Vida cristiana común
El ascetismo no pertenece exclusivamente a monjes, monjas o personas consagradas. La renuncia al pecado, la oración, el dominio de sí y la práctica de la caridad corresponden a la vida cristiana en general. La Iglesia vincula la vida bautismal con una disciplina ascética, motivada por el amor a Jesucristo y el servicio.
Vida consagrada y monástica
En la vida consagrada, el ascetismo adopta una forma comunitaria y estable, ligada a una vocación, una regla de vida y los consejos evangélicos. La pobreza, la obediencia y la castidad expresan una entrega particular a Dios. En la vida monástica, la estabilidad, la sobriedad y la convivencia fraterna forman parte de una disciplina que busca orientar la existencia entera hacia el Evangelio.,
La vida monástica cristiana organizada apareció después de las primeras expresiones de ascetismo entre los cristianos. Por ello, el ascetismo de los primeros siglos no debe identificarse sin más con el monacato posterior, aunque este desarrolló comunitariamente ideales de renuncia presentes en la vida evangélica.
Ascetismo natural y ascetismo cristiano
La disciplina personal no es exclusiva de la religión. Una persona puede imponerse esfuerzos para adquirir virtudes naturales, como la paciencia o la templanza, por razones humanas. La tradición católica distingue ese ejercicio del ascetismo cristiano por su orientación: este último busca seguir a Cristo y responder a Dios, no solo obtener utilidad, prestigio o satisfacción personal.