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Argumento de las causas eficientes sobre la existencia de Dios

El argumento de las causas eficientes, conocido también como segunda vía de santo Tomás de Aquino, parte de la experiencia del mundo cambiante y causal para concluir que existe una primera causa eficiente, que la tradición filosófica y teológica identifica con Dios. El razonamiento no pretende descubrir una causa física anterior al universo, sino mostrar que todo cuanto recibe de otro la existencia o la capacidad de actuar depende, en último término, de una realidad primera, no causada y fundamento de toda causalidad creada.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreArgumento de las causas eficientes sobre la existencia de Dios
CategoríaTérmino
DescripciónDemostración filosófica de la existencia de Dios como causa primera no causada a partir de la imposibilidad de una serie infinita de causas eficientes subordinadas. Argumento, también llamado segunda vía de santo Tomás de Aquino, que parte de la experiencia del mundo cambiante y causal para concluir que existe una primera causa eficiente, identificada con Dios. El argumento sostiene que ninguna realidad puede ser causa de sí misma, que toda serie de causas eficientes esencialmente subordinadas no puede prolongarse indefinidamente, y que, por tanto, debe existir una causa primera eficiente que es Dios. A partir de esta causa primera se atribuyen a Dios los atributos de incausación, necesidad, inmutabilidad, inteligencia, voluntad y bondad
Contexto HistóricoEscolástica medieval; formulado en la Summa Theologiae de Tomás de Aquino.
Enseñanzas PrincipalesNinguna cosa puede ser causa eficiente de sí misma.; Una serie esencialmente subordinada de causas eficientes no puede ser infinita.; Debe existir una primera causa eficiente no causada.; La primera causa posee incausación, necesidad, inmutabilidad, inteligencia, voluntad y bondad.
Fecha de Publicación1274
ImportanciaFundamento teórico de la segunda vía de la existencia de Dios, central en la teología natural católica.
Personas relacionadasSanto Tomás de Aquino
Tema
  • Existencia de Dios
  • causas eficientes
Tesis CentralTodo efecto necesita una causa; una serie infinita de causas subordinadas es imposible, por lo que existe una primera causa eficiente identificada con Dios.
TipoDoctrina

Tabla de contenido

Definición general

Una causa eficiente es aquello que produce un efecto. El escultor causa la estatua, el fuego causa el calentamiento de un objeto y el arquitecto causa la construcción de una casa. La causa eficiente no constituye el material del efecto ni su estructura formal, sino que actúa como principio extrínseco que lleva una realidad desde la potencia al acto.

En la filosofía aristotélico-tomista, la causalidad eficiente no significa únicamente que un acontecimiento preceda temporalmente a otro. La prioridad de la causa puede ser ontológica, es decir, una prioridad en el orden del ser y de la dependencia. Una causa puede actuar simultáneamente con su efecto sin que por ello deje de ser anterior en cuanto fundamento de la acción. El sol, por ejemplo, ilumina mientras la luz permanece; la mano mueve el bastón mientras el bastón mueve la piedra.

La tradición escolástica formula varios principios relacionados con la causalidad:

  • Ninguna realidad puede ser causa eficiente de sí misma, porque tendría que existir antes que ella misma para producirse.
  • Todo efecto requiere una causa proporcionada.
  • La causa es anterior al efecto por naturaleza, aunque no necesariamente en el tiempo.
  • Si desaparece una causa actualmente necesaria para un efecto, también desaparece el efecto.
  • La perfección del efecto debe encontrarse en la causa de algún modo: formalmente, virtualmente o eminentemente.1

El argumento de las causas eficientes aplica estos principios al conjunto de la realidad sensible.

Formulación tomista

Santo Tomás presenta la segunda vía en la Suma teológica, dentro del artículo dedicado a la existencia de Dios. Su razonamiento puede expresarse de la siguiente manera:

  1. En el mundo sensible encontramos un orden de causas eficientes.
  2. Ninguna cosa puede ser causa eficiente de sí misma.
  3. Una serie de causas eficientes esencialmente subordinadas no puede prolongarse hasta el infinito.
  4. Si no existiera una primera causa, tampoco existirían las causas intermedias ni el efecto último.
  5. Por tanto, resulta necesario admitir una primera causa eficiente, a la que todos llaman Dios.2

La formulación de Aquino no parte de una definición abstracta de Dios, sino de una estructura que cualquier experiencia ordinaria presupone: los efectos dependen de causas. El fuego calienta porque posee una determinada actualidad; una persona actúa porque tiene capacidades operativas; una criatura existe y obra porque recibe el ser y la capacidad de obrar.

Texto fundamental de la segunda vía

La estructura central del argumento tomista puede resumirse así:

En el mundo sensible hallamos un orden de causas eficientes. Ninguna cosa puede ser causa eficiente de sí misma, pues tendría que ser anterior a sí misma, lo cual resulta imposible. Tampoco puede prolongarse hasta el infinito la serie de causas eficientes ordenadas, porque la primera causa produce la causa intermedia, y esta produce el efecto último. Si desaparece la causa primera, desaparecen también las causas intermedias y el efecto. Por tanto, hay que admitir una primera causa eficiente, a la que todos llaman Dios.2

La conclusión no identifica inmediatamente a Dios con cualquier primera causa imaginable. El argumento alcanza primero la existencia de una causa primera y, mediante razonamientos posteriores, permite atribuirle características como la incausación, la necesidad, la inmutabilidad, la unidad, la inteligencia y la bondad.

Análisis de las premisas

La existencia de causas eficientes

La experiencia muestra que las cosas actúan y producen efectos. Un ser vivo genera operaciones vitales; una mente produce actos de conocimiento y decisión; una causa natural produce cambios en otra realidad. La ciencia misma investiga regularidades causales, aunque describa esas relaciones mediante modelos físicos, matemáticos o experimentales.

Para Aquino, la causalidad no constituye una hipótesis añadida arbitrariamente al mundo. Forma parte de la inteligibilidad de la experiencia. Cuando algo comienza a existir, cambia o produce una acción, la razón pregunta por aquello que explica esa existencia, ese cambio o esa acción.

La causa eficiente no transmite literalmente una parte de sí misma al efecto. Cuando el fuego calienta el agua, el calor numéricamente idéntico del fuego no pasa al agua; la capacidad activa del fuego actualiza una potencialidad presente en el agua. La causa eficiente produce el efecto en virtud de su propia actualidad, sin convertirse materialmente en el efecto.1

La imposibilidad de la autocausación

Una cosa no puede producirse a sí misma. Para causar su propia existencia tendría que existir antes de existir, lo que implica una contradicción. La causa debe poseer una actualidad que el efecto todavía no posee.

Este principio no sostiene que cada acontecimiento necesite una causa temporal anterior en el sentido de una cadena física indefinida. Afirma algo más profundo: todo aquello que recibe de otro su actualidad depende de una fuente de actualidad. Una realidad potencial no puede actualizarse por sí misma precisamente en cuanto permanece en potencia.

La autocausación tampoco puede salvarse apelando a una causa que actúe en distintos momentos sobre sí misma. En cualquier momento en que la realidad todavía no exista, carece de poder causal; y cuando ya existe, no causa su propia existencia inicial.

El orden de las causas

Aquinas distingue entre distintos tipos de series causales. Una serie puede estar formada por causas que ejercen su causalidad de modo independiente y sucesivo, como una genealogía. También puede incluir causas subordinadas aquí y ahora, donde una causa intermedia actúa únicamente porque recibe su poder causal de otra.

El ejemplo clásico utiliza una piedra movida por un bastón, el bastón movido por una mano y la mano que actúa mediante su capacidad motriz. El bastón no mueve la piedra con independencia absoluta; actúa como instrumento de la mano. Si desapareciera la acción de la mano, el bastón dejaría de mover la piedra. En una serie de este tipo, la causa primera no funciona simplemente como el primer acontecimiento de una secuencia temporal, sino como el fundamento actual de la actividad de las causas subordinadas.

La diferencia puede resumirse así:

  • Una serie accidentalmente ordenada puede prolongarse indefinidamente en ciertos casos. Un hombre puede haber sido engendrado por otro hombre, y este por otro, sin que la generación anterior constituya la causa actual de la generación presente.
  • Una serie esencialmente ordenada exige una causa primera actual. El instrumento actúa como instrumento porque recibe su eficacia de un agente principal. Una cadena infinita de causas subordinadas no explicaría la acción presente, pues cada eslabón dependería de otro sin llegar nunca a una fuente de eficacia.3

Aquinas no rechaza, por tanto, toda posibilidad de una serie temporal indefinida. Admite que una sucesión de generaciones humanas podría considerarse infinita en el orden accidental, aunque sostiene que no puede existir una subordinación infinita de causas eficientes necesarias para producir un efecto determinado.3

¿Por qué una regresión infinita no basta?

La segunda vía sostiene que una regresión infinita resulta imposible dentro de una serie de causas esencialmente subordinadas. La razón no consiste únicamente en que resulte difícil recorrer una distancia infinita. El problema es de dependencia actual.

Si cada causa recibe su capacidad causal de otra, y ninguna posee por sí misma la fuente de esa capacidad, una serie infinita no ofrecería una explicación completa. Cada miembro respondería a la pregunta «¿de dónde recibe su poder?», pero la cadena entera continuaría careciendo de un fundamento que no dependiera de otro.

Una analogía imperfecta puede ayudar. Una lámpara ilumina porque recibe corriente; la corriente llega a través de un cable; el cable depende de una central eléctrica. Si cada elemento dependiera de otro cable, sin ninguna fuente de energía, ningún elemento iluminaría. La multiplicación indefinida de instrumentos no sustituye al agente principal.

La conclusión tomista afirma que el universo no puede contener únicamente causas dependientes. Debe existir una causa que posea la causalidad de modo no recibido, una causa primera en el orden de la dependencia ontológica.3

La primera causa no es causada

La expresión primera causa eficiente no significa necesariamente «primer acontecimiento en el tiempo». Significa causa primera en el orden del ser y de la eficacia. Dios no ocupa el primer lugar dentro de una serie temporal de acontecimientos cósmicos, como si fuera un acontecimiento más situado antes del universo. Dios fundamenta la existencia de toda la serie.

Por esa razón, la pregunta «¿quién causó a Dios?» presupone erróneamente que Dios pertenece al conjunto de realidades que reciben su existencia de otra. La conclusión del argumento no sostiene que todo tenga una causa sin excepción, sino que todo efecto, toda realidad causada, necesita una causa. La primera causa no es un efecto y, por tanto, no requiere una causa eficiente externa.

En la metafísica tomista, Dios es acto puro: no contiene potencialidad que deba actualizarse mediante otro. Las criaturas, en cambio, reciben el acto de existir y poseen capacidades limitadas. La causa primera no depende de una causa superior porque su ser no es recibido.

De la primera causa al Dios de la fe católica

La segunda vía alcanza directamente una primera causa eficiente. Para mostrar que esa causa es Dios en sentido pleno, la teología natural desarrolla conclusiones adicionales.

Incausación

La primera causa no depende de otra causa para existir o actuar. Si dependiera de otra, ya no sería primera. La incausación no equivale a una existencia inexplicable en sentido irracional, sino a una existencia que posee en sí misma el fundamento de su realidad.

Necesidad

Las criaturas pueden existir o no existir. Nacen, cambian y desaparecen. Su existencia no pertenece a su esencia de manera absoluta. La primera causa, en cambio, no puede recibir el ser de otro; por ello, la razón llega a una realidad necesaria, fundamento de las realidades contingentes. La tradición católica vincula esta conclusión con la tercera vía de Aquino, que parte de la contingencia de los seres naturales.2

Inmutabilidad

Todo cambio implica que algo pasa de la potencia al acto. Aquello que necesita ser actualizado por otro no posee la plenitud del acto. La primera causa no puede depender de una actualización externa, pues entonces no sería primera. La teología tomista la entiende como inmutable y plenamente actual.

Inteligencia y voluntad

La primera causa no actúa como una fuerza ciega o como un mecanismo impersonal. Aquino sostiene que Dios produce efectos determinados mediante inteligencia y voluntad. La inteligencia divina conoce las formas de las criaturas, mientras que la voluntad determina que esas formas reciban existencia.4

Aquinas explica la relación mediante la analogía del artífice. El conocimiento del arquitecto contiene la forma de la casa, pero la casa llega a existir porque la voluntad del arquitecto ordena la acción hacia su realización. En Dios, conocimiento y voluntad no constituyen facultades separadas como en las criaturas; pertenecen a la simplicidad de la vida divina.5

La voluntad divina no surge de una necesidad natural que obligue a Dios a producir este universo concreto. Dios actúa libremente, conforme a su intelecto y a su voluntad. La existencia de las criaturas procede de la bondad divina, que constituye la razón de la voluntad creadora, pero no una causa superior que determine a Dios desde fuera.6

Bondad

Todo efecto recibe de su causa alguna perfección. Las criaturas poseen grados limitados de ser, verdad, unidad y bondad. La primera causa debe poseer la plenitud de la perfección de modo eminente. Por eso, la argumentación tomista no concluye en una causa indiferente, sino en el fundamento de toda perfección creada.

La bondad divina no compite con la bondad de las criaturas. Dios causa las realidades creadas de tal modo que estas poseen auténtica actividad propia. La acción divina universal no elimina la causalidad natural, sino que la fundamenta: Dios hace que las criaturas existan y actúen según sus propias capacidades limitadas.7

Causalidad divina y causalidad natural

Una dificultad frecuente presenta la causalidad divina y la causalidad natural como explicaciones rivales. Si la ciencia explica por qué un fenómeno ocurre mediante causas físicas, parecería que Dios ya no resulta necesario. Esta dificultad nace de una comprensión unívoca y mecánica de la causalidad.

Para Aquino, Dios y las criaturas no actúan como dos causas del mismo tipo dentro de un mismo nivel. Las causas naturales son causas segundas: producen efectos reales, pero reciben de Dios la existencia, la capacidad de actuar y la conservación de su actividad. Dios es causa primera y universal; las criaturas son causas particulares y limitadas.

La acción divina no reemplaza la acción de la naturaleza. Dios causa que el fuego caliente precisamente mediante la naturaleza del fuego; causa que una persona piense mediante sus facultades intelectuales; causa que un organismo viva mediante las operaciones propias de su estructura biológica. La causalidad creada conserva así una verdadera consistencia.

La ciencia estudia las relaciones entre causas naturales y efectos observables. La metafísica pregunta por qué existen esas causas, por qué poseen eficacia y por qué el conjunto de la realidad puede resultar inteligible. Ambas perspectivas no compiten porque responden a preguntas distintas. La causalidad divina no funciona como una explicación física adicional ni como una pieza que complete una teoría científica incompleta.8

Creación y conservación

La primera causa eficiente no actúa únicamente en un instante inicial. La doctrina católica entiende la creación como dependencia radical de todas las cosas respecto de Dios. Crear significa producir el ser de una realidad sin presuponer una materia previa independiente de Dios.

La causa eficiente creada transforma una realidad ya existente: el carpintero transforma la madera, y el fuego transforma el agua. Dios, en cambio, causa el ser mismo de las criaturas. Nada material o espiritual existe al margen de la dependencia creadora. La causalidad divina sostiene también la permanencia de las criaturas en el ser.

Por eso, la creación no equivale simplemente al comienzo temporal del universo. Aunque el universo tuviera un comienzo temporal, la creación designaría su dependencia radical respecto de Dios. Y aunque la razón filosófica discutiera la posibilidad de una duración temporal indefinida del mundo, esa duración no convertiría al universo en independiente. Una serie eterna de realidades causadas seguiría dependiendo de una causa primera en el orden del ser.

La acción creadora y conservadora de Dios no introduce una interferencia externa en el mundo. Constituye el fundamento mismo por el que las causas naturales pueden actuar con eficacia propia.9

Relación con las demás vías de santo Tomás

La segunda vía forma parte de las cinco vías expuestas por santo Tomás en la Suma teológica. Cada vía parte de un aspecto de la experiencia:

  • La primera vía parte del movimiento o cambio y concluye en un primer motor inmóvil.
  • La segunda vía parte de las causas eficientes y concluye en una primera causa eficiente.
  • La tercera vía parte de la contingencia y concluye en un ser necesario.
  • La cuarta vía parte de los grados de perfección y concluye en una perfección máxima.
  • La quinta vía parte del orden de la naturaleza y concluye en una inteligencia ordenadora.

La tradición filosófica católica considera estas vías como formulaciones diversas de una misma orientación cosmológica: el mundo contingente, cambiante y limitado no posee en sí mismo la explicación última de su existencia y actividad.10

La segunda vía guarda una relación especialmente estrecha con la primera y la tercera. La primera considera el cambio como paso de la potencia al acto; la segunda examina la dependencia causal; la tercera atiende a la posibilidad de existir o no existir. Las tres convergen en la necesidad de un fundamento primero que no reciba de otro la actualidad o el ser.

Diferencia respecto del argumento del diseño

El argumento de las causas eficientes no coincide con el argumento del orden o del diseño inteligente, aunque ambos pueden relacionarse.

El argumento del diseño parte de la orientación de los seres naturales hacia fines. Los órganos, las funciones vitales y la regularidad del universo manifiestan orden y finalidad. La tradición aristotélico-tomista vincula la finalidad natural con una inteligencia ordenadora.11

La segunda vía parte de otro punto: la dependencia de los efectos respecto de causas eficientes. No necesita demostrar primero que el universo posea un diseño observable. Incluso si una ciencia describiera con detalle los mecanismos naturales, todavía permanecería la cuestión metafísica de por qué existen esos mecanismos y por qué poseen eficacia.

En el pensamiento de Aquino, Dios es simultáneamente causa eficiente, causa ejemplar y causa final de la creación. Dios causa eficientemente el ser de las criaturas, contiene ejemplarmente las formas según las cuales existen y las ordena hacia el bien.7

Objeciones filosóficas principales

«Todo tiene una causa; por tanto, ¿quién causó a Dios?»

La objeción atribuye al argumento una premisa que Aquino no utiliza. La segunda vía no dice que todo tenga una causa eficiente, sino que todo efecto necesita una causa. Dios no sería un efecto, sino la causa primera no causada.

Preguntar por la causa de Dios equivaldría a preguntar por una causa anterior a la primera causa, lo que contradice el significado mismo del término. La cuestión adecuada no consiste en preguntar quién causó a Dios, sino en determinar si la realidad necesita un fundamento no causado.

«Una cadena infinita de causas resulta posible»

Algunos filósofos consideran posible una serie infinita de causas o acontecimientos. La respuesta tomista distingue entre una sucesión temporal accidental y una subordinación esencial. La segunda vía no necesita demostrar que el universo haya tenido un primer momento temporal; necesita demostrar que las causas dependientes no pueden constituir por sí solas el fundamento último de su causalidad.

Una cadena infinita de causas subordinadas no resolvería el problema si cada miembro recibe su eficacia de otro. La infinitud numérica no convierte en independiente a una realidad dependiente.

«La física moderna ha eliminado la causalidad clásica»

La física contemporánea utiliza un concepto de causa diferente del concepto metafísico de causa eficiente. La física describe estados, leyes, interacciones y probabilidades dentro del universo. El argumento tomista pregunta por la dependencia del ser y de la actividad de cualquier realidad finita.

La causalidad divina tampoco compite con la explicación científica de los fenómenos. La ciencia puede explicar cómo una causa natural produce un efecto; la metafísica pregunta por el fundamento de la existencia y eficacia de las causas naturales. La teología tomista rechaza convertir a Dios en una explicación provisional para fenómenos que la ciencia todavía no comprende.8

«El universo podría ser autosuficiente»

Un universo compuesto por realidades cambiantes, limitadas y dependientes no se vuelve autosuficiente por considerarlo como un conjunto. Reunir muchos seres causados no produce automáticamente una realidad no causada. La totalidad de una serie de efectos continúa necesitando una explicación proporcionada a su existencia.

La causa primera no forma parte del universo como un componente más. El universo entero, considerado como realidad causada, depende de algo distinto de él para existir.3

«La primera causa podría ser impersonal»

Una causa impersonal podría explicar determinados procesos particulares, pero la primera causa tomista debe explicar la existencia, inteligibilidad y orden de todo lo creado. La conclusión completa exige una causa que posea la perfección de manera eminente y que actúe con inteligencia y voluntad.

Aquinas sostiene que el conocimiento divino causa las cosas como el conocimiento del artífice causa la obra artística, unido a una voluntad que determina la realización del efecto.4

Alcance y límites del argumento

El argumento de las causas eficientes ofrece una demostración filosófica de la existencia de Dios dentro de una concepción metafísica del ser, la potencia y el acto. No constituye una prueba experimental ni una explicación científica del origen físico de un acontecimiento.

La conclusión no describe directamente la vida íntima de Dios ni permite conocer por sí sola los misterios de la Trinidad, la Encarnación o la gracia. La razón puede llegar a afirmar que existe un fundamento primero, necesario, inteligente y bueno; la revelación divina permite conocer quién es ese Dios y cuál es su designio salvífico.

La Iglesia católica sostiene que la existencia de Dios puede conocerse racionalmente a partir de las criaturas. La fe no elimina la razón ni depende de una demostración científica. La razón natural alcanza a Dios como principio y fin de todas las cosas, mientras que la fe recibe de la revelación verdades que superan la capacidad de la razón creada.

Importancia teológica

La segunda vía protege varias afirmaciones centrales de la doctrina católica:

  • Dios no forma parte del universo como un ente más.
  • Toda criatura depende radicalmente de Dios.
  • La creación posee una causalidad propia y auténtica.
  • La ciencia y la fe no ofrecen explicaciones rivales.
  • Dios actúa con inteligencia y voluntad, no como una fuerza ciega.
  • La creación depende continuamente de la acción divina.
  • El mundo posee una inteligibilidad real, porque procede de una inteligencia creadora.
  • El bien creado participa de la bondad divina, aunque permanezca limitado y mezclado con imperfecciones.7

La causalidad divina, además, no debe entenderse como una intervención ocasional destinada a corregir una naturaleza defectuosa. Dios actúa como fundamento universal y permanente de todo lo que existe y de toda operación creada. La trascendencia divina permite precisamente su presencia íntima en la creación sin confundir a Dios con el mundo.9

Valor filosófico

El argumento conserva su importancia porque formula una pregunta que ninguna descripción particular del universo puede eliminar: ¿por qué existe algo que recibe de otro su ser y su capacidad de actuar?

La explicación científica de una causa natural remite normalmente a otras condiciones, leyes o estructuras. La metafísica pregunta por el fundamento de la totalidad de las causas dependientes. La primera causa no compite con las causas segundas, sino que explica por qué existen y pueden actuar.

En la perspectiva tomista, Dios no es una hipótesis que rellena una laguna del conocimiento. Dios constituye la explicación última de la existencia de cualquier realidad contingente y del dinamismo causal que atraviesa el mundo. La causalidad creada resulta verdadera precisamente porque la creación participa de la eficacia recibida de la causa primera.

Conclusión

El argumento de las causas eficientes parte de un hecho elemental: las realidades del mundo producen efectos y dependen de causas. Ninguna realidad puede ser causa de sí misma. Una cadena de causas esencialmente subordinadas tampoco puede prolongarse indefinidamente sin una fuente primera de causalidad. Por ello, la razón llega a una primera causa eficiente, no causada por otra y fundamento de toda causalidad creada.

La filosofía tomista identifica esa primera causa con Dios y, mediante razonamientos complementarios, reconoce en ella la necesidad, la inmutabilidad, la inteligencia, la voluntad, la unidad y la bondad perfectas. Dios no aparece como una causa física añadida al universo, sino como el fundamento trascendente que hace posible la existencia, la actividad y la inteligibilidad de todas las criaturas.

Citas y referencias

  1. Causa. Catholic Encyclopedia, Causa (1913). 2
  2. Primera parte - La existencia de Dios - ¿Existe Dios? , Tomás de Aquino. Summa Theologiae, I, Q. 2, A. 3, co. (1274). 2 3
  3. Kevin O’Reilly, O.P. Dios, la Universidad y el florecimiento humano, 6 (2016). 2 3 4
  4. Primera parte - Del conocimiento de Dios - ¿Es el conocimiento de Dios la causa de las cosas? , Tomás de Aquino. Summa Theologiae, I, Q. 14, A. 8, co. (1274). 2
  5. Primera parte - La voluntad de Dios - ¿Es la voluntad de Dios la causa de las cosas? , Tomás de Aquino. Summa Theologiae, I, Q. 19, A. 4 (1274).
  6. Primera parte - La voluntad de Dios - ¿Es la voluntad de Dios la causa de las cosas? , Tomás de Aquino. Summa Theologiae, I, Q. 19, A. 4, co. (1274).
  7. Michael A. Hoonhout. Tomás de Aquino y la necesidad de una cosmología teológica contemporánea, 18 (2005). 2 3
  8. Michael A. Hoonhout. Tomás de Aquino y la necesidad de una cosmología teológica contemporánea, 19 (2005). 2
  9. Michael A. Hoonhout. Tomás de Aquino y la necesidad de una cosmología teológica contemporánea, 17 (2005). 2
  10. La existencia de Dios. Catholic Encyclopedia, La existencia de Dios (1913).
  11. Teleología. Catholic Encyclopedia, Teleología (1913).
Modificado el 11 de agosto de 2026 • FideScore™ 9.66Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicación

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