El arrepentimiento es un don de Dios, una gracia que nos permite reconocer nuestra debilidad y buscar su compasión1. En su esencia, el arrepentimiento implica una conversión del corazón con la que el ser humano responde al llamado de Dios, cambiando la dirección de su vida y volviéndose hacia el Señor2. Este cambio no es una mera emoción, sino un verdadero vuelco del alma3.
Los teólogos católicos definen el arrepentimiento, o contrición, como «dolor del alma y detestación del pecado cometido, con el propósito de no pecar en el futuro»4,5. Esta definición del Concilio de Trento subraya que el arrepentimiento auténtico debe ser tanto un sentimiento (dolor y detestación) como una resolución (propósito de no pecar más)6.
Arrepentimiento en la Escritura
Desde el Antiguo Testamento, la necesidad del arrepentimiento es clara. El profeta Ezequiel declara que Dios no desea la muerte del impío, sino que el impío se aparte de su camino y viva (Ezequiel 33:11)4. Los Salmos expresan el reconocimiento del mal hecho a Dios, la detestación de la iniquidad y el deseo de apartarse del mal para hacer el bien, como se ve en el Salmo 50 (5-14): «Reconozco mi iniquidad… contra ti solo pequé, e hice lo malo ante tus ojos… Aparta tu rostro de mis pecados, y borra todas mis iniquidades. Crea en mí, oh Dios, un corazón puro»4.
En el Nuevo Testamento, Juan el Bautista inició su predicación con la exhortación: «Arrepentíos, porque el reino de los cielos está cerca» (Mateo 3:2)3. Jesús mismo comenzó su vida pública con la misma llamada a la metanoia (Mateo 4:17)7. Los Apóstoles continuaron este mensaje; Pedro, en su primer discurso, instó a los que le escuchaban a «arrepentirse y bautizarse para el perdón de los pecados» (Hechos 2:37-38)8. San Pablo también predicó el arrepentimiento, señalando que «la bondad de Dios te guía al arrepentimiento» (Romanos 2:4)8.
La parábola del hijo pródigo (Lucas 15:11-32) ilustra la esencia del arrepentimiento como un retorno al Padre y la aceptación de su perdón. Muestra que Dios es un Padre amoroso y misericordioso que se regocija en la conversión de los pecadores7.

