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Ateísmo

El ateísmo comprende diversas posturas que niegan la existencia de Dios o prescinden de la cuestión de Dios. La Iglesia católica lo considera un fenómeno complejo, con raíces intelectuales, culturales, personales y sociales; distingue entre sus distintas formas y reconoce que la conducta de los creyentes puede contribuir a que otras personas rechacen la fe.1

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreAteísmo
CategoríaTérmino
DescripciónFenómeno complejo que niega la existencia de Dios o prescinde de Él. Comprende diversas posturas que niegan la existencia de Dios o prescinden de la cuestión de Dios
ReferenciasCatecismo de la Iglesia Católica, 2124
Contexto HistóricoAbordado por el Concilio Vaticano II en Gaudium et spes (1965) y por Juan Pablo II.
EnseñanzasEl ser humano está llamado a la comunión con Dios y su dignidad está vinculada a esa vocación.
TemaAteísmo explícito, Agnosticismo, Indiferencia religiosa, Ateísmo práctico, Ateísmo sistemático
TipoTérmino teológico

Tabla de contenido

Definición y formas

En sentido estricto, el ateísmo niega que Dios exista. Sin embargo, la palabra también se emplea para describir actitudes diferentes, como la indiferencia ante la cuestión religiosa o determinadas concepciones que consideran imposible o carente de sentido hablar de Dios. Por ello, el Concilio Vaticano II advierte que el término reúne fenómenos diversos y no una única doctrina.1

Entre esas posturas cabe distinguir:

  • Ateísmo explícito: afirma que Dios no existe.
  • Agnosticismo: considera que la razón humana no puede afirmar nada acerca de Dios.
  • Indiferencia religiosa: deja de plantearse la existencia de Dios, por falta de inquietud religiosa o porque la religión parece irrelevante.
  • Ateísmo práctico: organiza la vida como si Dios no existiera, aunque la persona no formule una negación teórica. El Catecismo de la Iglesia Católica incluye aquí el materialismo práctico, que limita las necesidades y aspiraciones humanas a lo temporal.1,2
  • Ateísmo sistemático: presenta la negación de Dios como parte de una visión general del ser humano y de la sociedad. Algunas de sus expresiones entienden que la autonomía humana exige no depender de Dios.3

Estas categorías pueden solaparse: una persona puede sostener una posición teórica y, al mismo tiempo, vivir con indiferencia religiosa; otra puede no negar a Dios, pero considerar que la cuestión no tiene relevancia para su vida.

El ateísmo en la enseñanza católica

La Iglesia entiende que el ser humano está llamado a la comunión con Dios. Según el Vaticano II, la dignidad humana está vinculada a esa vocación y a la posibilidad de reconocer libremente el amor del Creador. El Concilio califica el ateísmo como uno de los problemas importantes de su época, pero pide examinar sus distintas causas y manifestaciones.1

La crítica católica al ateísmo no implica que todas las personas ateas sostengan los mismos argumentos o tengan la misma responsabilidad personal. El Concilio señala que algunas personas rechazan a Dios de manera expresa, mientras que otras nunca llegan a plantearse la cuestión o rechazan una imagen de Dios que no corresponde al Dios del Evangelio. En este último caso, repudiar esa representación no equivale necesariamente a rechazar a Dios tal como lo presenta la fe cristiana.1

El Catecismo describe ciertas formas de ateísmo como concepciones que convierten al ser humano en fin último y único autor de su historia, o que buscan la liberación humana exclusivamente mediante la emancipación económica y social, considerando que la religión obstaculiza ese proceso. La doctrina católica discute esas concepciones, no la legitimidad de trabajar por la libertad, la justicia o mejores condiciones de vida.2,3

Causas y contextos

El Concilio Vaticano II no reduce el ateísmo a una sola causa. Entre sus posibles orígenes menciona la protesta contra el mal y el sufrimiento, la exaltación de determinados valores humanos hasta convertirlos en absolutos, una confianza excesiva en la capacidad explicativa de las ciencias positivas y la preocupación predominante por los asuntos temporales. También contempla el rechazo de doctrinas religiosas erróneas o de una imagen deformada de Dios.1

El problema del mal

El sufrimiento y la injusticia pueden llevar a algunas personas a protestar contra la existencia de Dios o contra la religión. El Concilio reconoce expresamente la protesta contra el mal del mundo como una posible raíz del ateísmo. Por ello, la respuesta católica no puede tratar el sufrimiento como una objeción trivial ni limitarse a una exposición abstracta de argumentos: ha de tomar en serio la experiencia de quien pregunta por qué Dios permite el mal.1

Ciencia y reduccionismo

La Iglesia distingue entre la investigación científica y la pretensión de explicar toda la realidad exclusivamente mediante el método de las ciencias positivas. El Concilio critica esa extrapolación, así como la posición opuesta que niega toda verdad absoluta. Su objeción se dirige a convertir un método particular de conocimiento en una explicación total de la realidad, no a la ciencia en cuanto investigación de la naturaleza.1

Autonomía humana y emancipación social

Algunas formas sistemáticas de ateísmo vinculan la libertad humana con la negación de toda dependencia respecto de Dios. Otras presentan la religión como un obstáculo para la emancipación social, al considerar que la esperanza en una vida futura distrae de la transformación de la sociedad. El Vaticano II describe también el recurso a la presión estatal y a la educación de los jóvenes para promover el ateísmo cuando estas doctrinas alcanzan el poder político.3

Responsabilidad de los creyentes

La enseñanza conciliar no atribuye el origen del ateísmo solo a quienes no creen. El Vaticano II afirma que la conducta de los cristianos puede contribuir a su aparición: la formación insuficiente en la fe, la enseñanza de doctrinas equivocadas y las deficiencias en la vida religiosa, moral o social pueden ocultar, en vez de mostrar, el rostro auténtico de Dios y de la religión.1

Esta autocrítica forma parte del diálogo con las personas no creyentes. Juan Pablo II sostuvo que la fe cristiana debe afrontar con claridad sus dificultades y que ese examen constituye una condición para un diálogo auténtico.4

La Iglesia distingue también entre la evaluación de una postura y el juicio sobre la responsabilidad de cada persona. Gaudium et spes reprueba el cierre voluntario del corazón a Dios, pero describe también situaciones de desconocimiento, indiferencia, protesta y rechazo de imágenes deformadas de la divinidad. Estos matices impiden identificar sin más a toda persona atea con una misma actitud moral.1

Diálogo con las personas ateas

El diálogo cristiano con quienes no creen no exige ocultar las diferencias doctrinales. Supone presentar la fe con claridad y escuchar las objeciones reales, sin atribuir a todas las personas no creyentes las mismas motivaciones. Juan Pablo II relacionó ese diálogo con una fe consciente y madura, capaz de afrontar las dificultades en lugar de eludirlas.4

Desde la perspectiva católica, el testimonio de los creyentes tiene especial importancia. Una vida religiosa, moral y social coherente puede mostrar mejor la relación entre la fe y la dignidad humana; una vida incoherente puede deformar la imagen de Dios que otros reciben. Por eso, el diálogo incluye tanto la exposición de la doctrina cristiana como el examen de la conducta de la propia comunidad creyente.1

Ateísmo e indiferencia religiosa

El ateísmo explícito no es lo mismo que la indiferencia religiosa. Algunas personas niegan a Dios tras una reflexión o una toma de posición; otras no se preguntan por su existencia porque la cuestión no despierta interés en ellas. El Concilio incluye ambas situaciones entre los fenómenos que pueden quedar agrupados bajo el término ateísmo, pero las describe como realidades distintas.1

La indiferencia puede estar relacionada con una cultura muy ocupada en asuntos temporales, sin que esa situación responda necesariamente a una negación filosófica de Dios. En la interpretación católica, esta distinción importa porque una conversación sobre argumentos racionales puede no responder a la experiencia de quien, sencillamente, no encuentra relevante la pregunta religiosa.1

Citas y referencias

  1. Parte I - La Iglesia y la vocación del hombre - Capítulo I - La dignidad de la persona humana, Concilio Vaticano II. Gaudium et Spes, 19 (1965). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13
  2. Capítulo primero Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente, Catecismo de la Iglesia Católica, 2124 (1992). 2
  3. Parte I - La Iglesia y la vocación del hombre - Capítulo I - La dignidad de la persona humana, Concilio Vaticano II. Gaudium et Spes, 20 (1965). 2 3
  4. Papa Juan Pablo II. Audiencia general del 12 de junio de 1985, 1 (1985). 2
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