La creencia en la Asunción de María no se encuentra explícitamente en las Sagradas Escrituras. Las escrituras son «simplemente silenciosas» sobre la muerte de María, lo que llevó a figuras como Epifanio (fallecido en 403) a reconocer que no sabía nada definitivo al respecto,. Sin embargo, la Iglesia Católica siempre ha derivado su conocimiento de este misterio de la Tradición Apostólica.
Primeros Indicios y la Literatura Apócrifa
Los primeros rastros de la creencia en la Asunción de la Virgen se hallan en los relatos apócrifos conocidos como Transitus Mariae, que datan de los siglos II y III. Aunque estas representaciones son populares y a veces romanticizadas, recogen una intuición de fe por parte del Pueblo de Dios, que anhelaba la glorificación del cuerpo de María.
A lo largo de los siglos, hubo un período prolongado de reflexión sobre el destino de María en la otra vida. Esto llevó gradualmente a los fieles a creer en la gloriosa elevación de la Madre de Jesús, en cuerpo y alma, y a la institución de las fiestas litúrgicas de la Dormición y Asunción de María en Oriente.
La Tradición Litúrgica y Patrística
La fiesta de la Dormición de María el 15 de agosto ya estaba establecida en la época del Papa Sergio I (680-701) como una de las cuatro fiestas marianas principales, junto con su natividad, la Anunciación y su Purificación. El emperador Mauricio (582-602) decretó alrededor del año 600 que la koimēsis de María —entendida como ser llevada en cuerpo y alma al trono de Dios— se celebrara el 15 de agosto en todo su imperio,. Papas como Adrián I (772-795) y León IV (845-855) también hicieron referencia a esta fiesta, subrayando que la Virgen María no podía ser retenida por los lazos de la muerte.
Entre los Padres de la Iglesia y teólogos que defendieron esta creencia se encuentran San Juan Damasceno y San Germán de Constantinopla, citados por el Papa Pío XII,. Sus argumentos, y los de otros Padres, se basaron en la Sagrada Escritura como su fundamento último, presentando a la Madre de Dios íntimamente unida a su divino Hijo y compartiendo siempre su destino. Se consideraba «imposible» concebir que aquella que concibió a Cristo, lo dio a luz, lo amamantó y lo sostuvo en sus brazos, pudiera estar separada de Él en cuerpo después de esta vida terrenal.
La Cuestión de la Muerte de María
Un punto de debate en la teología mariana ha sido si María realmente murió antes de su Asunción. La Iglesia no tiene una posición dogmática sobre esta cuestión. Mientras algunos autores eclesiales antiguos, como Quodvultdeus y Primasius, no disocian el papel de María como Madre de Dios de su situación presente, implicando una posible asunción sin muerte, otros, como Epifanio, guardaban silencio o especulaban sobre su muerte.
El Papa Pío XII, al definir el dogma, se mantuvo neutral en la cuestión de la muerte de María. Aunque la redacción de Munificentissimus Deus podría ser ligeramente más favorable a la idea de que María no murió, al hablar de su asunción «en cuerpo y alma» juntos, la definición final no se compromete. La discusión sobre este tema sigue siendo parte de la teología especulativa.