¿Todo grado exige un máximo?
Una objeción sostiene que una serie de grados puede carecer de un máximo. Por ejemplo, una sucesión matemática puede prolongarse indefinidamente sin alcanzar un valor supremo. Desde esta perspectiva, la presencia de realidades más o menos buenas no demostraría por sí sola la existencia de una bondad absoluta.
La respuesta tomista distingue entre una serie abstracta y una jerarquía real de causas y perfecciones. La cuarta vía no afirma simplemente que toda comparación cuantitativa necesite un número máximo. Afirma que las perfecciones trascendentales de las criaturas requieren un fundamento ontológico que explique su presencia limitada.
El argumento depende, por tanto, de una concepción metafísica de la participación y de la causalidad, no de una extrapolación matemática.
¿Puede la naturaleza explicar las perfecciones?
Otra objeción atribuye las perfecciones de los seres a la naturaleza, sin necesidad de recurrir a Dios. La naturaleza explicaría la vida, la sensibilidad, la inteligencia y el orden mediante procesos propios.
La respuesta tomista afirma que la explicación natural describe el modo inmediato en que actúan las cosas, pero no elimina la pregunta por el fundamento último de su ser y de sus capacidades. La naturaleza actúa orientada a fines y depende de una causa superior; las facultades humanas también pueden cambiar y fallar, de modo que no constituyen una realidad absolutamente necesaria.
La investigación científica y la explicación metafísica operan en planos diferentes. La ciencia estudia procesos, estructuras y regularidades observables; la metafísica pregunta por la razón última de que existan seres con tales estructuras, capacidades y grados de actualidad.
¿El mundo contiene también mal e imperfección?
La presencia del mal parece contradecir la existencia de una bondad suprema. Si Dios es la bondad infinita, podría parecer que ningún mal debería existir.
Santo Tomás responde que la existencia del mal no destruye la bondad divina. Dios puede permitir el mal y obtener de él un bien mayor sin causar el mal como mal. La bondad divina incluye el poder de ordenar incluso los males permitidos hacia un bien superior.
Además, el mal no constituye una perfección positiva. En la metafísica clásica, el mal consiste en una privación: la ausencia de un bien debido. La ceguera constituye una privación de la vista en un ser que debería ver; la injusticia constituye una privación del orden debido a la voluntad. La existencia de privaciones presupone, en cierto sentido, un orden de bienes y perfecciones que permite reconocerlas como defectos.
¿El argumento convierte a Dios en una criatura máxima?
Otra dificultad imagina a Dios como el ejemplar más grande dentro del mismo género que las criaturas. En ese caso, Dios sería una especie de supercriatura, limitada por la misma estructura que limita a los demás seres.
La doctrina católica rechaza esa interpretación. Dios no pertenece a un género junto con las criaturas. La analogía permite reconocer una semejanza real entre Dios y el mundo, pero también una desemejanza todavía mayor. Dios trasciende infinitamente cualquier gradación finita de perfecciones.,
Juan Duns Escoto advierte que diferentes perfecciones pueden alcanzar niveles máximos dentro de órdenes distintos sin que cada una constituya por sí sola la perfección absoluta. La superioridad de una perfección en un género determinado no basta para identificarla con el ser supremo.