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Argumento teleológico sobre la existencia de Dios

El argumento teleológico, también llamado argumento de la finalidad, parte del orden, la regularidad y la orientación hacia fines que aparecen en la naturaleza para sostener racionalmente la existencia de una inteligencia ordenadora. En la tradición católica, su formulación clásica corresponde a la quinta vía de santo Tomás de Aquino, aunque hunde sus raíces en la filosofía griega y admite desarrollos contemporáneos relacionados con la cosmología, la biología y la inteligibilidad del universo.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreArgumento teleológico
CategoríaTérmino
DescripciónDemuestra la existencia de Dios al reconocer la finalidad y el diseño implícitos en el cosmos. Razonamiento que parte del orden, la regularidad y la finalidad observados en la naturaleza para inferir la existencia de una inteligencia ordenadora. El argumento teleológico sostiene que los seres naturales, aunque carezcan de conocimiento, actúan de manera regular y dirigida a fines. Esta orientación no se explica plenamente por causas eficientes, por lo que se postula una causa inteligente que dirige la finalidad natural. Su formulación clásica es la quinta vía de Santo Tomás de Aquino, basada en la tradición tomista de las causas finales, y ha sido desarrollada en la filosofía natural y la ciencia contemporánea
ContextoSe origina en la filosofía griega (Platón y Aristóteles) y se sistematiza en la quinta vía de Santo Tomás de Aquino (siglo XIII). Ha recibido interpretaciones modernas vinculadas a la cosmología, la biología evolutiva y la metafísica, manteniéndose como fundamento de la teología natural católica.
ImportanciaEs una de las cinco vías de la teología natural y una herramienta central de la apologética católica.
Importancia EclesialReconocida por la Iglesia como evidencia racional de la existencia de Dios y como base para el diálogo entre fe y ciencia.
InfluenciaHa influido en la filosofía de la religión, la teología natural, el pensamiento apologético y el debate contemporáneo sobre evolución y diseño inteligente.
Interpretación TradicionalEn la tradición tomista, la regularidad y la finalidad de los seres sin conocimiento apuntan a una causa final inteligente, identificada con Dios.
Tema
  • Existencia de Dios
  • Teleología
  • Orden natural
  • Filosofía de la religión
TipoTérmino teológico

Tabla de contenido

Concepto y significado del argumento teleológico

La palabra teleológico procede del griego télos, que significa «fin» o «meta», y lógos, «estudio» o «razón». La teleología estudia, por tanto, la orientación de los seres y procesos hacia determinados fines. En filosofía de la naturaleza, el término designa la doctrina según la cual el mundo presenta orden, dirección y finalidad, y no puede recibir una explicación completa mediante causas eficientes -las causas que producen directamente los acontecimientos- sin considerar también las causas finales.1

La finalidad natural no equivale necesariamente a una intención consciente dentro de cada ser. Una semilla no delibera sobre su crecimiento, ni un órgano elabora intelectualmente su función. Sin embargo, la semilla tiende regularmente a desarrollarse como planta, y el órgano actúa de modo ordenado en beneficio del organismo. La teleología clásica sostiene que esta orientación objetiva hacia fines exige una explicación más profunda que la mera sucesión de acontecimientos.

El argumento teleológico no pregunta únicamente cómo funciona la naturaleza, sino también por qué sus elementos actúan de manera regular, coordinada y apta para producir determinados resultados. La explicación científica de los mecanismos naturales conserva toda su validez, pero la filosofía pregunta por el fundamento último de esos mecanismos y de su orientación.

Distinción entre finalidad y diseño

La expresión «argumento teleológico» engloba razonamientos relacionados, aunque no idénticos. Conviene distinguir entre finalidad natural y diseño inteligente.

Finalidad natural

La finalidad natural consiste en la tendencia intrínseca de un ser a realizar operaciones propias y alcanzar su perfección. El ojo está ordenado al acto de ver; el corazón, a impulsar la sangre; las raíces, a absorber agua y nutrientes; las leyes físicas, a producir regularidades estables en determinadas condiciones.

La finalidad natural no añade una causa eficiente que sustituya a las causas estudiadas por las ciencias. La función de la causa final consiste en explicar la orientación de las causas eficientes hacia resultados determinados. Por ello, la causa eficiente explica que el ojo reciba y transforme la luz, mientras la causa final explica su ordenación al conocimiento sensible mediante la visión. Las causas eficientes y las causas finales no compiten entre sí.1

Diseño o plan inteligente

El argumento del diseño parte de estructuras o relaciones cuya complejidad y coordinación parecen remitir a una inteligencia. En la experiencia ordinaria, una casa, un reloj o una máquina manifiestan una ordenación previa porque sus partes cooperan en función de un resultado. El argumento teleológico aplica analógicamente este principio al orden natural, aunque con una diferencia decisiva: la naturaleza no es un artefacto fabricado desde fuera del mismo modo que un reloj.

La tradición tomista no reduce la quinta vía a la comparación entre el universo y una máquina. Su punto central consiste en que los seres naturales, carentes de conocimiento, actúan regularmente en orden a fines. Esa orientación no procede de una deliberación propia, de modo que exige una causa inteligente que fundamente y dirija la finalidad natural. La distinción resulta esencial porque ciertos intérpretes han tratado como idénticos el argumento de la finalidad y el argumento del diseño, cuando en santo Tomás ocupan centros conceptuales diferentes.2

Antecedentes filosóficos

Platón y el orden del cosmos

Platón relacionó el orden del cosmos con la acción de una inteligencia ordenadora. En el Timeo, el universo aparece como una realidad estructurada y orientada al bien, no como el resultado de una acumulación ciega de elementos. Esta perspectiva influyó en la convicción posterior de que el orden natural posee una dimensión inteligible.

Aristóteles y la causa final

Aristóteles elaboró la doctrina de las cuatro causas: material, formal, eficiente y final. La causa final responde a la pregunta «¿para qué?». Según su filosofía de la naturaleza, los seres naturales actúan de manera regular y alcanzan resultados apropiados, aunque no posean conocimiento intelectual. La bellota se desarrolla hacia el roble y los órganos realizan funciones ordenadas al organismo.

Aristóteles no identificó esta finalidad natural con la creación cristiana. Su concepción del cosmos difería de la doctrina católica de la creación ex nihilo. Sin embargo, proporcionó instrumentos filosóficos que santo Tomás incorporó y transformó dentro de una metafísica de la creación y de la providencia.

La quinta vía de santo Tomás de Aquino

La formulación más conocida del argumento aparece en la Suma teológica:

«Vemos que los seres naturales, que carecen de conocimiento, obran por un fin; esto se manifiesta porque siempre o casi siempre obran del mismo modo para conseguir lo mejor. Por tanto, es evidente que no llegan al fin por casualidad, sino intencionadamente. Ahora bien, lo que carece de conocimiento no tiende a un fin si no lo dirige alguien que conozca y comprenda, como el arquero dirige la flecha. Luego existe un ser inteligente por el cual todas las cosas naturales se ordenan a un fin; y a este ser lo llamamos Dios».3

La estructura del razonamiento contiene varios pasos.

La observación de la regularidad natural

Los seres naturales actúan de manera estable y regular. Las plantas absorben nutrientes según su estructura, los organismos se desarrollan conforme a patrones específicos y los cuerpos físicos obedecen leyes constantes. La regularidad no significa que cada acontecimiento carezca de excepciones o que la naturaleza funcione de manera mecánica y simple. Significa que, en conjunto, los procesos naturales producen resultados determinados con una frecuencia y una estabilidad que hacen posible la ciencia.

La orientación hacia resultados apropiados

La conducta natural no consiste solamente en repetición. Los procesos naturales muestran una direccionalidad: las partes cooperan para constituir organismos, los organismos se integran en ecosistemas y los niveles inferiores de la realidad hacen posibles formas superiores de organización. Las partículas, las interacciones físicas, los átomos, las moléculas y las estructuras orgánicas participan en niveles sucesivos de unidad y cooperación.4

La ausencia de conocimiento intelectual

Muchos seres que actúan en orden a un fin no poseen inteligencia. Una flecha alcanza el blanco, pero no conoce el blanco; la flecha recibe su dirección del arquero. De manera análoga, los seres naturales realizan operaciones ordenadas sin comprender el fin al que se encaminan.

Santo Tomás no pretende afirmar que cada fenómeno natural requiera una intervención extraordinaria de Dios. La naturaleza posee principios y capacidades propias. La tesis sostiene que esas capacidades, precisamente porque actúan de modo ordenado hacia fines, remiten a una inteligencia fundante.

La necesidad de una inteligencia ordenadora

La conclusión de la quinta vía afirma la existencia de una inteligencia que dirige la naturaleza hacia sus fines. Esta inteligencia recibe el nombre de Dios. El argumento no identifica a Dios con una fuerza física ni con un mecanismo oculto dentro del universo. Dios aparece como el fundamento trascendente de la orientación natural y de la unidad ordenada del conjunto.

En la Suma contra los gentiles, santo Tomás formula una línea semejante al afirmar que las realidades diversas y discordantes no pueden constituir de manera habitual un orden común sin el gobierno de alguien que las dirija hacia un fin determinado. La convergencia ordenada de seres de distinta naturaleza exige una providencia.2

Finalidad intrínseca y extrínseca

La tradición filosófica distingue dos dimensiones de la finalidad.

Finalidad intrínseca

La finalidad intrínseca pertenece a la estructura y actividad propia de cada ser. El ojo existe para ver, las raíces para absorber, los pulmones para realizar el intercambio gaseoso y el entendimiento humano para conocer la verdad. Esta finalidad no depende exclusivamente de la utilidad que un observador atribuya al objeto, sino de la organización interna del ser.

Finalidad extrínseca

La finalidad extrínseca aparece cuando un ser contribuye al bien o a la perfección de otro. Las plantas sirven de alimento a los animales, los animales forman parte de sistemas ecológicos y los elementos naturales se integran en una totalidad más amplia. La tradición tomista considera que las criaturas poseen fines propios y, al mismo tiempo, cooperan en el orden del universo. Todo el conjunto se orienta a manifestar la bondad divina, mientras las criaturas racionales pueden dirigirse conscientemente hacia Dios.5

Esta doctrina no autoriza una interpretación antropocéntrica simplista. No todos los acontecimientos existen directamente para la comodidad humana ni conocemos el propósito concreto de cada estructura. La finalidad exige prudencia y respeto por la autonomía relativa de las causas naturales.

El argumento teleológico y la doctrina católica

La razón puede conocer la existencia de Dios

La Iglesia católica enseña que la razón humana puede llegar a conocer a Dios a partir de las criaturas. La afirmación pertenece a la doctrina católica sobre la capacidad natural de la inteligencia humana para remontarse desde el mundo creado hasta su Creador. La encíclica Humani generis recuerda que resulta contrario a la doctrina católica negar que la razón humana pueda demostrar la existencia de un Dios personal a partir de las cosas creadas.6

Esta posibilidad no significa que toda persona alcance la fe mediante un razonamiento idéntico, ni que una demostración filosófica produzca por sí sola la vida sobrenatural. La razón puede reconocer la existencia de Dios; la fe permite acoger la revelación divina y entrar en comunión con Dios.

La creación no equivale únicamente al comienzo temporal

La creación cristiana no designa solo el primer instante del universo. Expresa la relación fundamental por la cual todo ser creado depende de Dios para existir y actuar. Benedicto XVI explicó que la creación sostiene continuamente el desarrollo del mundo y de la vida; no queda reducida al comienzo histórico del cosmos. La criatura mantiene una dependencia radical respecto del Creador.7

Por esta razón, el argumento teleológico no necesita demostrar que el universo comenzó en un momento temporal concreto. Aunque la naturaleza tuviera una historia indefinida, seguiría siendo legítimo preguntar por el fundamento de su existencia, de sus leyes y de su orientación ordenada.

Providencia divina

La finalidad natural encuentra su plenitud teológica en la providencia, es decir, en el gobierno sabio mediante el cual Dios conduce las criaturas hacia sus fines respetando sus causas y operaciones propias. La providencia no elimina la autonomía relativa de la naturaleza ni convierte cada acontecimiento en una intervención milagrosa.

La visión cristiana contempla el universo como un cosmos inteligible. La materia posee estructuras, relaciones y regularidades que permiten al ser humano estudiar la realidad. Benedicto XVI presentó la imagen de la naturaleza como un libro cuya inteligibilidad permite a la mente humana reconocer una lógica interna, aun cuando dentro de la historia cósmica existan caos, destrucción y procesos aparentemente irracionales.7

Relación con las ciencias naturales

Ciencia y metafísica

La ciencia experimental estudia las causas, leyes y condiciones observables de los fenómenos. El argumento teleológico pertenece principalmente a la filosofía de la naturaleza y a la metafísica, porque pregunta por el fundamento último del orden y de la finalidad.

La ciencia puede explicar cómo actúa la selección natural, cómo se transmiten las mutaciones o cómo interactúan las fuerzas físicas. Estas explicaciones no responden por sí solas a la cuestión metafísica de por qué existen leyes naturales, por qué resultan inteligibles o por qué la realidad posee capacidad para producir estructuras ordenadas.

Evolución biológica

La teoría de la evolución explica numerosos procesos de diversificación y adaptación de los seres vivos. Desde una perspectiva católica, aceptar mecanismos evolutivos no obliga a negar la creación ni la providencia. La evolución describe el desarrollo histórico de las formas vivientes; la creación explica la dependencia radical de todo cuanto existe respecto de Dios.

Francisco J. Ayala distinguió entre finalidad natural y finalidad intencional. Admitió que la biología utiliza explicaciones teleológicas para describir funciones y adaptaciones, aunque negó que el proceso evolutivo posea finalidad intencional en el sentido de un plan consciente interno al mecanismo de selección natural.8

Mariano Artigas interpretó esta cuestión mediante la distinción entre niveles de explicación. La selección natural puede explicar la adaptación de los organismos sin eliminar necesariamente la pregunta por la inteligibilidad de la naturaleza y por la existencia de una finalidad más profunda. El azar de las mutaciones y la necesidad de la selección natural pueden describir mecanismos evolutivos, pero no constituyen automáticamente una explicación metafísica completa del ser y del orden natural.8

Azar y necesidad

En el lenguaje científico, «azar» suele designar la ausencia de previsibilidad o la producción de acontecimientos conforme a distribuciones probabilísticas. En metafísica, en cambio, el azar designa la coincidencia accidental de series causales. Ninguno de estos sentidos equivale necesariamente a «ausencia absoluta de orden».

La evolución puede incluir acontecimientos contingentes y, al mismo tiempo, desarrollarse dentro de un universo con leyes estables, condiciones precisas y capacidades estructurales determinadas. La existencia de mecanismos naturales no excluye su dependencia de Dios como causa primera. Las causas naturales actúan como causas segundas, mientras Dios sostiene el ser y la actividad de todas ellas.

Formas contemporáneas del argumento

Orden cósmico

El universo presenta una red de relaciones entre sus componentes. Las leyes físicas permiten la formación de estructuras complejas y la aparición de niveles sucesivos de organización. Las interacciones fundamentales, la materia y la energía cooperan dentro de patrones estables que hacen posible la existencia de estrellas, planetas, organismos y seres racionales.4

El argumento teleológico interpreta esta inteligibilidad como un indicio de racionalidad originaria. No pretende deducir cada atributo divino a partir de una observación aislada, sino mostrar que una inteligencia creadora ofrece una explicación más profunda del orden universal que la mera apelación a hechos brutos.

Complejidad biológica

La organización de los seres vivos constituye uno de los ejemplos más utilizados. Un organismo no es una simple suma de piezas: sus componentes cooperan en una unidad funcional. El ojo, el sistema inmunitario, el material genético y los ecosistemas manifiestan relaciones de interdependencia.

Algunos autores consideran que esa complejidad ofrece un indicio directo de diseño inteligente. Otros sostienen que los mecanismos evolutivos explican suficientemente la aparición de adaptaciones sin invocar una causa inteligente dentro del método biológico. La filosofía católica puede reconocer el valor de las explicaciones científicas y mantener al mismo tiempo que ninguna explicación mecanicista elimina la cuestión metafísica sobre la fuente última del orden.

Ajuste de las condiciones del universo

Algunos razonamientos contemporáneos parten de la aparente adecuación de determinadas condiciones cosmológicas para la existencia de materia compleja y vida. Tales argumentos no forman una prueba independiente y concluyente en todos sus desarrollos. Pueden funcionar como indicios dentro de una consideración más amplia sobre la contingencia, la inteligibilidad y la racionalidad del universo.

La prudencia exige evitar conclusiones exageradas. El argumento teleológico no permite determinar por sí solo la naturaleza completa de Dios, ni resolver automáticamente todos los problemas de la cosmología. Su fuerza reside en mostrar que el orden y la finalidad del universo reclaman una explicación racional que apunta hacia una inteligencia trascendente.

Objeciones principales

«La selección natural elimina la necesidad de Dios»

La selección natural explica la conservación y propagación de variaciones favorables en determinadas condiciones. Sin embargo, explicar un mecanismo no equivale a explicar el fundamento último de la existencia del mecanismo, de las leyes naturales, de la materia, de la vida y de la inteligibilidad del mundo.

La explicación evolutiva puede reemplazar una imagen ingenua según la cual cada especie habría aparecido mediante una intervención inmediata y aislada. No sustituye necesariamente la doctrina metafísica de la creación ni la providencia divina. Benedicto XVI afirmó que la comprensión cristiana de la creación no se opone a la evidencia de las ciencias empíricas y que Dios sostiene continuamente el devenir natural.7

«El orden puede proceder del azar»

El azar puede intervenir en procesos concretos, pero la pregunta teleológica se refiere al marco total en el que esos procesos tienen lugar. La mera acumulación de acontecimientos aleatorios no explica por sí sola la estabilidad de las leyes, la cooperación de los niveles naturales ni la aparición de sistemas ordenados.

La alternativa no consiste siempre en elegir entre «azar absoluto» y «intervención milagrosa». La tradición católica admite causas naturales auténticas y procesos contingentes, pero los integra dentro de una dependencia más profunda respecto de la inteligencia creadora.

«El argumento incurre en antropomorfismo»

La crítica sostiene que los seres humanos proyectan sus propias intenciones sobre la naturaleza. La objeción acierta cuando rechaza atribuciones arbitrarias o infantiles de finalidad: no conviene declarar que cada fenómeno existe directamente para una utilidad humana concreta. La teleología clásica, sin embargo, no depende de imaginar que los animales o las plantas formulen planes conscientes.

La finalidad natural posee un sentido analógico. La inteligencia humana conoce fines de manera reflexiva; los seres naturales tienden a sus fines mediante inclinaciones y estructuras propias. La analogía no identifica ambos modos de finalidad, sino que reconoce una semejanza proporcional.

«La existencia del mal contradice un universo ordenado»

La naturaleza incluye enfermedad, depredación, catástrofes, extinciones y sufrimiento. Estos hechos dificultan cualquier interpretación superficial del orden cósmico. El argumento teleológico no demuestra que el mundo actual sea el mejor mundo posible ni que cada acontecimiento particular resulte inmediatamente comprensible.

La tradición cristiana distingue entre orden natural, pecado, sufrimiento y redención. La existencia del mal plantea un problema teológico propio, pero no destruye automáticamente la evidencia de orden y finalidad. La teología católica sostiene que Dios puede permitir males y orientar incluso realidades dolorosas hacia bienes que la inteligencia humana no alcanza a comprender plenamente.2

Alcance y límites del argumento

El argumento teleológico posee un carácter racional, filosófico y acumulativo. No suele funcionar como una deducción matemática a partir de una sola observación. Su fuerza aumenta cuando la persona considera conjuntamente:

  • la regularidad de las leyes naturales;
  • la cooperación entre las partes y el conjunto;
  • la finalidad intrínseca de los organismos;
  • la inteligibilidad matemática del cosmos;
  • la capacidad de la mente humana para conocer la verdad;
  • la orientación de los seres hacia su propia perfección.

El razonamiento conduce primero a una inteligencia ordenadora. Por sí solo, no demuestra con todos sus atributos al Dios de la revelación cristiana. La infinitud, la simplicidad, la omnipotencia, la Trinidad, la encarnación del Verbo y la gracia pertenecen a un conocimiento más pleno que procede de la metafísica y, sobre todo, de la revelación divina. Una formulación clásica del argumento teleológico considera que la existencia de una mente ordenadora resulta inmediata, mientras que la demostración de su infinitud requiere argumentos metafísicos adicionales.9

El argumento tampoco convierte la fe en una conclusión automática. La fe cristiana no consiste únicamente en admitir que existe una inteligencia creadora, sino en responder libremente a Dios que se revela, llama al ser humano y ofrece la salvación en Jesucristo.

Valor del argumento para la apologética católica

La apologética católica presenta el argumento teleológico como una vía de acceso racional a Dios. Su punto de partida resulta próximo a la experiencia ordinaria: la naturaleza posee orden, los seres actúan de manera regular y la realidad puede ser comprendida por la inteligencia.

Kant consideró el argumento del orden como antiguo, claro y apropiado al sentido común, aunque rechazó concederle una certeza apodíctica. Su crítica muestra que la discusión no depende solo de observar ejemplos naturales, sino también de los presupuestos filosóficos con los que cada pensador interpreta la causalidad, la finalidad y los límites de la razón.10

La tradición tomista responde que la quinta vía no depende de comparar superficialmente el mundo con un objeto fabricado. Parte de la estructura misma de la causalidad natural: los seres que carecen de conocimiento actúan hacia fines, y esta ordenación no puede explicarse adecuadamente sin una inteligencia primera. Desde esta perspectiva, la cuestión no consiste en añadir a la ciencia una hipótesis innecesaria, sino en reconocer el nivel metafísico de una pregunta que la ciencia experimental, por su propio método, no pretende resolver.

Conclusión

El argumento teleológico sostiene que el orden, la regularidad, la cooperación y la finalidad presentes en la naturaleza apuntan hacia una inteligencia trascendente. Su formulación clásica, la quinta vía de santo Tomás de Aquino, parte de la acción ordenada hacia fines de seres que no conocen intelectualmente esos fines y concluye la existencia de Dios como causa inteligente de dicha orientación.

La teoría de la evolución y las ciencias naturales pueden explicar numerosos mecanismos del devenir cósmico y biológico sin entrar en contradicción con la doctrina católica de la creación. La creación no designa únicamente el comienzo temporal del universo, sino la dependencia continua de todo ser respecto de Dios. Por ello, el argumento teleológico no pretende sustituir la investigación científica, sino mostrar que la explicación de los mecanismos naturales no agota la pregunta por su fundamento, su inteligibilidad y su orientación.

Dentro del pensamiento católico, la finalidad natural constituye un signo racional de la providencia divina: el universo no aparece como una realidad carente de sentido, sino como un orden creado que manifiesta, aunque de forma limitada y herida, la sabiduría y la bondad de su Creador.

Citas y referencias

  1. Teleología, . Enciclopedia Católica, Teleología (1913). 2
  2. Mariusz Tabaczek, O.P. Teleología en la teología natural y la teología de la naturaleza: teísmo clásico, panenteísmo orientado a la ciencia y teísmo procesal, 11 (2022). 2 3
  3. Mariusz Tabaczek, O.P. Teleología en la teología natural y la teología de la naturaleza: teísmo clásico, panenteísmo orientado a la ciencia y teísmo procesal, 9 (2022).
  4. Teleología en la teología natural y la teología de la naturaleza: teísmo clásico, panenteísmo orientado a la ciencia y teísmo procesal, Mariusz Tabaczek, O.P. Teleología en la teología natural y la teología de la naturaleza: teísmo clásico, panenteísmo orientado a la ciencia y teísmo procesal, 1 (2022). 2
  5. San Tomás de Aquino: una «naturaleza» de naturalezas, parte de un todo, Charles Morerod, O.P. Un mundo de naturalezas y la presencia de Dios, 5 (2012).
  6. Algunas opiniones falsas que amenazan con socavar los fundamentos de la doctrina católica - De la encíclica, «Humani Generis», 12 de agosto de 1950, Heinrich Joseph Dominicus Denzinger. Las fuentes del dogma católico (Enchiridion Symbolorum), 3890 (1854).
  7. Benedicto XVI. A los participantes del Plenario de la Academia Pontificia de las Ciencias (31 de octubre de 2008), 1 (2008). 2 3
  8. B4.1, M. Artigas. Ciencia, finalidad y existencia de Dios, 26 (1985). 2
  9. La existencia de Dios, . Enciclopedia Católica, La existencia de Dios (1913).
  10. Ciencia, finalidad y existencia de Dios, M. Artigas. Ciencia, finalidad y existencia de Dios, 1 (1985).
Modificado el 11 de agosto de 2026 • FideScore™ 9.63Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicación

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