Dios existe» todavía necesita enriquecerse con la revelación histórica. La razón reconoce al Creador; la fe descubre al Dios que habla, establece una alianza, envía a su Hijo y comunica el Espíritu Santo.

La razón alcanza el umbral del misterio, pero no puede atravesarlo por sus propias fuerzas. El conocimiento natural reconoce a Dios como causa última, ser necesario y plenitud del ser; sólo Dios puede revelar plenamente su vida íntima.1

Importancia para la teología católica

La afirmación de que Dios existe racionalmente constituye un preámbulo de la fe. Santo Tomás distingue entre las verdades sobre Dios que la razón puede demostrar y los artículos de fe que superan la capacidad natural de la inteligencia. La existencia de Dios puede demostrarse filosóficamente, aunque una persona también pueda aceptarla mediante la fe si no comprende la demostración.2

Esta distinción protege simultáneamente dos verdades:

  • La fe no carece de fundamento racional.
  • La revelación no queda reducida a una conclusión filosófica.

La Iglesia rechaza tanto el racionalismo, que pretende someter el misterio de Dios a los límites de la razón humana, como el fideísmo, que considera inútil o imposible cualquier conocimiento racional de Dios. La fe supera a la razón, pero nunca la destruye; la gracia perfecciona la naturaleza sin anularla.3

Conclusión

El argumento de la razón sobre la existencia de Dios parte de la experiencia de un mundo cambiante, causado, contingente, graduado en perfecciones y ordenado hacia fines. La reflexión metafísica muestra que esas realidades no contienen en sí mismas la explicación última de su existencia. El razonamiento conduce hacia un ser necesario, causa primera, fundamento del ser, inteligencia ordenadora y plenitud de verdad y bondad.

Las cinco vías de Santo Tomás ofrecen la formulación clásica de este itinerario: movimiento, causalidad eficiente, contingencia, grados de perfección y finalidad. La ciencia puede explicar numerosos procesos naturales, pero no reemplaza la pregunta metafísica por el fundamento último de la realidad. La razón puede reconocer que Dios existe y conocer algunos de sus atributos; la revelación permite conocer que ese Dios es Trinidad y que ha llamado al ser humano a la comunión consigo.

La conclusión racional no encierra a Dios en un concepto, sino que orienta la inteligencia hacia el misterio del Ser por sí mismo, origen y destino de todo cuanto existe.

Citas y referencias

  1. J. Schumacher. El hombre moderno y su camino hacia el Dios Trino, 6 (1992). 2
  2. Summa theologiae, Tomás de Aquino. Summa Theologiae, I, Q. 2 (1274). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12
  3. Capítulo V - Las intervenciones del magisterio en cuestiones filosóficas - El discernimiento del magisterio como diakonía de la verdad, Papa Juan Pablo II. Fides et Ratio, 53 (1998). 2 3
  4. Bruno M. Shah, O.P. La promesa de una teología sagrada unitaria: releyendo Aeterni Patris y Fides et Ratio, 32 (2013).
  5. La existencia de Dios, . Enciclopedia Católica, La existencia de Dios (1913). 2 3
  6. 5, M. Artigas. Ciencia, finalidad y existencia de Dios, 36 (1985). 2
  7. Mats Wahlberg. Fe, realismo y razón universal: reflexiones macintyreanas sobre Fides et Ratio, 3 (2018).
  8. Agustín. Las Confesiones, 13.11.1 (400).
Modificado el 10 de agosto de 2026 • FideScore™ 9.41Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicación

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Artículo supervisado por el Comité editorial de Wikitólica. Las afirmaciones del artículo están basadas y contrastadas usando fuentes catolicas: escritos patrísticos, de santos, artículos teológicos, documentos históricos, actas de concilios, encíclicas, fuentes magisteriales y documentos oficiales de la Iglesia. Proceso editorial →