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Argumento ontológico sobre la existencia de Dios

El argumento ontológico intenta demostrar la existencia de Dios partiendo del concepto mismo de Dios, sin recurrir directamente a la experiencia del mundo, al orden de la naturaleza o a la causalidad. Su formulación clásica pertenece a san Anselmo de Canterbury, quien definió a Dios como «aquello mayor que lo cual nada puede pensarse». La tradición católica reconoce el valor filosófico de este razonamiento, pero la mayoría de los filósofos escolásticos lo ha considerado insuficiente como demostración autónoma de la existencia divina. La doctrina católica sostiene, en cambio, que la razón humana puede alcanzar con certeza la existencia de Dios a partir de las criaturas y de sus causas.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreArgumento ontológico
CategoríaTérmino
DescripciónDemostración de la existencia de Dios partiendo del concepto mismo de Dios, sin recurrir a la experiencia del mundo
Contexto HistóricoFormulado por San Anselmo de Canterbury en el siglo XI; desarrollado en el Proslogion.
Fecha de Publicación1078
InfluenciaSanto Tomás de Aquino, René Descartes, Gottfried Wilhelm Leibniz, Immanuel Kant, Georg Wilhelm Friedrich Hegel
Lugar de OrigenCanterbury
Personas relacionadasSan Anselmo de Canterbury
TipoDoctrina, a priori, argumento a priori

Tabla de contenido

Definición y características generales

El argumento ontológico recibe este nombre porque pretende pasar del ser pensado al ser real mediante el análisis de la noción de Dios. La palabra ontológico procede del griego y alude a aquello que pertenece al ser o a la realidad.

Los argumentos tradicionales sobre la existencia de Dios suelen dividirse en dos grandes grupos:

  • Los argumentos a posteriori, que parten de la experiencia: el movimiento, la causalidad, la contingencia, el orden del mundo o la experiencia moral.
  • El argumento a priori, que pretende alcanzar la existencia de Dios antes de cualquier análisis de la experiencia sensible, únicamente mediante la razón y el concepto de Dios.

El argumento ontológico pertenece al segundo grupo. No comienza con la observación de que existen seres contingentes o que el universo presenta un orden, sino con una determinada comprensión de la perfección divina.1

El núcleo de la cuestión consiste en saber si la existencia real forma parte necesariamente del concepto de un ser absolutamente perfecto. Si la respuesta fuera afirmativa, negar la existencia de Dios implicaría una contradicción. Si la existencia no añade perfección alguna al concepto, el razonamiento perdería su fuerza demostrativa.

San Anselmo y el Proslogion

Contexto intelectual y espiritual

San Anselmo de Canterbury nació en Aosta hacia 1033 y desarrolló su actividad intelectual y monástica principalmente en la abadía de Bec, antes de convertirse en arzobispo de Canterbury. Su pensamiento unió la oración, la vida monástica y la investigación racional. El papa Benedicto XVI presentó a san Anselmo como un pensador capaz de armonizar la experiencia mística, la enseñanza teológica, el gobierno eclesial y la defensa de la libertad de la Iglesia.2

La formulación del argumento aparece en el Proslogion, obra redactada en 1078. San Anselmo buscaba un único razonamiento que reuniera y fundamentara los temas desarrollados anteriormente en el Monologion. El propio autor describió su búsqueda como la búsqueda de un único argumento capaz de sostener una meditación completa sobre la esencia divina.3

El Proslogion no constituye un tratado filosófico desligado de la oración. San Anselmo escribe desde la fe y pide comprender racionalmente aquello que cree. La estructura de la obra alterna pasajes de oración con exposiciones argumentativas rigurosas, especialmente en los capítulos dedicados a la existencia y a los atributos de Dios.4

La definición de Dios

San Anselmo parte de una definición:

Dios es aquello mayor que lo cual nada puede pensarse.5

Esta fórmula no pretende describir un ser grande en sentido cuantitativo, como si Dios fuera simplemente el individuo más poderoso dentro de un conjunto de seres. Expresa, más bien, la idea de una realidad que posee la plenitud máxima de perfección y que no puede quedar subordinada a otra realidad superior.

La definición contiene varios elementos:

  • Dios constituye el límite absoluto del pensamiento acerca de la perfección.
  • Nada puede superar a Dios en grandeza, perfección o plenitud.
  • La noción de Dios no equivale a una imagen sensible ni a una representación material.
  • Incluso quien niega la existencia de Dios puede comprender intelectualmente la expresión utilizada para definirlo.

San Anselmo distingue entre dos modos de existencia:

  1. Existir en el entendimiento, como existe una idea comprendida por la mente.
  2. Existir en la realidad, como existe una cosa fuera del entendimiento.

Para explicar esta diferencia, compara la idea de una obra que el pintor concibe antes de realizarla con la obra ya ejecutada. El cuadro existe primero en la mente del artista y después existe también en la realidad.5

Reconstrucción del razonamiento

El argumento puede expresarse en varios pasos:

  1. El ser humano comprende la definición de Dios como aquello mayor que lo cual nada puede pensarse.
  2. Por tanto, Dios existe al menos en el entendimiento.
  3. Puede plantearse la hipótesis de que Dios exista únicamente en el entendimiento.
  4. Pero existir en la realidad resulta mayor que existir solamente en el entendimiento.
  5. Si Dios existiera únicamente en la mente, todavía podría pensarse algo mayor: un ser idéntico a Dios, pero existente también en la realidad.
  6. Esa posibilidad contradice la definición de Dios como aquello mayor que lo cual nada puede pensarse.
  7. Por consiguiente, Dios debe existir tanto en el entendimiento como en la realidad.5

La conclusión no afirma simplemente que una idea intensa o universal produzca automáticamente una existencia real. San Anselmo sostiene que el caso de Dios resulta único porque la definición incluye la perfección absoluta. Una realidad que pudiera existir solamente en el pensamiento no sería la realidad máxima concebible.

La respuesta de Gaunilón

La objeción de la isla perfecta

Un contemporáneo de san Anselmo, el monje Gaunilón de Marmoutier, presentó una objeción conocida como la objeción de la isla perfecta. Su razonamiento adopta la forma de una reducción al absurdo:

  • Podemos concebir una isla extraordinariamente rica, bella y agradable.
  • Podemos imaginar que ninguna isla supera a esa isla en perfección.
  • Si el argumento de san Anselmo fuera válido sin más, habría que concluir que esa isla existe realmente.
  • Pero el hecho de concebir la isla más perfecta no demuestra que exista fuera de la mente.
  • Por analogía, tampoco bastaría concebir a Dios para demostrar su existencia.

La objeción intenta mostrar que el paso desde la perfección concebida hasta la existencia real podría producir conclusiones absurdas. La respuesta anselmiana sostiene que el argumento no puede aplicarse a realidades finitas, como una isla, porque cualquier isla imaginable permanece limitada y siempre admite una mejora ulterior. La definición de Dios, por el contrario, apunta a una realidad estrictamente infinita y absolutamente perfecta.6

La respuesta de san Anselmo

San Anselmo respondió que una isla, por rica y perfecta que parezca, no posee una medida inteligible de perfección absoluta. Podemos añadirle más belleza, extensión, fertilidad o riqueza. La idea de una isla máxima carece de la estabilidad conceptual necesaria para fundamentar una existencia necesaria.

Dios pertenece a un orden distinto. No representa un objeto finito al que podamos atribuir indefinidamente nuevas cualidades, sino la plenitud de todo ser y de toda perfección. El argumento pretende funcionar únicamente cuando el concepto analizado implica una perfección que no admite superior.

Este punto resulta decisivo, aunque no resuelve por sí mismo todas las dificultades. El crítico puede preguntar si la mente humana posee realmente un concepto adecuado de lo infinito y si la definición de Dios resulta coherente antes de demostrar que existe. La propia tradición filosófica católica ha considerado esta cuestión como el principal punto vulnerable del argumento.6

La crítica de santo Tomás de Aquino

Santo Tomás de Aquino rechazó la forma anselmiana del argumento como demostración inmediata de la existencia de Dios. Su crítica parte de una distinción entre:

  • Lo que Dios es en sí mismo.
  • Lo que Dios es para nosotros, según el modo limitado en que la inteligencia humana conoce.

En Dios, esencia y existencia se identifican: Dios no recibe el ser de otro ni depende de una causa. En cambio, la inteligencia humana no contempla directamente la esencia divina. Conoce primero las realidades creadas y asciende desde sus efectos hacia su causa.

Por ello, aunque la existencia de Dios resulte necesaria en sí misma, no queda necesariamente incluida de forma evidente en el concepto que el ser humano posee de Dios. La mente humana puede comprender la expresión «ser absolutamente perfecto» sin captar de manera inmediata la esencia divina. El conocimiento de que Dios existe requiere, para nosotros, un recorrido racional.

La crítica tomista puede formularse así:

  1. La definición de Dios afirma que Dios es el ser supremo.
  2. El entendimiento humano puede comprender esa definición.
  3. Sin embargo, comprender una definición no equivale a conocer que la realidad definida existe.
  4. La existencia no siempre forma parte de la comprensión explícita de una esencia.
  5. Por tanto, el paso desde el concepto de Dios hasta su existencia real no resulta evidente para la inteligencia humana.
  6. La razón debe partir de los efectos creados y remontarse hasta Dios como causa primera.

La tradición escolástica mayoritaria rechazó el argumento ontológico en su formulación anselmiana, aunque reconoció la legitimidad de buscar una demostración racional de la existencia de Dios.7

La distinción entre esencia y existencia

El debate depende en gran medida de la diferencia entre esencia y existencia.

La esencia responde a la pregunta: ¿qué es una cosa? La existencia responde a la pregunta: ¿existe realmente?

Podemos comprender la esencia de una criatura sin saber si existe. Una persona puede entender qué significa «un caballo alado» sin encontrar ningún caballo alado en la realidad. La definición proporciona un contenido inteligible, pero no garantiza la existencia de aquello que define.

En Dios, la situación es metafísicamente distinta. Dios no posee el ser como una propiedad recibida, sino que es el mismo Ser subsistente. Dios existe necesariamente y no puede dejar de existir. Sin embargo, la inteligencia creada no capta directamente esta identidad entre esencia y existencia. La necesidad propia de la existencia divina no equivale automáticamente a una evidencia psicológica o conceptual para el entendimiento humano.

La tradición católica diferencia así entre:

  • Necesidad ontológica, propia de Dios, que existe necesariamente.
  • Necesidad lógica o conceptual, que dependería de que la definición de Dios obligara por sí sola a aceptar su existencia.
  • Necesidad epistemológica, relativa al modo en que el ser humano puede conocer racionalmente que Dios existe.

La primera pertenece a la realidad divina. La segunda y la tercera requieren un análisis mucho más cuidadoso.

La reformulación de Descartes

René Descartes recuperó el argumento ontológico en la filosofía moderna. En su pensamiento, Dios aparece como un ser perfecto e infinito. La existencia pertenece necesariamente a la naturaleza divina porque un ser absolutamente perfecto no podría carecer de una perfección tan fundamental como la existencia.

Descartes compara esta relación con la conexión necesaria entre una figura geométrica y sus propiedades. Del mismo modo que determinadas propiedades pertenecen necesariamente a la esencia de un triángulo, la existencia pertenecería necesariamente a la esencia de Dios. Descartes sostiene que comprende con claridad y distinción que la existencia actual y eterna pertenece a la naturaleza divina.8

El razonamiento cartesiano puede resumirse así:

  • Poseemos la idea de un ser infinito y absolutamente perfecto.
  • La existencia constituye una perfección.
  • Un ser que careciera de existencia no sería absolutamente perfecto.
  • Por tanto, la existencia pertenece necesariamente a la idea adecuada de Dios.
  • Dios existe.

Descartes añade otro argumento relacionado: una mente finita y limitada no podría ser la causa suficiente de la idea de un ser infinito y perfecto. La realidad objetiva de esa idea exigiría una causa proporcionada, es decir, Dios. Este segundo razonamiento ya no coincide plenamente con el argumento ontológico, pues introduce una consideración causal sobre el origen de la idea de Dios.8

Leibniz y la posibilidad de Dios

Gottfried Wilhelm Leibniz intentó perfeccionar el argumento cartesiano. Su aportación principal consistió en insistir en que el argumento sólo puede funcionar si la idea de Dios resulta posible, es decir, si no contiene contradicción interna.

El razonamiento de Leibniz adopta esta forma:

  1. Dios es el ser que posee todas las perfecciones.
  2. Si las perfecciones son compatibles entre sí, entonces la idea de Dios es posible.
  3. Si Dios es posible y su existencia resulta necesaria, Dios existe.
  4. Por tanto, la cuestión decisiva consiste en demostrar la coherencia de las perfecciones divinas.

Esta reformulación evita una objeción superficial: no basta definir algo como absolutamente perfecto si la definición resulta contradictoria. Una definición incoherente no puede producir una realidad, aunque la acompañemos con el término «necesario».

Sin embargo, la posibilidad de Dios tampoco queda demostrada simplemente mediante una enumeración de perfecciones. El crítico puede preguntar si atributos como omnipotencia, inmutabilidad, libertad, conocimiento infalible y bondad absoluta pueden coexistir sin contradicción. La teología católica responde mediante el análisis de la analogía, la simplicidad divina y la relación entre los atributos, pero ese análisis supera el contenido estricto del argumento ontológico.

Kant y la crítica de la existencia como predicado

Immanuel Kant formuló una de las críticas más influyentes contra el argumento ontológico. Según Kant, la existencia no constituye una perfección o propiedad que pueda añadirse al concepto de una cosa.

Cien monedas reales no contienen, en su concepto, más monedas que cien monedas meramente posibles. La diferencia entre ambas no reside en el contenido conceptual, sino en que unas existen efectivamente y las otras no. Por tanto, añadir «existente» a la definición de un ser no amplía el concepto del mismo modo que añadir una cualidad, una magnitud o una capacidad.

Aplicada a Dios, la crítica kantiana sostiene que:

  • El concepto de un ser absolutamente perfecto puede incluir todas las perfecciones concebibles.
  • Pero la existencia no funciona como una perfección más.
  • No podemos pasar del concepto de Dios a su existencia real sólo porque consideremos la existencia una propiedad necesaria.
  • La negación de la existencia de Dios no produce una contradicción formal en el concepto, sino que niega que exista en la realidad algo que corresponde a ese concepto.

La crítica de Kant obligó a distinguir con mayor precisión entre el contenido de una idea y la posición de su objeto en la realidad. La exposición contemporánea de la controversia presenta la objeción kantiana en términos semejantes: la existencia real no constituye una característica añadida al concepto de una cosa.1

Hegel y la tradición idealista

Georg Wilhelm Friedrich Hegel concedió al argumento ontológico una importancia central dentro de su filosofía. Para Hegel, la separación radical entre pensamiento y realidad resulta insostenible. El pensamiento verdadero no constituye una mera representación subjetiva, sino que expresa la estructura racional de lo real.

Desde esta perspectiva, la idea de Dios como realidad absoluta no permanece encerrada en la mente. La plenitud del concepto exige su realización. Hegel interpreta la transición desde el concepto hasta la existencia dentro de una metafísica en la que lo racional y lo real mantienen una unidad profunda.

La filosofía idealista recuperó así la intuición fundamental del argumento: el ser absoluto no puede entenderse como una posibilidad indiferente, semejante a la posibilidad de cualquier objeto finito. La realidad absoluta reclama existencia.

No obstante, la interpretación hegeliana transforma el argumento anselmiano. Ya no depende únicamente de la comparación entre existir en el entendimiento y existir en la realidad, sino de una teoría general sobre la relación entre concepto, ser y realidad.

Modalizaciones contemporáneas

La filosofía de la religión contemporánea ha formulado nuevas versiones del argumento ontológico utilizando la lógica modal, es decir, una lógica que distingue entre lo posible, lo necesario y lo contingente.

Una forma simplificada del razonamiento afirma:

  1. Es posible que exista un ser máximamente grande.
  2. Un ser máximamente grande posee existencia necesaria.
  3. Si un ser necesario es posible, entonces existe en algún mundo posible.
  4. Si existe necesariamente en algún mundo posible, existe necesariamente en todo mundo posible.
  5. Por tanto, existe en la realidad.

Esta formulación intenta evitar la idea de que la existencia sea simplemente una propiedad ordinaria. En lugar de afirmar que la existencia añade una perfección, afirma que la grandeza máxima incluye la existencia necesaria.

El debate contemporáneo no gira únicamente en torno a la validez formal de las inferencias. También examina las premisas iniciales:

  • ¿Resulta realmente posible un ser máximamente grande?
  • ¿Puede definirse sin contradicción la grandeza máxima?
  • ¿La posibilidad de una entidad necesaria equivale a su posibilidad real?
  • ¿La estructura lógica utilizada representa adecuadamente la metafísica del ser?

El argumento puede ser formalmente válido y, sin embargo, resultar discutible si las premisas no poseen una justificación independiente.

Argumento ontológico y ontologismo

El argumento ontológico no debe confundirse con el ontologismo.

Diferencia fundamental

El argumento ontológico constituye una demostración filosófica que parte del concepto de Dios. El ontologismo, en cambio, sostiene que la mente humana posee una intuición inmediata y directa de Dios o del ser divino.

El ontologismo afirma, en sus formas históricas, que Dios constituye el objeto primero e inmediato del conocimiento humano. Según esta perspectiva, la inteligencia conoce primero el ser infinito y sólo después alcanza los seres finitos.

La doctrina católica distingue esta tesis del conocimiento racional indirecto de Dios. La inteligencia humana puede formar una idea de lo infinito a partir del conocimiento de lo finito, mediante la abstracción, la eliminación de los límites y la elevación intelectual hacia la plenitud de la perfección. Esta idea no equivale a una intuición inmediata de Dios.9

Condena del ontologismo

La Iglesia ha rechazado las doctrinas que atribuyen al entendimiento humano una visión natural e inmediata de Dios. El Concilio de Vienne condenó la doctrina de ciertos grupos medievales que sostenían que la inteligencia natural podía ver a Dios. En el siglo XIX, el Santo Oficio declaró que varias proposiciones ontologistas no podían transmitirse con seguridad, especialmente aquellas relativas al conocimiento innato y directo de Dios. Posteriormente, la autoridad eclesiástica condenó proposiciones de Antonio Rosmini relacionadas con principios ontologistas.9

La razón de fondo consiste en distinguir entre:

  • El conocimiento natural de Dios mediante las criaturas.
  • La visión beatífica, que contempla a Dios cara a cara.
  • Una supuesta intuición natural inmediata de la esencia divina.

La Iglesia enseña que la visión directa de Dios supera las capacidades naturales del entendimiento creado y requiere la especial elevación sobrenatural que la tradición denomina luz de la gloria.6

La posición del Magisterio católico

La capacidad natural de la razón

El Concilio Vaticano I enseñó que Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser conocido con certeza mediante la luz natural de la razón a partir de las cosas creadas. El concilio fundamentó esta enseñanza en la afirmación de san Pablo acerca de la posibilidad de conocer lo invisible de Dios por medio de las criaturas.10

Esta doctrina contiene dos afirmaciones relacionadas:

  • La razón humana posee capacidad real para conocer que Dios existe.
  • La revelación sobrenatural no constituye la única vía racionalmente legítima para alcanzar esa certeza.

El Concilio Vaticano I no definió que el argumento ontológico de san Anselmo fuera la demostración obligatoria de la existencia de Dios. Durante los debates conciliares, algunos padres propusieron incluir expresamente los argumentos metafísicos, cosmológicos y morales. La comisión doctrinal rechazó esa enumeración porque la fórmula final debía afirmar la capacidad de la razón sin convertir una clasificación concreta de argumentos en una definición dogmática. El portavoz de la comisión explicó que la doctrina conciliar favorecía esos argumentos y no los excluía, incluido el argumento metafísico, pero tampoco pretendía resolver el juicio filosófico sobre el argumento anselmiano.11

La razón y la revelación

La fe católica no identifica la demostración filosófica de la existencia de Dios con la fe teologal. La razón puede conocer que Dios existe; la fe recibe, en cambio, la revelación de Dios y acepta sus misterios por la autoridad divina.

La razón alcanza una verdad fundamental: Dios existe como principio y fin de todas las cosas. La revelación permite conocer, además, la vida íntima de Dios, la Trinidad, la encarnación del Verbo y el designio salvador. Ninguna demostración filosófica puede descubrir por sí sola esos misterios sobrenaturales.

La teología católica también rechaza el agnosticismo radical que declara a Dios totalmente incognoscible. El conocimiento natural de Dios resulta necesario como fundamento racional de la revelación: si la razón no pudiera conocer nada acerca de Dios, tampoco podría reconocer racionalmente que una revelación procede de Él.6

Valor filosófico del argumento

Aportaciones

El argumento ontológico ha aportado varias intuiciones duraderas a la filosofía y a la teología:

  • Ha mostrado que la cuestión de Dios no depende únicamente de la observación empírica.
  • Ha obligado a analizar la relación entre pensamiento y realidad.
  • Ha puesto en primer plano la diferencia entre lo contingente y lo necesario.
  • Ha explorado el significado de la perfección absoluta.
  • Ha contribuido al desarrollo de la metafísica medieval y moderna.
  • Ha planteado con precisión el problema de si la existencia pertenece a la esencia divina.

El argumento también manifiesta la confianza cristiana en que la fe no teme el examen racional. San Anselmo no contrapone creer y comprender. Su programa puede resumirse mediante la expresión fe que busca entender: la fe constituye el punto de partida espiritual de una investigación que busca penetrar racionalmente en el contenido creído.2

Límites

El principal límite del argumento aparece en el salto desde una definición conceptual hasta una afirmación existencial. El hecho de que la mente pueda comprender una descripción no demuestra automáticamente que exista una realidad correspondiente.

También plantea dificultades la idea de que «existir en la realidad» sea siempre mayor que «existir en el entendimiento». En el caso de un objeto finito, la existencia no parece una perfección que pueda añadirse a la definición. Kant convirtió esta objeción en una crítica general contra el argumento.

Otro límite afecta al concepto de infinito. La mente humana puede formar una noción de infinito por abstracción y negación de los límites, pero esa noción no equivale a una intuición completa de la esencia divina. La tradición católica diferencia las propiedades de nuestras ideas universales -que pueden aplicarse a muchos individuos- de la universalidad absoluta de Dios, que posee en sí mismo la plenitud de todo ser.9

Comparación con los argumentos a posteriori

La tradición católica suele conceder un lugar central a los argumentos que parten de la realidad creada. Estos razonamientos observan que:

  • Existen seres contingentes que no poseen en sí mismos la razón última de su existencia.
  • El movimiento y el cambio exigen una explicación.
  • Las causas eficientes no pueden depender indefinidamente unas de otras sin un fundamento primero.
  • El orden y la inteligibilidad del mundo remiten a una inteligencia ordenadora.
  • Los grados de perfección orientan hacia una plenitud trascendente.

Santo Tomás denominó a estos razonamientos vías, porque constituyen caminos diversos hacia la afirmación de Dios. El punto común consiste en alcanzar a Dios como causa y fundamento último del ser.7

La diferencia metodológica puede resumirse así:

Argumento ontológicoArgumentos a posteriori
Parte del concepto de DiosParten de la experiencia del mundo
Procede a prioriProceden a posteriori
Analiza la perfección y la necesidadAnalizan la causalidad, la contingencia y el orden
No depende directamente de la observación sensibleRequieren considerar la realidad creada
Resulta especialmente discutido por la escolásticaConstituyen la vía preferida por la tradición tomista

El Magisterio exige la posibilidad de conocer racionalmente a Dios mediante las criaturas, pero no impone una única formulación filosófica de ese conocimiento. La teología católica puede reconocer que el argumento ontológico plantea una intuición metafísica profunda y, al mismo tiempo, considerar que los argumentos cosmológicos y metafísicos a partir de la realidad ofrecen una base más sólida para la inteligencia humana.10

Interpretación católica de conjunto

La valoración católica del argumento ontológico requiere evitar dos extremos.

El primer extremo consiste en afirmar que la razón no puede alcanzar ninguna certeza sobre Dios. Esta posición contradice la enseñanza católica sobre la capacidad natural de la inteligencia para conocer al Creador a partir de las criaturas.

El segundo extremo consiste en afirmar que el ser humano posee una intuición inmediata de la esencia divina o que una simple definición convierte automáticamente a Dios en una realidad conocida de manera directa. Esta posición confunde el conocimiento racional indirecto con la visión sobrenatural de Dios y se aproxima al ontologismo condenado.

La posición equilibrada sostiene que:

  • Dios existe necesariamente en sí mismo.
  • La inteligencia humana puede concebir racionalmente la idea de un ser infinito y perfecto.
  • La concepción de esa idea no equivale por sí sola a una intuición inmediata de Dios.
  • El argumento de san Anselmo posee una notable fuerza metafísica y una importancia histórica extraordinaria.
  • La mayoría de los filósofos escolásticos católicos ha rechazado su suficiencia como demostración independiente.
  • La razón puede alcanzar con certeza la existencia de Dios mediante el análisis de las criaturas, de la contingencia, de la causalidad y del orden de la realidad.
  • La fe revela verdades acerca de Dios que superan todo razonamiento filosófico.

Significado teológico de la fórmula anselmiana

La expresión «aquello mayor que lo cual nada puede pensarse» no equivale a una definición exhaustiva de Dios. Ninguna definición humana puede encerrar la realidad infinita de Dios. La fórmula funciona como una orientación intelectual hacia la trascendencia absoluta.

San Anselmo no presenta a Dios como una hipótesis dentro del conjunto de las cosas. Dios no sería el objeto más grande entre objetos semejantes, sino el fundamento de toda perfección y de todo ser creado. La fórmula apunta, por tanto, hacia un ser que no recibe la existencia, que no depende de otro y que posee la plenitud del ser.

Esta perspectiva concuerda con la doctrina clásica de la aseidad divina: Dios existe por sí mismo y no por una causa exterior. Las criaturas, por el contrario, poseen una existencia recibida y dependiente. La inteligencia humana puede reconocer esa dependencia y ascender racionalmente hacia Dios como primer fundamento inteligible.9

Conclusión

El argumento ontológico sobre la existencia de Dios constituye una de las formulaciones más profundas y controvertidas de la metafísica occidental. San Anselmo lo elaboró a partir de la definición de Dios como aquello mayor que lo cual nada puede pensarse y concluyó que tal ser debe existir no sólo en el entendimiento, sino también en la realidad.5

Gaunilón cuestionó el paso de la idea a la realidad mediante el ejemplo de la isla perfecta. Santo Tomás de Aquino rechazó la evidencia inmediata del razonamiento, al distinguir entre la existencia necesaria de Dios en sí mismo y el modo indirecto en que la inteligencia humana conoce a Dios. Descartes y Leibniz reformularon el argumento, mientras Kant negó que la existencia constituya una perfección añadible a un concepto. Hegel lo reinterpretó desde la unidad entre pensamiento y realidad.

La Iglesia católica enseña que Dios puede conocerse con certeza mediante la razón natural a partir de las criaturas, pero no identifica esta doctrina con la aceptación obligatoria del argumento ontológico anselmiano. La razón filosófica puede abrir el camino hacia Dios; la fe, iluminada por la revelación, permite conocerlo como Padre, Hijo y Espíritu Santo y acoger su designio salvador.10

Citas y referencias

  1. Robert Spaemann. Racionalidad y fe en Dios, 13 (2005). 2
  2. San Anselmo, Papa Benedicto XVI. Audiencia general del 23 de septiembre de 2009: San Anselmo, 1 (2009). 2
  3. Anselmo de Canterbury. Obras principales, 8 (1998).
  4. Anselmo de Canterbury. Obras principales, 10 (1998).
  5. II. En verdad hay un dios, aunque el necio ha dicho en su corazón, etc., Anselmo de Canterbury. Proslogion, II (1078). 2 3 4
  6. La existencia de Dios. Catholic Encyclopedia, La existencia de Dios (1913). 2 3 4
  7. Teodicea. Catholic Encyclopedia, Teodicea (1913). 2
  8. René Descartes. Catholic Encyclopedia, René Descartes (1913). 2
  9. Ontologismo. Catholic Encyclopedia, Ontologismo (1913). 2 3 4
  10. La existencia de Dios: ¿Puede demostrarse? , Lawrence Dewan, O.P. La existencia de Dios: ¿Puede demostrarse? , 1 (2012). 2 3
  11. Lawrence Dewan, O.P. La existencia de Dios: ¿Puede demostrarse? , 4 (2012).
Modificado el 11 de agosto de 2026 • FideScore™ 9.69Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicación

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