El principio antrópico como explicación suficiente
Una objeción sostiene que el principio antrópico basta para explicar el ajuste fino. Si únicamente un universo compatible con la vida puede contener observadores, no habría motivo para extrañarse de que los seres humanos encuentren precisamente esas condiciones.
La objeción posee fuerza descriptiva, pero no resuelve necesariamente la cuestión metafísica. El principio antrópico explica por qué un observador no puede encontrarse en un universo incompatible con su existencia. No explica por qué existe un universo con leyes capaces de producir observadores.
Además, la afirmación de que nuestra existencia limita los valores posibles de las constantes físicas no equivale a demostrar que tales valores resultaban inevitables. La observación establece una condición de posibilidad, no necesariamente una causa.
La hipótesis de múltiples universos
Otra propuesta postula la existencia de numerosos universos con diferentes leyes o constantes. Si existieran suficientes universos, algunos podrían presentar por azar las condiciones adecuadas para la vida, y los observadores aparecerían precisamente en uno de esos universos.
Esta hipótesis puede ofrecer una explicación alternativa al ajuste fino, pero introduce cuestiones filosóficas adicionales: la naturaleza de esos otros universos, el mecanismo que los produciría, la posibilidad de confirmarlos y el estatuto de las leyes que gobiernan el conjunto.
Incluso si una teoría de múltiples universos alcanzara una formulación científica sólida, todavía quedaría abierta la pregunta por el fundamento último de la realidad total y de las leyes que permiten la existencia de esos universos. La explicación física de un conjunto cósmico no eliminaría automáticamente la cuestión metafísica del ser.
La necesidad de una teoría física más profunda
Algunos científicos y filósofos consideran posible que una teoría futura demuestre que los valores de las constantes no podían ser distintos. En ese caso, el ajuste fino reflejaría una necesidad física y no una elección divina.
Esta posibilidad no puede descartarse de antemano. La ciencia continúa investigando el origen de las leyes y la estructura fundamental de la realidad. El argumento teísta, por tanto, debe evitar una conclusión apresurada basada únicamente en la ignorancia científica.
Sin embargo, aun una teoría física completa describiría la necesidad interna de determinados valores. La filosofía todavía podría preguntar por qué existe esa teoría, por qué existe un orden matemático y por qué existe algo en lugar de nada. La doctrina de la creación se sitúa precisamente en ese nivel radical.
El azar y la selección natural
La evolución biológica explica, mediante procesos naturales, la adaptación y diversificación de los organismos. Esa explicación no elimina por sí misma la cuestión del ajuste fino cosmológico, porque la evolución presupone un universo con leyes, materia, energía, química y condiciones temporales adecuadas para la vida.
La selección natural puede explicar cómo cambian y se adaptan las poblaciones una vez que existe vida capaz de reproducirse. No responde directamente a por qué el universo posee las condiciones que permiten la existencia de materia compleja, estrellas, planetas y organismos.
La tradición apologética clásica ya distinguía entre describir un proceso natural y explicar su fundamento último. Los términos que describen la selección y la supervivencia no sustituyen por sí mismos a la reflexión sobre el orden, la finalidad y la inteligibilidad de la naturaleza.
El problema del mal y de la imperfección
El universo contiene catástrofes, enfermedades, extinciones, sufrimiento y enormes regiones incapaces de albergar vida. Este hecho parece difícil de conciliar con la idea de un universo diseñado por un Dios bueno.
La existencia del mal físico plantea una cuestión real para cualquier doctrina teísta. No obstante, el ajuste fino no afirma que cada detalle del universo manifieste una finalidad inmediatamente accesible ni que el mundo actual sea perfecto. El orden general puede coexistir con limitaciones, procesos destructivos y bienes que surgen mediante desarrollos prolongados.
La fe cristiana añade que la creación permanece orientada hacia una plenitud futura. La historia natural y humana no constituye un sistema cerrado cuya totalidad pueda juzgarse únicamente desde el estado presente del mundo.