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Argumento de los milagros sobre el catolicismo como verdadero

El argumento de los milagros sostiene que ciertos hechos extraordinarios, reconocibles mediante la razón y vinculados a una revelación religiosa, pueden constituir signos de la acción divina y confirmar la verdad del catolicismo. La teología católica entiende el milagro no como un espectáculo destinado a forzar la fe, sino como un signo de la presencia y del poder salvador de Dios, especialmente en Jesucristo, cuya predicación quedó confirmada por sus obras, por su muerte y, de modo supremo, por su resurrección.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreMilagro
CategoríaTérmino
DescripciónSigno de la presencia y del poder salvador de Dios, especialmente manifestado en Jesucristo. Hecho extraordinario que supera las capacidades humanas y las leyes naturales, causado directamente por Dios y que lleva un significado revelador hacia Él. El milagro apunta a Dios, confirma una misión divina y manifiesta una realidad de salvación
Aplicación MoralPosee fuerza moral, no física; no obliga la fe, sino que ofrece razones suficientes para confiar en Dios.
ContextoTeología católica contemporánea sobre la naturaleza y función de los milagros.
Contexto HistóricoDesarrollado en la tradición cristiana, discutido en el Concilio Vaticano II (Lumen gentium, Dei Verbum) y en la reflexión teológica del siglo XX.
Enseñanzas Principales1) El milagro tiene tres dimensiones: hecho extraordinario, intervención divina y significado revelador. 2) El milagro fortalece la fe sin coaccionarla. 3) La resurrección de Cristo es el signo culminante del argumento milagroso.
ImportanciaConsiderado una de las evidencias más fuertes de la revelación divina y un argumento apologético a favor del catolicismo.
InfluenciasUtilizado en la apologética católica, en procesos de beatificación y canonización, y en la enseñanza sobre la fe y la libertad humana.
Interpretación TradicionalNo es un espectáculo para forzar la fe, sino un signo que no rompe arbitrariamente el orden natural sino que proviene del Creador que sostiene el universo.
TipoTérmino teológico, Concepto

Tabla de contenido

Concepto católico de milagro

La palabra milagro procede del latín miraculum, «cosa admirable» o «hecho que causa admiración». En la tradición cristiana, el milagro no equivale simplemente a un acontecimiento raro, inexplicable o estadísticamente improbable. La rareza, por sí sola, no demuestra una intervención divina.

El milagro posee tres dimensiones relacionadas:

  • Un hecho extraordinario, que supera las capacidades ordinarias del ser humano y las fuerzas conocidas de la naturaleza.
  • Una intervención divina, que constituye la causa última del acontecimiento.
  • Un significado revelador, porque el hecho apunta hacia Dios, confirma una misión o manifiesta una realidad de salvación.

Una definición teológica recogida en los estudios contemporáneos describe el milagro como un acto directo de Dios mediante el cual Dios manifiesta a la humanidad una realidad observable y nueva, cuya comprensión plena requiere la fe.1

La teología católica evita reducir el milagro a una simple ruptura arbitraria del orden natural. Dios sostiene continuamente el universo y actúa en él; por tanto, la acción milagrosa no procede de un dios extraño al mundo, sino del Creador y Señor de la naturaleza. Una formulación teológica clásica explica que los milagros son efectos extraordinarios del acto eterno por el que Dios sostiene y mueve el universo.2

Esta perspectiva permite comprender el milagro como una manifestación singular de la soberanía divina. El acontecimiento extraordinario no convierte a Dios en un agente ocasional que interviene desde fuera en una realidad abandonada a sus propias leyes. Dios actúa siempre como causa primera; el milagro manifiesta de un modo excepcional una acción que, en último término, sostiene también el curso ordinario de la creación.2

El milagro como signo

La Biblia utiliza diversos términos para referirse a los milagros de Jesús: signos, obras, fuerzas y maravillas. Cada palabra ilumina un aspecto distinto del acontecimiento.

Maravilla y poder

El milagro causa admiración porque presenta algo extraordinario. También manifiesta un poder que supera las posibilidades humanas y las fuerzas ordinarias de la naturaleza. Sin embargo, la admiración no constituye el objetivo principal. El milagro no pretende satisfacer la curiosidad ni exhibir la superioridad de un taumaturgo.

Signo de una realidad invisible

El término signo resulta especialmente importante. El milagro remite más allá de sí mismo: conduce hacia Dios, hacia su Reino y hacia la salvación ofrecida en Cristo. El hecho visible contiene un significado espiritual y teológico.

La tradición bíblica distingue el milagro auténtico de la magia. En el mundo mágico, el prodigio concentra la atención sobre quien lo realiza y busca manipular fuerzas ocultas. En la tradición profética de Israel, en cambio, el profeta no ocupa el lugar de Dios: actúa como servidor de la Palabra. El milagro queda subordinado al mensaje y confirma una acción salvadora, no una ambición personal.3

Obra de salvación

Los milagros de Jesús no aparecen como acciones aisladas junto a su predicación. Palabra y obra forman una unidad. Jesús anuncia el Reino de Dios y, mediante sus curaciones, exorcismos y demás signos, hace visible que ese Reino comienza a irrumpir en la historia.1

Los milagros manifiestan además que la salvación cristiana no afecta únicamente al alma entendida de manera separada del cuerpo. Las curaciones y restauraciones corporales expresan que Dios quiere salvar al hombre entero. Los milagros de Jesús anticipan la renovación plena de la creación y muestran que la redención alcanza la dimensión corporal y mundana de la existencia humana.4

Estructura lógica del argumento

El argumento de los milagros puede formularse de la siguiente manera:

  1. Dios existe y puede actuar en la creación.
  2. Un milagro auténtico constituye un acontecimiento que las causas naturales conocidas no explican suficientemente.
  3. La razón puede reconocer, mediante la investigación y el principio de causalidad, que un hecho posee carácter milagroso.
  4. Cuando el milagro aparece unido a una misión religiosa y a un mensaje conforme a la verdad y al bien, confirma la autoridad divina de esa misión.
  5. Jesucristo realizó signos extraordinarios, y esos signos quedaron unidos a su predicación, a su identidad y a la llegada del Reino de Dios.
  6. La resurrección de Jesucristo constituye el signo culminante de su identidad y de la verdad de su obra.
  7. La continuidad de los signos en la vida de la Iglesia, especialmente en la santidad y en los milagros reconocidos, ofrece un testimonio histórico adicional de la acción de Dios en la Iglesia católica.

La conclusión no consiste en que todo hecho extraordinario pruebe automáticamente el catolicismo. El razonamiento exige examinar la naturaleza del acontecimiento, la calidad de los testimonios, el contexto religioso, el contenido del mensaje y la relación entre el signo y la misión de quien lo realiza.

Fuerza probatoria del milagro

La teología católica considera los milagros una de las evidencias más fuertes de la revelación divina. No obstante, distingue entre dos tipos de certeza.

El milagro no impone físicamente la fe

El milagro posee una fuerza moral, no una fuerza física que obligue mecánicamente a asentir. Una persona puede presenciar un acontecimiento extraordinario y rechazar su significado religioso. La evidencia puede resultar muy poderosa sin eliminar la libertad.

El Concilio Vaticano II enseña que Cristo confirmó su predicación mediante milagros para suscitar y robustecer la fe, pero no para ejercer coacción sobre quienes le escuchaban.5

La libertad no convierte la fe en una decisión irracional. El signo proporciona razones suficientes para confiar en Dios, aunque no sustituye el acto personal de fe. La revelación ofrece motivos de credibilidad; la fe, movida por la gracia, acoge la verdad revelada.

El milagro acredita la credibilidad, no demuestra el contenido completo

Un milagro no demuestra por sí solo todos los misterios de la fe. La Trinidad, la Encarnación o la presencia real de Cristo en la Eucaristía superan la capacidad demostrativa de un hecho sensible. El milagro no hace que una doctrina sobrenatural resulte evidente en sí misma; muestra que existen razones fundadas para aceptar la autoridad divina que propone esa doctrina.

La distinción clásica puede expresarse así: el milagro no convierte los misterios en verdades naturalmente evidentes, pero sí los presenta como dignos de fe por la autoridad de Dios que los revela.6

Por esta razón, el argumento completo requiere varios elementos. El milagro debe vincularse a un mensajero, a una revelación o a una comunidad cuya misión reclama origen divino. El acontecimiento confirma principalmente la autoridad de esa misión; después, la inteligencia recibe el contenido de la revelación mediante la fe.

Los milagros de Jesucristo

Los Evangelios presentan los milagros de Jesús como parte esencial de su actividad pública. Las multitudes acudían a él por sus enseñanzas y por sus obras; su fama se extendió por Galilea, Judea y regiones próximas. Los Evangelios también conservan testimonios según los cuales sus contemporáneos lo reconocían como alguien poderoso en obras y palabras.6

Los relatos evangélicos incluyen, entre otros, los siguientes grupos de signos:

  • Curaciones de enfermedades, parálisis, cegueras, sorderas y otras dolencias.
  • Exorcismos, que manifiestan la derrota del poder de Satanás.
  • Resurrecciones, como la de la hija de Jairo, el hijo de la viuda de Naín y Lázaro.
  • Milagros sobre la naturaleza, como la tempestad calmada, la pesca milagrosa y la multiplicación de los panes.
  • Signos relacionados con la propia persona de Jesús, especialmente su transfiguración y su resurrección gloriosa.

El valor de estos hechos no reside únicamente en su carácter extraordinario. Las curaciones expresan la compasión de Dios; los exorcismos anuncian la llegada del Reino; las multiplicaciones de los panes evocan la providencia divina y preparan la comprensión de la Eucaristía; las resurrecciones anticipan la victoria definitiva sobre la muerte.

Los exorcismos y la llegada del Reino

Jesús relaciona sus exorcismos con la llegada del Reino de Dios. La expulsión de los demonios no constituye una demostración autónoma de poder, sino un signo de que el dominio de Satanás comienza a retroceder. Los milagros de Jesús forman así parte de su combate contra el mal y anuncian la liberación del hombre.1

La Constitución Lumen gentium sitúa los milagros dentro de la manifestación del Reino, que resplandece ante los hombres en la palabra, en las obras y en la presencia de Cristo. Los milagros de Jesús acreditan que el Reino ya ha llegado a la tierra.5

La relación entre fe y milagro

Los Evangelios muestran con frecuencia una relación entre la fe y los milagros. Jesús pide confianza, no como condición mágica para activar un poder, sino como disposición para acoger el don de Dios. La fe reconoce en el signo una acción salvadora y no una simple alteración de la naturaleza.

La actividad milagrosa de Jesús permanece inseparable de su enseñanza. Ambos aspectos orientan al hombre hacia Dios y confirman su misión de una manera especialmente tangible, sin violentar la libertad de quienes contemplan sus obras.1

La resurrección como milagro central

La resurrección de Jesucristo ocupa el lugar central dentro del argumento cristiano de los milagros. Los demás signos preparan y anuncian la victoria definitiva sobre el pecado y la muerte; la resurrección inaugura una condición nueva de existencia y constituye el fundamento de la predicación apostólica.

La Constitución Dei Verbum presenta la revelación como plenamente realizada en Cristo mediante toda su presencia y manifestación: palabras, obras, signos, milagros, muerte, resurrección gloriosa y envío del Espíritu de la verdad. Estos acontecimientos ofrecen el testimonio divino de que Dios está con los hombres para liberarlos del pecado y de la muerte y conducirlos a la vida eterna.5

La resurrección no equivale al retorno de Jesús a su vida anterior, como ocurrió con Lázaro o con la hija de Jairo. Cristo resucitado entra en la gloria y comunica a la humanidad la esperanza de la nueva creación. Por eso, la resurrección constituye simultáneamente:

  • La confirmación de la divinidad de Cristo.
  • La ratificación de su enseñanza.
  • La victoria sobre el pecado y la muerte.
  • El fundamento de la misión apostólica.
  • La anticipación de la resurrección futura de los creyentes.

El argumento de los milagros alcanza aquí su máxima fuerza: Dios no sólo interviene para aliviar una enfermedad o controlar un acontecimiento natural, sino que inaugura en Cristo la transformación definitiva de la humanidad.

Historicidad de los relatos evangélicos

La investigación histórica distingue entre el acontecimiento y la forma literaria con que una comunidad lo transmite. La existencia de elementos redaccionales, simbólicos o catequéticos no obliga a negar la realidad histórica de los milagros. Un relato puede organizarse teológicamente y, al mismo tiempo, conservar un núcleo histórico verdadero.

Los estudios sobre la tradición evangélica examinan la originalidad cristiana de los relatos, su relación con la predicación de Jesús y el grado de historicidad de cada episodio. La investigación católica reconoce diferencias entre los especialistas, pero admite ampliamente un núcleo considerable de actividad milagrosa en la vida pública de Jesús.1

Algunos estudios han defendido que el análisis de la tradición evangélica permite llegar a un juicio histórico sobre Jesús como obrador de milagros sin recurrir inmediatamente a la fe. Ese análisis reconoce también que los evangelistas y las comunidades cristianas interpretaron los acontecimientos a la luz de la fe pascual, sin que tal interpretación implique necesariamente invención.7

La tradición evangélica resultaría difícil de explicar si la vida terrena de Jesús no hubiera dejado una impresión general y duradera como predicador y obrador de milagros. Incluso una postura crítica sobre determinados relatos reconoce la necesidad de algún fundamento histórico que explique la aparición y la difusión de esa tradición.4

El testimonio y la investigación racional

El conocimiento de un milagro puede proceder de la observación directa o del testimonio de otras personas. Como ocurre con cualquier acontecimiento histórico, la credibilidad depende de varios factores:

  • La competencia de los testigos.
  • Su proximidad al acontecimiento.
  • Su capacidad para observar y recordar.
  • Su sinceridad.
  • La independencia entre los testimonios.
  • La ausencia de explicaciones naturales suficientes.
  • La relación entre el hecho y el mensaje religioso.

La naturaleza extraordinaria del milagro exige una investigación más cuidadosa que la de un hecho ordinario. La razón aplica el principio de causalidad y los métodos de la investigación histórica para valorar si las causas naturales conocidas bastan para explicar el acontecimiento.6

El razonamiento no parte de una credulidad indiscriminada. La Iglesia no necesita aceptar todos los relatos piadosos transmitidos a lo largo de la historia. John Henry Newman distinguió entre la certeza global sobre la historia de la Iglesia y el grado desigual de certeza propio de cada episodio. Admitió que algunos relatos pueden contener exageraciones o carecer de fundamento, y defendió la obligación de rechazar aquellos hechos cuya falsedad aparezca demostrada.8

Esta actitud protege el argumento de los milagros contra dos excesos opuestos:

  • La credulidad, que acepta cualquier prodigio sin examen.
  • El racionalismo cerrado, que declara imposible todo milagro antes de estudiar los hechos.

Los milagros en la vida de la Iglesia

La Iglesia católica afirma que la acción milagrosa de Dios no terminó con la época apostólica. La tradición cristiana conserva relatos de curaciones, liberaciones, incorruptibilidad, fenómenos místicos y otros hechos extraordinarios vinculados a santos, mártires, reliquias y lugares de peregrinación.

La existencia de estos relatos no significa que cada uno posea la misma certeza. La evidencia histórica varía mucho según los casos. La Iglesia distingue entre:

  • Milagros narrados en la Sagrada Escritura, que pertenecen al contenido de la fe.
  • Milagros reconocidos oficialmente por la autoridad eclesial.
  • Acontecimientos investigados pero no reconocidos.
  • Relatos devocionales sin suficiente comprobación.
  • Fenómenos que la Iglesia considera falsos, explicables naturalmente o carentes de fundamento.

Los procesos de beatificación y canonización estudian los milagros con particular rigor. Juan Pablo II explicó que, cuando los hechos han quedado comprobados en condiciones rigurosas y la autoridad eclesial los reconoce oficialmente, funcionan como un sello divino que confirma la santidad del siervo de Dios, legitima su culto y respalda el testimonio de su vida y de su enseñanza.9

El milagro y la santidad

La Iglesia no identifica el milagro con la santidad. Una persona puede alcanzar la santidad sin realizar milagros visibles, y un fenómeno extraordinario no convierte automáticamente en santo a quien aparece relacionado con él.

El milagro desempeña una función subordinada. Confirma la acción de Dios, la intercesión de un siervo suyo o la autenticidad de una misión; la santidad, en cambio, aparece principalmente en la caridad, la humildad, la fidelidad, la justicia, la castidad, la paciencia y la unión con Cristo.

La tradición católica contempla la continuidad de los milagros y de la santidad como un testimonio permanente de la presencia de Cristo y del Espíritu Santo en la Iglesia.6

El milagro como signo de la Iglesia verdadera

El argumento de los milagros puede aplicarse a la Iglesia católica mediante una consideración histórica y teológica conjunta. Cristo realizó milagros, fundó una comunidad apostólica y prometió permanecer con ella. La Iglesia conserva la fe apostólica, anuncia el Evangelio, celebra los sacramentos y presenta a través de sus santos una continuidad de vida sobrenatural.

Algunos teólogos han descrito la propia historia de la religión revelada y la existencia de la Iglesia como un milagro global. Desde esta perspectiva, los milagros particulares adquieren sentido dentro de una obra más amplia: la continuidad de la fe, la expansión universal del Evangelio, la santidad de los discípulos, la perseverancia de la Iglesia en medio de persecuciones y la transformación de personas y pueblos por la gracia.3

El razonamiento católico no reduce la credibilidad de la Iglesia a la cantidad de prodigios atribuidos a sus miembros. La Iglesia resulta creíble por la convergencia de varios signos:

  • La unidad de su fe.
  • La universalidad de su misión.
  • La continuidad apostólica.
  • La santidad de sus miembros.
  • La fecundidad espiritual de sus sacramentos.
  • La fuerza transformadora de su doctrina.
  • Los milagros vinculados a Cristo, a los santos y a la vida eclesial.

Los milagros adquieren todo su valor dentro de esa totalidad. Un hecho extraordinario separado del Evangelio podría suscitar admiración sin conducir necesariamente a la Iglesia católica. Un signo unido a la doctrina apostólica, a la vida sacramental y a la santidad cristiana participa de una cadena de testimonios que apunta hacia la acción de Dios.

Objeciones al argumento de los milagros

«Las leyes naturales hacen imposible el milagro»

Esta objeción parte de una concepción cerrada de la naturaleza. Las leyes naturales describen el comportamiento ordinario de los seres y permiten formular predicciones; no demuestran por sí mismas que Dios no pueda actuar en la creación.

La posibilidad del milagro depende, en último término, de la existencia de Dios. Si Dios creó y sostiene el universo, no resulta contradictorio que actúe de forma extraordinaria en él. La ciencia puede explicar los procesos naturales, pero no puede convertir el naturalismo -la negación filosófica de toda realidad sobrenatural- en una conclusión científica.

«Todo milagro tiene una explicación natural»

La Iglesia acepta que muchos fenómenos inicialmente considerados milagrosos pueden recibir una explicación psicológica, médica, física o histórica. Esa posibilidad justifica la investigación, no la negación anticipada de todo milagro.

Una explicación natural sólo elimina el carácter milagroso cuando explica adecuadamente todos los elementos relevantes del acontecimiento. Una hipótesis meramente posible no posee el mismo valor que una explicación demostrada.

«Los relatos evangélicos son leyendas»

La crítica literaria reconoce géneros, redacciones y desarrollos teológicos en los Evangelios. Sin embargo, esos elementos no obligan a clasificar los milagros como invenciones tardías. La tradición evangélica contiene una memoria histórica de la actividad de Jesús y una interpretación creyente de su significado.7

Además, la presentación de Jesús como obrador de milagros aparece integrada en el conjunto de su predicación, de sus controversias y de su relación con los discípulos. La hipótesis de una fabricación completa tendría que explicar por qué la comunidad primitiva atribuyó a Jesús una actividad que constituía parte inseparable de su misión pública.

«También existen milagros en otras religiones»

La existencia de relatos extraordinarios fuera del catolicismo no invalida el argumento. Primero hay que discernir si cada relato corresponde a un milagro auténtico, a una curación natural, a una interpretación religiosa, a una leyenda o a un fraude. Después hay que examinar qué mensaje acompaña al hecho.

La tradición bíblica no acepta el prodigio como criterio aislado. El milagro debe concordar con la verdad sobre Dios, con la moral y con la revelación. Un acontecimiento extraordinario no legitima cualquier doctrina ni cualquier práctica.

«Los milagros fuerzan la libertad»

El milagro puede impresionar profundamente, pero no obliga físicamente a la fe. Cristo utilizó los milagros para confirmar su predicación y fortalecer la respuesta de los oyentes, no para anular su libertad.5

El hombre puede rechazar el significado de un signo, atribuirlo a otra causa o permanecer indiferente. La fe nace de la conjunción entre la gracia divina y la respuesta libre de la persona.

Criterios para discernir un milagro

Un discernimiento responsable considera simultáneamente los aspectos médicos, históricos, filosóficos y teológicos.

Criterios sobre el hecho

El investigador debe preguntar:

  • ¿Qué ocurrió exactamente?
  • ¿Quiénes presenciaron el acontecimiento?
  • ¿Existen documentos próximos al hecho?
  • ¿Coinciden los testimonios?
  • ¿Cabe una explicación médica o natural suficiente?
  • ¿Aparecieron efectos permanentes y verificables?
  • ¿Hubo intereses económicos, propagandísticos o emocionales?

Criterios sobre el contexto

También resulta necesario estudiar:

  • La relación del acontecimiento con la oración y la fe.
  • La invocación de Cristo o de un santo.
  • La concordancia con la doctrina católica.
  • La ausencia de prácticas mágicas o supersticiosas.
  • Los frutos espirituales posteriores.
  • La humildad y la conducta de quienes transmiten el acontecimiento.

Criterios eclesiales

La autoridad de la Iglesia no crea el milagro, pero discierne si los elementos disponibles justifican su reconocimiento. En las causas de canonización, el estudio médico, histórico y teológico precede a la decisión eclesial. El reconocimiento oficial atribuye al hecho una función concreta dentro del proceso y no obliga a aceptar todas las narraciones milagrosas de la historia cristiana.

Valor apologético y límites

La apologética católica utiliza los milagros como motivos de credibilidad. El argumento ayuda a mostrar que la fe católica no descansa en una decisión arbitraria ni en una mera experiencia subjetiva. La revelación cristiana posee signos externos que apuntan a su origen divino.

Sin embargo, el argumento no funciona como una demostración matemática que obligue a toda persona a aceptar inmediatamente el catolicismo. Su fuerza depende de la convergencia de varios elementos: la existencia de Dios, la posibilidad de la intervención divina, la credibilidad histórica de los testigos, la naturaleza del acontecimiento, el mensaje asociado y la coherencia del conjunto de la revelación.

El milagro tampoco sustituye la conversión. Puede abrir el camino hacia la fe, confirmar una misión, fortalecer a los creyentes y llamar a una persona a reconocer la presencia de Dios. La respuesta final exige libertad, inteligencia, gracia y adhesión personal a Jesucristo.

Interpretación católica de conjunto

El argumento de los milagros alcanza su plena comprensión dentro del centro de la fe católica: la Encarnación del Verbo. Dios no ofrece únicamente señales aisladas, sino que entra en la historia humana en Jesucristo. Los milagros que acompañan su ministerio manifiestan y anticipan la obra de la salvación; su muerte y resurrección constituyen el centro hacia el que todos los demás signos convergen.

Los milagros respetan la unidad de la acción divina. Algunos restauran de manera extraordinaria bienes propios de la creación antigua, como la salud o la vida corporal. Otros anticipan los bienes de la nueva creación, revelados plenamente en la resurrección de Cristo. En ambos casos, los signos manifiestan una armonía profunda entre creación, redención y consumación final.10

Conclusión

El argumento de los milagros sobre el catolicismo como verdadero afirma que Dios ha ofrecido signos visibles de su acción en la historia. Los milagros de Jesucristo confirman su misión, manifiestan la llegada del Reino y encuentran su culminación en la resurrección. Los milagros reconocidos en la vida de los santos testimonian la continuidad de la acción divina en la Iglesia y respaldan, en determinados casos, la autenticidad de su santidad.

La Iglesia católica no considera milagroso todo hecho insólito ni convierte cada relato piadoso en objeto de fe. Examina los acontecimientos con prudencia, distingue diversos grados de certeza y mantiene unido el signo al mensaje evangélico. El milagro no fuerza la libertad ni demuestra por sí solo todos los misterios cristianos, pero ofrece una razón poderosa para considerar creíble la revelación de Dios en Jesucristo y la misión de la Iglesia católica.

Citas y referencias

  1. José Morales. El milagro en la teología contemporánea, 20 (1970). 2 3 4 5
  2. José Morales. El milagro en la teología contemporánea, 10 (1970). 2
  3. José Morales. El milagro en la teología contemporánea, 18 (1970). 2
  4. Significado teológico de los milagros de Jesús, L.F. Mateo-Seco. W. Kasper: Jesús el Cristo, 12 (1979). 2
  5. José Morales. El milagro en la teología contemporánea, 26 (1970). 2 3 4
  6. Milagro. Enciclopedia Católica, Milagro (1913). 2 3 4
  7. José Morales. El milagro en la teología contemporánea, 22 (1970). 2
  8. Apéndice - Respuesta detallada a las acusaciones del Sr. Kingsley - 5. Milagros eclesiásticos, John Henry Newman. Apología Pro Vita Sua, Apéndice.
  9. Papa Juan Pablo II. A los participantes en una reunión organizada por la Congregación de las Causas de los Santos (19 de noviembre de 1988) - Discurso, 3 (1988).
  10. Scripta Theologica. Recensiones, 21 (1979).
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Artículo supervisado por el Comité editorial de Wikitólica. Las afirmaciones del artículo están basadas y contrastadas usando fuentes catolicas: escritos patrísticos, de santos, artículos teológicos, documentos históricos, actas de concilios, encíclicas, fuentes magisteriales y documentos oficiales de la Iglesia. Proceso editorial →