La arqueología bíblica no se entiende en el vacío. Su valor se aprecia en la medida en que se integra con la exégesis y con la lectura eclesial de la Escritura.
El papel de la crítica y de la investigación histórica
En el debate exegético católico aparece con frecuencia una advertencia: los métodos histórico-críticos pueden ayudar, pero no deben alterar el centro de gravedad de la interpretación. Un texto de J. M. Casciaro, al hablar de la necesidad de una hermenéutica católica, afirma que los métodos histórico-críticos son «auxiliares secundarios aunque utilísimos» y que no modifican sustancialmente la fe.
Según esa perspectiva, su uso sirve para reconstruir «la prehistoria» de libros en su forma escrita definitiva (por ejemplo, a través de formas literarias, fuentes o procedimientos redaccionales), pero «en definitiva, nada de ellos cambia sustancialmente el testimonio de fe del escrito sagrado en su forma definitiva canónica».
Integración con Tradición, Escritura y Magisterio
Casciaro insiste además en que los exégetas católicos deben utilizar esas herramientas con una actitud serena, sabiendo que se trata de ayuda para una mayor penetración racional de la Escritura, sin invertir los valores de la exégesis.
El riesgo denunciado es invertir el orden: concentrar la atención en el dato histórico-crítico de modo que el mensaje teológico quede relegado.
Aparece también el principio hermenéutico: la Biblia no puede captarse e interpretarse cabalmente fuera del seno de la Tradición de la Iglesia.
Por eso, se afirma que, además de la exégesis, deben tenerse en cuenta —en su sentido más amplio— los recursos de la Iglesia: Padres, Doctores, liturgia, catequesis multisecular y, de manera especial, el Magisterio, que propone una exégesis más o menos implícita.
Escritura y Tradición no como sustitución, sino como unidad
La enseñanza doctrinal católica rechaza interpretaciones que se apoyan en la Escritura «dejando aparte» la Tradición, reduciendo la inspiración o la inerrancia a una noción mal entendida. En este sentido, se advierte que hay quienes «apelan a la Sagrada Escritura mientras deliberadamente dejan a un lado la Tradición», limitando indebidamente la fuerza de la inspiración y la inerrancia de los textos históricos.