Flavio Josefo
El historiador judío Flavio Josefo escribió sus obras en el siglo I y menciona a Jesús en relación con la historia de su pueblo. Una de sus referencias aparece en las Antigüedades judías, redactadas en Roma hacia los años 93-94. La tradición textual de ese pasaje ha suscitado debates sobre su redacción exacta, pero la referencia josefiana forma parte del conjunto de testimonios antiguos que vinculan a Jesús con la historia judía del siglo I.
Josefo también alude a Santiago, presentado como hermano de Jesús llamado Cristo, en un contexto relacionado con las autoridades judías. Esta referencia resulta significativa porque no procede de una confesión cristiana y porque sitúa a Jesús dentro de una red de personas y acontecimientos reconocibles para la historia de Judea.
Tácito
El historiador romano Tácito ofrece uno de los testimonios paganos más importantes. Al relatar la persecución de los cristianos durante el reinado de Nerón, explica que el nombre de los cristianos procede de Cristo, ejecutado por orden del procurador Poncio Pilato durante el reinado de Tiberio. Tácito escribe desde una perspectiva hostil al cristianismo, pero precisamente esa hostilidad excluye que su testimonio constituya una simple repetición devocional de la predicación cristiana.
El testimonio de Tácito confirma varios elementos esenciales: la existencia de Cristo, su ejecución bajo Poncio Pilato, la vinculación de Jesús con Judea y la presencia de una comunidad cristiana en Roma durante el siglo I. El autor no pretende elaborar una biografía de Jesús, pero su referencia encaja con el núcleo histórico transmitido por los Evangelios y por la tradición apostólica.
Suetonio
Suetonio, al narrar la expulsión de los judíos de Roma durante el reinado del emperador Claudio, habla de disturbios provocados por una persona llamada «Chrestus». La tradición cristiana y diversos intérpretes han relacionado ese nombre con Cristo, aunque el pasaje admite discusión porque Suetonio podría haber entendido «Chrestus» como una persona presente en Roma o como una confusión administrativa acerca de los conflictos causados por la predicación cristiana. La interpretación más extendida lo vincula con Jesús y con las controversias surgidas entre los judíos romanos a causa de su anuncio.
Aunque el testimonio de Suetonio resulta menos preciso que el de Tácito, confirma la rápida aparición de conflictos públicos relacionados con el movimiento cristiano dentro del Imperio romano.
Plinio el Joven
Plinio el Joven, gobernador de Bitinia, escribió al emperador Trajano entre los años 111 y 113 para consultar cómo debía actuar ante los cristianos. Su carta describe reuniones de los creyentes en un día determinado, antes del amanecer, y afirma que cantaban himnos a Cristo como a un dios.
Este testimonio no aporta información detallada sobre la vida terrena de Jesús, pero confirma varios hechos históricos de gran importancia: a comienzos del siglo II existían comunidades cristianas organizadas, sus miembros rendían culto a Cristo y su presencia alcanzaba regiones alejadas de Judea. El movimiento cristiano no aparece, por tanto, como una invención literaria tardía, sino como una realidad social extendida en pocas décadas.