La asamblea litúrgica es fundamentalmente un acto de la Iglesia, donde los fieles, unidos como uno, son los ministros de la liturgia2. No se trata de un acto privado, sino de una celebración comunitaria que expresa la unidad del Cuerpo de Cristo4. La liturgia es el «lugar» privilegiado del encuentro de los cristianos con Dios y con Jesucristo, a quien Él ha enviado5. A través de la liturgia, la acción sacerdotal de Jesucristo en su Misterio Pascual se hace presente y actual5.
En la liturgia terrenal, los fieles participan de un anticipo de la liturgia celestial, la cual se celebra en la Jerusalén celestial hacia donde peregrinamos6. Este concepto subraya la sacralidad de la asamblea, que es el Christus totus, el cuerpo de Cristo en adoración3. El Christus totus se refiere a la profunda unidad entre el cuerpo físico de Cristo crucificado y resucitado, su cuerpo sacramental ofrecido en la Eucaristía, y su cuerpo eclesial que se ofrece a sí mismo3.

