La asamblea parroquial, en su esencia, es una manifestación de la Iglesia como asamblea de cristianos, un solo pueblo y un solo Cuerpo en Cristo1,2. Es un espacio fundamental para la participación en la vida de la Iglesia, haciendo que sea accesible y natural para cada persona y familia3. Estas reuniones, que en algunas de sus formas, como los consejos parroquiales, existen desde la tradición de la Iglesia, se hicieron universales y obligatorias después del Concilio Vaticano II4,5.
El propósito principal de una asamblea parroquial es doble:
Fomentar la comunión y la corresponsabilidad: Las asambleas expresan y promueven la unidad y el sentido de propiedad compartida entre todos los miembros de la comunidad6. Esto es crucial para edificar una «comunión para la misión» y una «misión de comunión»7.
Planificación y evaluación pastoral: Sirven como un foro para la planificación integrada y la evaluación de programas pastorales, contribuyendo a la renovación regular de los mismos8,6. Se busca discernir los desafíos pastorales y buscar juntos los caminos para la misión9.
