La existencia de causas eficientes
La experiencia muestra que las cosas actúan y producen efectos. Un ser vivo genera operaciones vitales; una mente produce actos de conocimiento y decisión; una causa natural produce cambios en otra realidad. La ciencia misma investiga regularidades causales, aunque describa esas relaciones mediante modelos físicos, matemáticos o experimentales.
Para Aquino, la causalidad no constituye una hipótesis añadida arbitrariamente al mundo. Forma parte de la inteligibilidad de la experiencia. Cuando algo comienza a existir, cambia o produce una acción, la razón pregunta por aquello que explica esa existencia, ese cambio o esa acción.
La causa eficiente no transmite literalmente una parte de sí misma al efecto. Cuando el fuego calienta el agua, el calor numéricamente idéntico del fuego no pasa al agua; la capacidad activa del fuego actualiza una potencialidad presente en el agua. La causa eficiente produce el efecto en virtud de su propia actualidad, sin convertirse materialmente en el efecto.
La imposibilidad de la autocausación
Una cosa no puede producirse a sí misma. Para causar su propia existencia tendría que existir antes de existir, lo que implica una contradicción. La causa debe poseer una actualidad que el efecto todavía no posee.
Este principio no sostiene que cada acontecimiento necesite una causa temporal anterior en el sentido de una cadena física indefinida. Afirma algo más profundo: todo aquello que recibe de otro su actualidad depende de una fuente de actualidad. Una realidad potencial no puede actualizarse por sí misma precisamente en cuanto permanece en potencia.
La autocausación tampoco puede salvarse apelando a una causa que actúe en distintos momentos sobre sí misma. En cualquier momento en que la realidad todavía no exista, carece de poder causal; y cuando ya existe, no causa su propia existencia inicial.
El orden de las causas
Aquinas distingue entre distintos tipos de series causales. Una serie puede estar formada por causas que ejercen su causalidad de modo independiente y sucesivo, como una genealogía. También puede incluir causas subordinadas aquí y ahora, donde una causa intermedia actúa únicamente porque recibe su poder causal de otra.
El ejemplo clásico utiliza una piedra movida por un bastón, el bastón movido por una mano y la mano que actúa mediante su capacidad motriz. El bastón no mueve la piedra con independencia absoluta; actúa como instrumento de la mano. Si desapareciera la acción de la mano, el bastón dejaría de mover la piedra. En una serie de este tipo, la causa primera no funciona simplemente como el primer acontecimiento de una secuencia temporal, sino como el fundamento actual de la actividad de las causas subordinadas.
La diferencia puede resumirse así:
- Una serie accidentalmente ordenada puede prolongarse indefinidamente en ciertos casos. Un hombre puede haber sido engendrado por otro hombre, y este por otro, sin que la generación anterior constituya la causa actual de la generación presente.
- Una serie esencialmente ordenada exige una causa primera actual. El instrumento actúa como instrumento porque recibe su eficacia de un agente principal. Una cadena infinita de causas subordinadas no explicaría la acción presente, pues cada eslabón dependería de otro sin llegar nunca a una fuente de eficacia.
Aquinas no rechaza, por tanto, toda posibilidad de una serie temporal indefinida. Admite que una sucesión de generaciones humanas podría considerarse infinita en el orden accidental, aunque sostiene que no puede existir una subordinación infinita de causas eficientes necesarias para producir un efecto determinado.