Augusto Hortal se presenta en el panorama intelectual y eclesial como un pensador de mediaciones, especializado en traducir los grandes principios de la moral teológica y la filosofía clásica a las realidades complejas del mundo laboral, político y económico.
En el ámbito académico, su enfoque no se limita a la especulación teórica, sino que pretende activar una praxis coherente en el profesional: discernimiento en la toma de decisiones, compromiso con el bien de los usuarios y responsabilidad social frente a las estructuras de injusticia.
Una propuesta para profesionales en un mundo plural
Aunque sus planteamientos nacen de una profunda raíz cristiana, Hortal subraya que la ética profesional no es un código exclusivo para creyentes, sino una plataforma de diálogo ético racional en una sociedad democrática y pluralista.
Del mismo modo, en la presentación general de su pensamiento se afirma que su modelo metodológico es útil:
