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Argumento de los grados de perfección sobre la existencia de Dios

El argumento de los grados de perfección sostiene que las criaturas poseen en grados limitados perfecciones trascendentales como el ser, la verdad, la bondad, la inteligencia y la belleza. La existencia de diversos grados de estas perfecciones remite, según la metafísica clásica y especialmente según santo Tomás de Aquino, a una perfección suprema y absoluta que actúa como causa y medida de toda perfección creada: Dios. Este razonamiento constituye la cuarta vía de las cinco vías tomistas para alcanzar filosóficamente la existencia de Dios.1,2

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreArgumento de los grados de perfección sobre la existencia de Dios
CategoríaTérmino
DescripciónArgumento que parte de los grados limitados de perfecciones en las criaturas para inferir la existencia de una perfección suprema y absoluta, identificada con Dios
Año1274
Contexto HistóricoEscuela escolástica del siglo XIII, metafísica clásica cristiana
DesarrolloFormulado por Tomás de Aquino en la Summa Theologica; ampliado por Francisco Suárez y Juan Duns Escoto; tema de debate en la filosofía y teología contemporáneas.
ImportanciaFundamental para la apologética católica y la teología natural; ofrece una demostración racional de la existencia de Dios basada en la realidad observada.
InfluenciaHa marcado la tradición filosófica y teológica cristiana, influyendo en posteriores argumentos a favor de la existencia de Dios y en discusiones sobre analogía del ser y la relación esencia-existencia.
OrigenPlatonismo y neoplatonismo, desarrollo en la tradición agustiniana y escolástica medieval
Personas relacionadasSanto Tomás de Aquino
TipoDoctrina, XIII, Argumento a posteriori, Cuarta vía tomista

Tabla de contenido

Definición del argumento

El argumento parte de una experiencia ordinaria: las realidades del mundo presentan grados de perfección. Algunas cosas poseen más plenamente que otras determinadas cualidades o perfecciones. Un ser vivo supera en perfección a una realidad carente de vida; un animal posee una forma de conocimiento más elevada que una planta; el ser humano alcanza la inteligencia y la libertad en un grado superior al de los animales. Del mismo modo, una persona puede ser más justa, sabia o buena que otra.

La estructura básica del razonamiento puede expresarse así:

  1. En las criaturas aparecen diversos grados de perfección.
  2. Los grados de una perfección requieren una referencia a aquello que posee esa perfección de manera plena.
  3. Las criaturas no poseen las perfecciones de modo absoluto, sino limitado y participado.
  4. Por tanto, existe una realidad que posee las perfecciones de manera suprema y originaria.
  5. Esa realidad es Dios.

La formulación tomista no entiende la comparación como una simple valoración subjetiva. El argumento pretende descubrir un orden real en las cosas: unas realidades poseen más actualidad, bondad, verdad o perfección que otras. La cuestión central consiste en determinar qué fundamento último permite hablar de grados objetivos de perfección.

Origen filosófico y desarrollo histórico

Antecedentes platónicos y neoplatónicos

La intuición de que las realidades sensibles participan de perfecciones superiores aparece ya en la filosofía platónica. Platón distinguió entre las realidades cambiantes y las Ideas, que representan modelos inteligibles y estables. La multiplicidad de bienes particulares remite así a la idea del Bien, que ocupa una posición suprema dentro del orden inteligible.

El neoplatonismo desarrolló esta perspectiva mediante una concepción jerárquica de la realidad. Todo ser recibe su perfección de un principio superior y, en último término, del Uno. La tradición cristiana asumió algunos elementos de este lenguaje, aunque los integró en la doctrina de un Dios personal, creador y trascendente.

Agustín de Hipona

San Agustín relacionó la verdad, la bondad y la belleza presentes en las criaturas con Dios como fuente suprema de toda perfección. Las realidades creadas pueden ser más o menos buenas, verdaderas o bellas porque participan de un orden que no depende exclusivamente de la valoración humana.

La tradición agustiniana influyó en la idea de que la mente asciende desde las perfecciones limitadas del mundo hacia su fundamento eterno. Sin embargo, santo Tomás formuló el argumento dentro de una metafísica del ser, de la causalidad y de la participación.

Santo Tomás de Aquino

Santo Tomás incorporó el argumento de los grados de perfección a la cuarta vía expuesta en la Suma teológica. Su razonamiento forma parte de una serie de argumentos a posteriori, es decir, argumentos que parten de la experiencia del mundo y ascienden racionalmente hacia su causa última. Las otras vías parten del movimiento, la causalidad eficiente, la contingencia y el orden del universo.2

La formulación clásica de la cuarta vía afirma que encontramos en las cosas algo más o menos bueno, verdadero, noble y perfecto. Esta graduación exige una referencia máxima en cada orden, del mismo modo que el fuego, que ocupa el grado supremo del calor, constituye la causa del calor en las demás cosas. Para santo Tomás, aquello que posee una perfección de manera máxima actúa como causa de dicha perfección en las realidades que la poseen de forma limitada. La conclusión identifica ese fundamento supremo con Dios.

La noción de perfección

Perfección como actualidad

En el lenguaje tomista, perfecto no significa simplemente «muy bueno» en sentido psicológico o moral. El término procede de la idea de plenitud o realización. Una cosa es perfecta cuando posee plenamente la actualidad que corresponde a su naturaleza y no carece de aquello que debe tener.

Santo Tomás explica que una realidad puede llamarse perfecta en la medida en que ha pasado de la potencia al acto y ya no carece de la actualidad que le corresponde. El ser constituye la condición de toda actualidad, porque nada puede actuar, conocer o poseer una forma si antes no existe. Por eso, el Aquinate considera el existir como la actualidad de todas las cosas.3

La perfección no equivale, por tanto, a una acumulación cuantitativa de propiedades. Una planta no resulta más perfecta que una piedra porque posea simplemente «más características», sino porque posee una actualidad vital que la piedra no posee. Un animal supera a una planta en determinados aspectos porque posee sensibilidad y capacidad de conocimiento sensitivo. El ser humano alcanza un grado superior por su inteligencia y libertad.

Perfecciones limitadas y perfecciones puras

La tradición escolástica distingue entre:

  • Perfecciones mixtas, que incluyen alguna limitación o condición material, como la extensión, la corporeidad, la sensibilidad orgánica o la capacidad de razonar discursivamente.
  • Perfecciones puras, que no implican por sí mismas imperfección, como el ser, la verdad, la bondad, la inteligencia, la sabiduría, la justicia y la santidad.

Las perfecciones mixtas no pueden atribuirse a Dios en el mismo sentido en que aparecen en los cuerpos. Dios no posee extensión, órganos sensoriales ni un cuerpo más grande o más poderoso que los cuerpos creados. En cambio, las perfecciones puras pueden atribuirse a Dios de manera verdadera, aunque infinita y trascendente. La inteligencia divina no funciona como la inteligencia humana, pero Dios posee la plenitud de aquello que hace posible todo conocimiento intelectual.4

Esta distinción evita imaginar a Dios como una criatura gigantesca. Dios no ocupa el grado más alto dentro de una misma escala material, como si fuera un ser humano infinitamente grande. Él trasciende radicalmente el orden de las criaturas.

Participación y causalidad

Las criaturas poseen perfecciones por participación

Una criatura no es la bondad misma, la verdad misma o el ser mismo. Una criatura tiene bondad, verdad y existencia de manera limitada. Puede perderlas, recibirlas, aumentarlas o disminuirlas. Su perfección depende de una naturaleza concreta y de unas condiciones determinadas.

La metafísica tomista llama participación a esta posesión limitada de una perfección que procede de una fuente superior. Una criatura participa del ser porque no existe por sí misma: recibe el existir. Participa de la bondad porque posee una actualidad que perfecciona su naturaleza. Participa de la verdad porque resulta inteligible y puede conformarse con el conocimiento.

La participación implica dependencia. Una realidad que recibe una perfección no puede constituir por sí sola la explicación última de esa perfección. Aquello que posee el ser de manera limitada necesita una causa del ser; aquello que participa de la bondad remite a una fuente originaria de bondad.

El principio causal

El argumento utiliza un principio metafísico: todo cuanto posee una perfección de manera limitada recibe esa perfección de una causa que la contiene de algún modo. La causa no tiene que poseerla necesariamente del mismo modo que el efecto. Una causa puede contener una perfección de forma superior o eminente.

Una semilla contiene potencialmente la vida de la planta, mientras que la planta posee actualmente la vida que la semilla puede originar. Del mismo modo, una inteligencia puede producir un objeto ordenado porque posee de manera superior la forma inteligible que aparece realizada en el objeto.

La tradición de los atributos divinos formula este principio afirmando que toda perfección positiva presente en un efecto tiene su fundamento en la eficacia de la causa primera. Por ello, la inteligencia creada permite afirmar que Dios es inteligente, aunque la inteligencia divina posea una plenitud infinitamente superior a la inteligencia humana.5

La estructura de la cuarta vía tomista

La experiencia de los grados

Santo Tomás comienza con un dato accesible a la experiencia: las cosas manifiestan diferentes grados de bondad, verdad, nobleza y perfección. No todas las realidades poseen el mismo grado de ser ni ejercen las mismas operaciones.

La existencia de grados no significa solamente que una persona prefiera una cosa a otra. La vida supera objetivamente a la ausencia de vida; la sensibilidad añade una perfección que las plantas no poseen; la inteligencia permite operaciones que exceden la capacidad sensitiva. La realidad presenta, por tanto, una diversidad ordenada de niveles de actualidad.

La referencia al máximo

La comparación «más» y «menos» presupone una referencia. Cuando afirmamos que una acción es más justa que otra, utilizamos una idea de justicia que permite juzgar ambas acciones. Cuando llamamos a una verdad más profunda que otra, presuponemos que la verdad no se reduce a una impresión subjetiva.

El argumento sostiene que los grados de perfección remiten a una plenitud de perfección. Una realidad puede ser más buena que otra porque ambas participan de la bondad, aunque de modo diverso. La bondad plena no puede identificarse con ninguna criatura concreta, pues toda criatura posee bondad de forma limitada.

La causa de las perfecciones

El máximo no actúa únicamente como una medida mental. Debe constituir también la causa de las perfecciones que aparecen en los seres inferiores. La perfección creada no surge como una propiedad absolutamente independiente. Toda perfección del efecto debe proceder de una causa que la posea de manera adecuada, ya sea formalmente, virtualmente o eminentemente.

La conclusión afirma la existencia de un ser que posee las perfecciones de modo supremo y que causa la perfección de las criaturas. Ese ser es Dios.

La analogía del ser

Predicación unívoca, equívoca y analógica

El argumento requiere hablar de Dios y de las criaturas sin confundirlos. La tradición católica distingue tres modos de predicar un término:

  • Unívocamente: el término conserva exactamente el mismo significado en dos sujetos.
  • Equívocamente: el término tiene significados completamente distintos.
  • Analógicamente: el término conserva una relación real de semejanza, aunque no mantenga idéntico modo de realización.

Cuando llamamos «buena» a una persona y «bueno» a Dios, la palabra no tiene un significado completamente ajeno en cada caso. La bondad humana constituye una realidad auténtica, pero limitada; la bondad divina posee una plenitud que trasciende toda criatura. La afirmación resulta verdadera en ambos casos, aunque de manera analógica.6,4

La vía de afirmación, negación y eminencia

La teología clásica emplea tres vías para hablar de Dios:

  1. Vía de afirmación: afirma en Dios las perfecciones que aparecen en las criaturas, como la bondad, la verdad, la inteligencia y la sabiduría.
  2. Vía de negación: excluye de Dios las limitaciones propias de las criaturas, como la ignorancia, la mutabilidad, la dependencia y la corrupción.
  3. Vía de eminencia: atribuye a Dios las perfecciones en un grado supremo, infinito y absolutamente simple.

Así, la afirmación «Dios es sabio» no atribuye a Dios una sabiduría humana ampliada indefinidamente. Afirma que Dios posee de manera perfecta aquello que la sabiduría humana refleja de forma parcial. La negación elimina la limitación; la eminencia reconoce una plenitud que supera toda medida creada.5,4

Dios como plenitud del ser

El ser subsistente

La conclusión de la cuarta vía no presenta a Dios como el miembro más elevado de una cadena de seres finitos. Dios no ocupa simplemente el último peldaño de una escala. La doctrina tomista identifica a Dios con el ipsum esse subsistens, expresión latina que significa «el ser mismo subsistente».

Las criaturas reciben el existir; Dios no recibe el ser de otro. En Dios, esencia y existencia no forman una composición de principios distintos, como ocurre en las criaturas. Dios es la plenitud originaria del acto de ser.

Santo Tomás vincula la perfección divina con la actualidad absoluta. La existencia no constituye una propiedad secundaria añadida a Dios, sino la plenitud que fundamenta toda otra perfección. Todo lo que posee actualidad la posee en cuanto existe; por ello, el existir actúa como fundamento de todas las perfecciones creadas.3

La infinitud divina

Una perfección creada siempre aparece limitada. La inteligencia humana conoce determinados objetos y puede equivocarse; la voluntad humana desea bienes particulares y puede orientarse de manera desordenada; la bondad creada resulta finita y vulnerable.

Dios posee las perfecciones sin límite. Su inteligencia no depende de un aprendizaje progresivo; su bondad no compite con otros bienes ni puede perderse; su ser no recibe determinación de una causa exterior. La infinitud divina no significa una cantidad indefinida, sino la ausencia de toda limitación en la actualidad del ser.

Francisco Suárez desarrolla esta idea al sostener que el primer ser no sólo supera a cada realidad existente, sino también a todo ser posible. Si faltara en él alguna perfección posible, podría concebirse una realidad más perfecta que la primera. Por ello, la perfección suprema debe contener de modo eminente toda perfección posible.7

Jerarquía de los seres creados

Los grados de actualidad

La realidad creada presenta diversos niveles de actualidad:

  • Los seres inertes poseen existencia y actividad natural.
  • Los seres vivos poseen operaciones vitales.
  • Los animales poseen sensibilidad y conocimiento sensitivo.
  • Los seres humanos poseen inteligencia y voluntad.
  • Los seres espirituales, según la concepción cristiana, poseen una forma de conocimiento y voluntad no vinculada a un cuerpo material.

Cada nivel superior incluye una actualidad que el nivel inferior no posee. Un ser vivo puede realizar operaciones que una piedra nunca puede ejecutar. Un animal puede sentir; una planta carece de sensación. El ser humano puede comprender universales, deliberar y orientar libremente su conducta.

La diversidad de grados no convierte a las criaturas en fragmentos de Dios. Cada criatura posee una naturaleza propia y limitada. La participación crea semejanza, pero también mantiene una diferencia radical entre el Creador y la criatura.

La vida y la inteligencia

Francisco Suárez utiliza la distinción entre seres existentes, vivientes, sensitivos e inteligentes para mostrar una progresión de perfecciones. La vida implica una forma de actividad interior que supera la mera existencia material; la sensibilidad añade conocimiento; la inteligencia permite una operación espiritual y universal.7

Andrew Davison aplica esta estructura al pensamiento teológico contemporáneo y observa que las criaturas expresan, con intensidad y combinaciones diversas, semejanzas limitadas con la perfección divina. La sabiduría, la vida y el ser aparecen en grados distintos, mientras que en Dios todas las perfecciones se encuentran unificadas en una simplicidad absoluta.8

Diferencia respecto del argumento ontológico

El argumento de los grados de perfección pertenece a los argumentos a posteriori. Parte de la observación de las criaturas y de las perfecciones que manifiestan. Desde ese punto, asciende hacia una causa trascendente.

El argumento ontológico, en cambio, intenta alcanzar la existencia de Dios desde el concepto mismo de Dios, sin partir directamente de la experiencia sensible. La tradición escolástica distingue ambos procedimientos y considera que la cuarta vía tomista depende del análisis de la realidad creada, de la participación y de la causalidad.2

La diferencia puede resumirse así:

  • El argumento ontológico comienza con la idea de un ser perfectísimo.
  • El argumento de los grados comienza con perfecciones limitadas presentes en las criaturas.
  • El primero razona principalmente desde el concepto.
  • El segundo razona desde la experiencia metafísicamente interpretada del mundo.

Diferencia respecto de las otras vías de santo Tomás

La cuarta vía comparte con las demás vías una estructura causal y metafísica, pero toma como punto de partida un aspecto distinto de la realidad.

Primera vía: el movimiento

La primera vía parte del cambio, entendido como paso de la potencia al acto, y concluye en un primer motor inmóvil.

Segunda vía: la causalidad eficiente

La segunda vía parte de la existencia de causas eficientes subordinadas y concluye en una causa eficiente primera.

Tercera vía: la contingencia

La tercera vía parte de los seres contingentes, cuya existencia no resulta necesaria, y concluye en un ser necesario.

Cuarta vía: los grados de perfección

La cuarta vía parte de las diferencias de bondad, verdad, nobleza y perfección, y concluye en una perfección suprema que causa las perfecciones creadas.

Quinta vía: el gobierno del mundo

La quinta vía parte del orden y de la finalidad presentes en la naturaleza y concluye en una inteligencia ordenadora.

La tradición tomista entiende estas vías como formulaciones convergentes de una misma búsqueda racional del fundamento último del universo. Una presentación clásica reúne el movimiento, la causalidad, la contingencia, los grados de perfección y el orden cósmico como caminos distintos hacia el reconocimiento de Dios.2

Objeciones filosóficas

¿Todo grado exige un máximo?

Una objeción sostiene que una serie de grados puede carecer de un máximo. Por ejemplo, una sucesión matemática puede prolongarse indefinidamente sin alcanzar un valor supremo. Desde esta perspectiva, la presencia de realidades más o menos buenas no demostraría por sí sola la existencia de una bondad absoluta.

La respuesta tomista distingue entre una serie abstracta y una jerarquía real de causas y perfecciones. La cuarta vía no afirma simplemente que toda comparación cuantitativa necesite un número máximo. Afirma que las perfecciones trascendentales de las criaturas requieren un fundamento ontológico que explique su presencia limitada.

El argumento depende, por tanto, de una concepción metafísica de la participación y de la causalidad, no de una extrapolación matemática.

¿Puede la naturaleza explicar las perfecciones?

Otra objeción atribuye las perfecciones de los seres a la naturaleza, sin necesidad de recurrir a Dios. La naturaleza explicaría la vida, la sensibilidad, la inteligencia y el orden mediante procesos propios.

La respuesta tomista afirma que la explicación natural describe el modo inmediato en que actúan las cosas, pero no elimina la pregunta por el fundamento último de su ser y de sus capacidades. La naturaleza actúa orientada a fines y depende de una causa superior; las facultades humanas también pueden cambiar y fallar, de modo que no constituyen una realidad absolutamente necesaria.1

La investigación científica y la explicación metafísica operan en planos diferentes. La ciencia estudia procesos, estructuras y regularidades observables; la metafísica pregunta por la razón última de que existan seres con tales estructuras, capacidades y grados de actualidad.

¿El mundo contiene también mal e imperfección?

La presencia del mal parece contradecir la existencia de una bondad suprema. Si Dios es la bondad infinita, podría parecer que ningún mal debería existir.

Santo Tomás responde que la existencia del mal no destruye la bondad divina. Dios puede permitir el mal y obtener de él un bien mayor sin causar el mal como mal. La bondad divina incluye el poder de ordenar incluso los males permitidos hacia un bien superior.1

Además, el mal no constituye una perfección positiva. En la metafísica clásica, el mal consiste en una privación: la ausencia de un bien debido. La ceguera constituye una privación de la vista en un ser que debería ver; la injusticia constituye una privación del orden debido a la voluntad. La existencia de privaciones presupone, en cierto sentido, un orden de bienes y perfecciones que permite reconocerlas como defectos.

¿El argumento convierte a Dios en una criatura máxima?

Otra dificultad imagina a Dios como el ejemplar más grande dentro del mismo género que las criaturas. En ese caso, Dios sería una especie de supercriatura, limitada por la misma estructura que limita a los demás seres.

La doctrina católica rechaza esa interpretación. Dios no pertenece a un género junto con las criaturas. La analogía permite reconocer una semejanza real entre Dios y el mundo, pero también una desemejanza todavía mayor. Dios trasciende infinitamente cualquier gradación finita de perfecciones.6,9

Juan Duns Escoto advierte que diferentes perfecciones pueden alcanzar niveles máximos dentro de órdenes distintos sin que cada una constituya por sí sola la perfección absoluta. La superioridad de una perfección en un género determinado no basta para identificarla con el ser supremo.10

Valor teológico y filosófico

Una demostración metafísica

El argumento de los grados de perfección no pretende ofrecer una prueba experimental de Dios. Ningún instrumento puede medir directamente la perfección divina ni situar a Dios dentro del universo como un objeto entre otros.

La cuarta vía ofrece una demostración metafísica. Examina las condiciones últimas de realidades conocidas por la experiencia: el ser, la bondad, la verdad, la vida y la inteligencia. Su conclusión sostiene que esas perfecciones limitadas no bastan para explicar por sí mismas su existencia y remiten a una plenitud originaria.

La fuerza del argumento depende de aceptar varios principios:

  • La realidad posee inteligibilidad.
  • Las perfecciones de las criaturas no son puras ilusiones subjetivas.
  • Lo que existe de manera limitada recibe su perfección de una causa.
  • La causalidad no puede retroceder indefinidamente en el orden de la dependencia fundamental.
  • La realidad exige un fundamento último.

Conocimiento verdadero, aunque limitado

El argumento permite hablar racionalmente de Dios sin pretender abarcar su esencia. La inteligencia humana puede conocer que Dios existe y puede atribuirle perfecciones, pero no puede comprender exhaustivamente la infinitud divina.

La analogía conserva un contenido objetivo: la bondad, la verdad y la inteligencia atribuidas a Dios no son palabras vacías. Sin embargo, esas perfecciones no existen en Dios con la limitación propia de las criaturas. La razón conoce algo verdadero acerca de Dios, pero no agota el misterio de su ser.6,4

Relación con la fe cristiana

La razón filosófica puede conducir al reconocimiento de un ser supremo, causa de toda perfección. La fe cristiana, por su parte, revela que ese Dios es el Dios personal de la alianza, creador del mundo, trino y providente, y que ha manifestado plenamente su amor en Jesucristo.

La cuarta vía no demuestra por sí sola todos los contenidos de la fe cristiana. No deduce directamente la Trinidad, la Encarnación, la gracia o los sacramentos. Su función consiste en mostrar que la afirmación de Dios no contradice la razón y que el mundo creado remite racionalmente a un fundamento absoluto.

La perfección divina y los atributos de Dios

Una vez reconocida la existencia de Dios como perfección suprema, la teología natural puede estudiar sus atributos.

Bondad

Dios es bueno de manera absoluta, porque toda bondad creada procede de la plenitud divina. Las criaturas son buenas en la medida en que poseen el ser y alcanzan la perfección correspondiente a su naturaleza.

Verdad

Dios es la verdad primera. Las criaturas pueden ser conocidas porque poseen una estructura inteligible; esa inteligibilidad encuentra su fundamento último en Dios.

Inteligencia y sabiduría

Dios posee inteligencia no como una facultad limitada que pasa de la ignorancia al conocimiento, sino como acto perfecto. La sabiduría divina comprende y ordena todas las cosas sin depender de una realidad exterior.

Justicia y santidad

La justicia y la santidad creadas reflejan de modo finito la perfección divina. En Dios no existe conflicto entre justicia y misericordia, porque todos sus atributos son idénticos en la unidad simple de su ser.

Inmutabilidad e infinitud

Dios no cambia, porque el cambio implica adquirir una perfección que antes no se poseía o perder una perfección ya adquirida. La plenitud divina excluye toda potencia pasiva y toda posibilidad de deterioro. La tradición escolástica vincula la actualidad pura con la inmutabilidad divina.5

Interpretaciones posteriores

Francisco Suárez

Suárez desarrolló el argumento dentro de una reflexión sobre el primer ser y la totalidad de las perfecciones posibles. Para él, el primer ser debe superar no sólo a todas las realidades existentes, sino también a cualquier realidad posible. Si una perfección posible faltara en el primer ser, podría concebirse un ser más perfecto que él.7

Juan Duns Escoto

Duns Escoto examinó con precisión la relación entre las perfecciones puras. Su análisis evita identificar sin más la perfección suprema de un ámbito particular con la perfección absoluta. Una realidad puede superar a otras en una dimensión concreta sin contener todas las perfecciones de manera eminente.10

Debates contemporáneos

La filosofía y la teología contemporáneas han discutido la teoría de los grados del ser, la analogía y la relación entre esencia y existencia. Algunas interpretaciones conceden a la esencia de las criaturas una función positiva como medida formal de su modo de ser, mientras que otras acentúan la composición entre esencia y existencia y la dependencia radical de todo ente creado respecto del acto de ser.11

Estas discusiones no alteran el núcleo del argumento: las criaturas poseen perfecciones finitas y dependientes, mientras que Dios posee la plenitud del ser sin limitación ni dependencia.

Importancia para la apologética católica

El argumento de los grados de perfección ofrece varias aportaciones a la defensa racional de la fe:

  • Explica por qué la afirmación de Dios puede apoyarse en la experiencia del mundo.
  • Muestra que la bondad, la verdad y la inteligencia no son realidades aisladas ni autosuficientes.
  • Evita reducir a Dios a una hipótesis científica adicional.
  • Fundamenta un lenguaje teológico que une afirmación y trascendencia.
  • Ayuda a comprender la diferencia entre el Creador y las criaturas.
  • Presenta la creación como participación limitada en la perfección divina.

La vía no depende de encontrar una criatura absolutamente perfecta. Ninguna criatura alcanza ese nivel. El razonamiento parte precisamente de la limitación y dependencia de las perfecciones creadas para concluir en una fuente que las posee sin límite.

Conclusión

El argumento de los grados de perfección sobre la existencia de Dios interpreta la diversidad cualitativa del mundo como una jerarquía real de actualidad, bondad, verdad, vida, inteligencia y nobleza. Las criaturas poseen esas perfecciones de manera parcial y limitada; por ello, no pueden constituir el fundamento último de aquello que reciben.

La razón asciende desde las perfecciones participadas hasta una perfección originaria, absoluta y trascendente. Dios no aparece como una criatura situada en el punto más alto de una escala, sino como la plenitud subsistente del ser, causa de toda perfección creada. La analogía permite hablar de Dios con verdad, siempre que la inteligencia humana excluya de sus conceptos toda limitación y reconozca que la perfección divina supera infinitamente cualquier realidad finita.6,3,4

Citas y referencias

  1. Summa theologiae, Tomás de Aquino. Summa Theologiae, I, Q. 2, A. 3 (1274). 2 3
  2. La existencia de Dios, Catholic Encyclopedia, The Existence of God (1913). 2 3 4
  3. Primera parte - La perfección de Dios - ¿Es Dios perfecto? , Tomás de Aquino. Summa Theologiae, I, Q. 4, A. 1 (1274). 2 3
  4. La naturaleza y atributos de Dios, Catholic Encyclopedia, The Nature and Attributes of God (1913). 2 3 4 5
  5. Atributos divinos, Catholic Encyclopedia, Divine Attributes (1913). 2 3
  6. Analogy, Catholic Encyclopedia, Analogy (1913). 2 3 4
  7. Utrum de essentia dei sit esse ens omnino perfectum, Francisco Suárez. Disputationes Metaphysicae, d30 (1597). 2 3
  8. Andrew Davison. Los Padres-cuyo la belleza está más allá del cambio, pero ¿quién sabe cómo? , Evolution and Divine Exemplarity, 32 (2018).
  9. Steven A. Long. La doctrina de Dios y la analogía del ser, 11 (2019).
  10. Simplicidad e infinitud del primer ser - De la infinitud se sigue toda clase de simplicidad - Primera prueba, de la esencia, Juan Duns Escoto (Duns the Scot). De Primo Principio, Capítulo IV - Décima conclusión. 2
  11. ¿Un lugar en el debate contemporáneo? , Michał Paluch, O.P. Síntesis analógica: ¿un proyecto imposible? , 15 (2016).
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