El término «Iglesia» (en latín, ecclesia) deriva del griego ekklesia, que significa «convocación» o «asamblea»1. Esta palabra se utilizaba en la Septuaginta, la traducción griega del Antiguo Testamento, para referirse a la qahal hebrea, la asamblea del Pueblo Elegido ante Dios2,1. De manera prominente, se utilizó para describir la asamblea en el Monte Sinaí, donde Israel recibió la Ley y fue establecido como el pueblo santo de Dios1. En este contexto, la ekklesia no era cualquier reunión, sino una asamblea convocada por una autoridad legítima, específicamente por Dios3.
En el Nuevo Testamento, el término ekklesia se traslada a la comunidad de los creyentes en Cristo4. Al llamarse a sí misma «Iglesia», la primera comunidad cristiana se reconocía como heredera de la asamblea del Antiguo Testamento1. La palabra designa la asamblea de aquellos a quienes la Palabra de Dios «convoca» o «reúne» para formar el Pueblo de Dios5.
San Cirilo de Jerusalén señala que el término ekklesia se usa por primera vez en las Escrituras en relación con el Señor que establece a Aarón en el sumo sacerdocio y llama al pueblo a congregarse para escuchar Sus palabras y aprender a temerle6. El Concilio de Trento también enfatiza que, aunque ecclesia podía referirse a cualquier asamblea, en el uso escriturístico común, pasó a designar exclusivamente a la sociedad cristiana y a las asambleas de los fieles7.
