«La selección natural explica el diseño aparente»
Una objeción sostiene que la selección natural explica la adaptación de los organismos sin necesidad de recurrir a Dios. Desde esta perspectiva, las variaciones aparecen sin finalidad consciente y la selección conserva las que favorecen la supervivencia y la reproducción.
La respuesta católica distingue entre explicación del mecanismo y explicación del fundamento último. La selección natural puede explicar cómo se propagan determinadas características dentro de una población. No demuestra, por sí sola, que el universo carezca de finalidad, ni explica por qué existe un mundo inteligible con leyes capaces de producir vida, orden y conocimiento.
La Comisión Teológica Internacional considera compatible la acción providente de Dios con procesos contingentes como la evolución. La existencia de mecanismos naturales no excluye la causalidad divina, porque Dios actúa en un nivel causal diferente.
«El diseño introduce a Dios allí donde falta una explicación»
Otra objeción acusa al diseño inteligente de utilizar a Dios como respuesta provisional a los enigmas científicos. Si una estructura carece hoy de explicación completa, atribuirla inmediatamente a un diseñador podría impedir la investigación.
La objeción afecta a cualquier uso defectuoso del argumento, pero no invalida la cuestión filosófica de la finalidad. La teología católica no necesita colocar una intervención extraordinaria en cada laguna del conocimiento. La acción creadora de Dios abarca tanto los fenómenos que la ciencia comprende como los que todavía desconoce.
Además, el argumento clásico no depende únicamente de ignorar la causa concreta de una estructura. La quinta vía contempla la orientación general de la naturaleza hacia fines, mientras que la metafísica examina la dependencia de todas las cosas respecto de Dios.
«La naturaleza contiene sufrimiento, fracaso y desorden»
La existencia del mal físico, de la enfermedad, de la muerte y de estructuras aparentemente inútiles plantea una dificultad para el argumento del diseño. Si el mundo posee un diseñador bueno, ¿por qué contiene imperfecciones?
El orden de la creación no exige que el mundo actual sea el mejor mundo posible ni que cada acontecimiento resulte inmediatamente comprensible para el ser humano. La tradición católica admite la realidad del mal físico y reconoce que la naturaleza incluye limitaciones, pérdidas y desajustes. Aun así, sostiene que la existencia de un orden global no desaparece por la presencia de imperfecciones particulares.
Desde la fe cristiana, la respuesta completa al problema del mal no procede exclusivamente del argumento cosmológico o teleológico. La creación encuentra su sentido definitivo en la providencia, la libertad, la redención y la esperanza escatológica. El argumento del diseño puede apuntar hacia un Creador bueno, pero no sustituye la doctrina cristiana sobre el pecado, la cruz y la resurrección.
«La complejidad no prueba una inteligencia»
Los críticos también observan que la complejidad, por sí sola, no implica diseño. Algunos procesos naturales producen estructuras complejas sin que intervenga una inteligencia humana dentro del proceso. Además, ciertos organismos presentan imperfecciones que dificultan la comparación con un artefacto cuidadosamente fabricado.
La respuesta exige evitar argumentos simplistas. Complejidad, adaptación, regularidad y finalidad no significan exactamente lo mismo. La fuerza de una inferencia dependerá del fenómeno analizado, de la explicación alternativa disponible y de la relación entre los datos y la conclusión.
El diseño inteligente no puede presentar como conclusión científica necesaria aquello que la investigación científica todavía discute. La Comisión Teológica Internacional reconoce que el desacuerdo acerca de si los datos favorecen el diseño o el azar pertenece al ámbito de la observación científica y de la generalización, y no puede resolverse únicamente mediante la teología.