Santo Tomás formula la primera vía mediante una cadena de pasos relacionados.
La experiencia del cambio
El punto de partida pertenece a la experiencia sensible:
«Resulta cierto y evidente para los sentidos que algunas cosas se mueven en el mundo».
La observación cotidiana muestra que las realidades naturales cambian. Una semilla llega a ser planta, un cuerpo frío puede calentarse, un animal pasa del reposo al movimiento y un objeto cambia de lugar. Estos hechos no constituyen meras apariencias subjetivas, sino procesos reales en los que una capacidad llega a actualizarse.
El argumento no necesita demostrar que cada cambio concreto posee una explicación física detallada. Parte de un principio más general: cuando algo cambia, recibe una determinación que antes poseía sólo potencialmente.
Potencia y acto
La distinción entre potencia y acto ocupa el centro del razonamiento.
- La potencia designa la capacidad real de llegar a ser algo.
- El acto designa la perfección o determinación ya realizada.
La madera puede estar caliente en potencia, aunque todavía permanezca fría en acto. El fuego, caliente en acto, puede actualizar la capacidad de la madera y hacerla caliente efectivamente. El fuego no crea de la nada la posibilidad de calentamiento de la madera; actualiza una capacidad que la madera ya posee.
Santo Tomás formula la noción de movimiento precisamente en estos términos:
«Mover no significa otra cosa que llevar algo de la potencia al acto».
La actualización exige una causa que ya posea en acto la perfección comunicada. Algo que todavía sólo puede llegar a ser caliente no puede, por esa misma capacidad, producir plenamente el calor que aún no posee. La causa actualizadora debe encontrarse en acto respecto de la perfección que comunica.
Imposibilidad de que algo se mueva a sí mismo
El mismo ente no puede ser, bajo el mismo aspecto y en el mismo sentido, simultáneamente motor y movido. Aquello que recibe una actualización permanece en potencia respecto de ella; aquello que actualiza debe encontrarse en acto. La misma realidad no puede estar, bajo la misma consideración, en potencia y en acto a la vez.
Esta afirmación no niega que una persona pueda iniciar voluntariamente un movimiento corporal o que un ser vivo posea un principio interno de actividad. La tesis afirma algo más preciso: ningún ente puede actualizarse a sí mismo primo et per se, es decir, de manera primera y en cuanto a la misma perfección. Si algo parece moverse por sí mismo, sus diferentes capacidades deben actuar en distintos sentidos. Por ejemplo, una persona puede mover su brazo mediante su voluntad, pero la voluntad actualiza una potencia distinta de la que corresponde al movimiento físico del brazo.
Santo Tomás expresa la conclusión así:
«Es imposible que algo sea, bajo el mismo aspecto y del mismo modo, motor y movido, o que se mueva a sí mismo».
La dependencia de los motores secundarios
Cuando una realidad recibe movimiento de otra, y esa segunda realidad también recibe movimiento de una tercera, aparece una serie de motores y movidos. La cuestión no consiste simplemente en averiguar qué acontecimiento ocurrió antes en el tiempo, sino en descubrir qué sostiene aquí y ahora la eficacia de los motores secundarios.
Santo Tomás utiliza el ejemplo de un bastón que mueve algo porque una mano lo mueve. El bastón posee una capacidad instrumental: no mueve por sí mismo en cuanto bastón, sino porque recibe el poder de mover de la mano. Si la mano dependiera de otro motor para ejercer su actividad, también ocuparía una posición secundaria en la serie.
La comparación ilustra una serie de causas esencialmente ordenadas. En una serie de este tipo, los miembros intermedios actúan sólo mientras reciben causalidad de un principio superior. El bastón no conservaría su eficacia como instrumento si la mano no ejerciera su acción. Del mismo modo, el argumento busca el fundamento actual de toda causalidad móvil.
La imposibilidad de una regresión infinita
Santo Tomás rechaza una regresión infinita en esta serie esencial de motores. Si no existiera un primer motor, tampoco existirían los motores secundarios como causas actualmente eficaces, porque todos dependerían de una causalidad que nunca llegaría a ejercerse.
La tesis no afirma simplemente que una sucesión temporal infinita resulte difícil de imaginar. El razonamiento apunta a una dependencia causal estructural. Una cadena infinita de causas subordinadas no tendría un principio capaz de conferir causalidad al conjunto. Por eso, aunque pudiera concebirse una serie temporal sin comienzo dentro de una determinada hipótesis cosmológica, la dependencia metafísica de los seres cambiantes todavía exigiría un fundamento primero.
Santo Tomás resume el punto con estas palabras:
«No puede procederse hasta el infinito, porque entonces no habría primer motor y, por consiguiente, tampoco habría ningún otro motor».
La conclusión: Dios como primer motor inmóvil
El argumento concluye que debe existir un primer motor que no sea movido por ningún otro. Santo Tomás identifica este primer motor con Dios:
«Por tanto, es necesario llegar a un primer motor que no sea movido por nadie; y todos entienden que ese primer motor es Dios».
La conclusión inmediata no ofrece todavía todos los atributos divinos conocidos por la teología católica. La primera vía alcanza un principio que explica radicalmente el movimiento y el cambio. La metafísica puede continuar después investigando qué características debe poseer ese principio: inmaterialidad, simplicidad, eternidad, necesidad, unidad, perfección, inteligencia y voluntad.