El principio de audiere se manifiesta de diversas maneras en los procedimientos canónicos, abarcando tanto el ámbito judicial como el administrativo.
En los Procedimientos Judiciales
En los tribunales eclesiásticos, especialmente en los casos de nulidad matrimonial, el principio de audiere es de suma importancia. Se traduce en derechos procesales específicos para todas las partes involucradas:
Derecho a ser escuchado para la formulación de la duda: Las partes tienen el derecho a que se les escuche al momento de establecer el objeto del litigio.
Derecho a conocer los fundamentos del caso: Las partes deben ser informadas sobre los motivos por los cuales se llevará a cabo el juicio.
Derecho a nombrar testigos: Ambas partes pueden proponer sus propios testigos para apoyar su caso.
Derecho a inspeccionar las actas: Las partes y sus abogados tienen el derecho de examinar los documentos y pruebas recogidos en la oficina del tribunal que aún no les son conocidos. Este derecho es tan fundamental que su negación puede llevar a la nulidad del proceso. Aunque el juez puede decidir que algunos actos no se muestren para evitar peligros muy graves en casos que conciernen al bien público, el derecho de defensa debe permanecer «completamente intacto».
Derecho a conocer y rebatir los argumentos: Las partes tienen el derecho a conocer y refutar los argumentos de la parte contraria y del defensor del vínculo. Este es el corazón del contradictorio,.
Derecho a recibir una copia de la sentencia final: Para garantizar el derecho de defensa en caso de apelación, las partes deben recibir una copia de la sentencia, que debe incluir las razones de hecho y de derecho en las que se basa,.
Incluso si una de las partes renuncia a ejercer su derecho de defensa en un caso matrimonial, el juez tiene el «grave deber» de hacer un esfuerzo serio para obtener su declaración judicial y la de los posibles testigos, ofreciendo información oportuna sobre los casos de nulidad matrimonial y buscando pacientemente su cooperación.
En los Procedimientos Administrativos
El principio de audiere también se extiende a los procedimientos administrativos dentro de la Iglesia. Antes de emitir un decreto singular, la autoridad eclesiástica debe buscar la información y las pruebas necesarias y, en la medida de lo posible, escuchar a aquellos cuyos derechos puedan ser lesionados. Esto subraya que la justicia no es solo una preocupación de los tribunales, sino una obligación para todas las autoridades eclesiásticas en sus decisiones cotidianas.